27/03/2026
La obediencia ciega, el someter la voluntad del niño sin razón ni justicia, crea adultos dóciles y sumisos, incapaces de cuestionar la autoridad o resistirse a fuerzas opresoras, regímenes autoritarios o "fuerzas ciegas" (políticas, sociales o económicas).
Para Montessori, la verdadera educación fomenta la libertad y la razón.
Cuando, cual dictadores, obligamos a un niño a obedecer por puro miedo o jerarquía, sin que comprenda el porqué, atrofiamos su capacidad de pensamiento crítico.
La obediencia, pues, no debe ser un acto de sumisión forzada, sino una capacidad que se desarrolla de forma natural a medida que el niño fortalece su voluntad y su autodisciplina.
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