30/01/2026
Hablemos de Ximena, una adolescente de 13 años…
Primeramente, entra su madre a consulta refiriendo que su hija es grosera, difícil y desafiante.
Mientras indago sobre la dinámica familiar, la madre comienza (casi sin darse cuenta) a escucharse con mayor atención y consciencia, dentro del contexto en el que ha crecido su hija y de lo que ella misma le está exigiendo.
Su madre refiere: "La relación con su papá es complicada. Su papá toma mucho y es violento. Yo siempre la he cuidado, he estado para ella, aunque casi no platicamos. Parece que siempre está enojada. Es una adolescente que problema puede tener.”
Al entrar Ximena, refiere con llanto reprimido:
“No sé qué hago aquí. No sé qué espera de mí. Solo quiero estar en casa.”
Habla de la escuela como un espacio que le cuesta mucho, de sentirse molesta, cansada. Dice que su mamá espera que llegue a casa feliz, pero que ella solo necesita estar sola, en silencio.
Explica que cuando llega su papá, casi siempre hay un pleito seguro, y que muchas noches no logra dormir.
Mientras la escucho, le digo que muchas veces el enojo es la única forma que tiene el cuerpo de pedir silencio.
Cuando digo eso, Ximena baja la mirada y le saleuna lágrima, y no responde nada.
Le pregunto si ha podido hablar de esto con alguien.
“No”, dice. “No confío en ningún adulto.”
En ese momento, Ximena no parecía una adolescente desafiante, sino una niña profundamente agotada, intentando sobrevivir a un entorno que la rebasa.
A veces los adolescentes no necesitan límites nuevos, sino adultos que no les pidan cargar lo que no les corresponde.
Recuerden que esta es mi nueva sección "Relatos de psicoterapia" es ficción. No corresponde a ningún consultante real. Esto viene de mi escucha y creatividad clínica.
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