03/01/2026
❤️ Nada es casualidad. No es casualidad que este 31 de diciembre la pasé sola en casa, llorando de dolor.
“Nada es casualidad”, hace mucho que creo en esta afirmación, y aún así, no dejo de sorprenderme cada que la vida me lo demuestra una vez más.
El plan estaba hecho para la celebración de fin de año: yo compartiría el momento con mis padres y hermanos en casa de mis padres. Mis hijos con sus respectivas parejas fuera de la ciudad. Todo perfecto, todo estaba bien. Y no fue así… para mí.
Una molestia que empezó días atrás como algo pequeño, fue creciendo hasta tornarse insoportable esa mañana. El cuerpo me gritó atención. Justo el 31 de diciembre, el fin de un año para dar inicio a otro más.
En esos momentos de dolor, pensaba que el dolor físico era peor que el dolor emocional. Siempre había creído lo contrario. Entendí que lo decía por ignorancia: la vida ciertamente nunca me había presentado, hasta ese día, verdadero dolor físico. Bueno, sí. Las contracciones en mis partos, pero hacía ya mucho tiempo. En las últimas décadas de mi vida, sólo había experimentado dolor emocional. Ahora sé que ambos tipos de dolor pueden ser muy intensos y desafiantes.
Esa mañana, el primero de los desafíos era encontrar cita con mi médico. No lo logré, no estaba disponible, su agenda digital en Doctoralia me ofrecía cita a finales de enero. Seguí buscando sin éxito, hasta dar con una doctora que aceptó atenderme ese mismo día al medio día.
Resultó ser una persona que yo conocía de tiempo atrás. Una excelente médico que solía invitar a mis programas de TV cuando trabajaba en Televisa.
La reconocí de inmediato al abrirme la puerta de su consultorio. No ha cambiado nada. Ella me reconoció por mi nombre al momento de pedirlo para agendar la cita. De no ser por mi nombre, creo no me habría reconocido al verme.
Asistí a la consulta en pans, sin maquillaje, peinada “al ahí se va”, con ánimo apagado. Nada que ver con la conductora energética, entaconada, vestida a la moda, maquillada y bien peinada que ella conoció. Ni rastros de aquella que fui.
Si ya de por sí, me queda muy poco de la imagen de mi anterior profesión, ese día, nada. El caso es, que había conseguido quien me atendiera, y desde allí empezó mi alivio. Sabía que estaba en buenas manos.
Al día de hoy, el dolor persiste. No ha cesado del todo. Lo que ha mejorado es mi actitud.
En cambio, en esos momentos de dolor pensaba en morir. Recordé a “Fender”, el compañero inseparable de mi pareja, que recientemente su veterinario le recomendó “dormir” para evitarle más sufrimiento.
Allí estaba yo, deseando que también alguien llegara por mí y me llevara “a dormir”.
Pasó además por mi mente un pensamiento que creía fuera de mi vocabulario, el ¿Por qué a mí?. Aunque mi respuesta me parece fue la correcta: ¿y, por qué a mí no, si a mucha gente le pasa y hasta le pasan cosas peores?.
Sin duda, la vida quería decirme algo, ¿no es esto lo que exploro con mis pacientes?, entonces apareció el ¿Para qué? ¿Para qué me está ocurriendo esto? ¿Dónde está el regalo? ¿Qué tengo qué aprender?.
No tuve respuesta ese día. Las respuestas empezaron a llegar al día siguiente. Algo de claridad el día primero de enero, y al día de hoy, más.
Comprendo que soy más frágil de lo que suponía.
Comprendo que es muy fácil hablar de felicidad, alegría, entusiasmo y amor a la vida, cuando la vida te sonríe.
Creí que la mayor enseñanza que me había dejado el 2025 era el desapego, el aprender a soltar y confiar en Dios, tener fe. Pero no, tan generoso conmigo el 2025 que se guardó otra joya para entregarme hasta el último día.
Si hubo un tema que promoví arduamente durante el 2025, fue el tema del AMOR.
En mis conversaciones, en la consulta con mis pacientes, en mis escritos, y, hasta impartí pláticas y talleres con el título “La fuerza del Amor”.
Ahora caigo. La vida me ha presentado la mayor prueba de amor: “Amar hasta que duela”, como decía la madre Teresa de Calcuta.
Antes no comprendía esa frase, tal vez, porque la asociaba al terreno del amor en pareja, y, no. No estaba de acuerdo en que el amor tenía que doler.
Aunque, viendo bien, en ese tipo de relaciones abusivas no hay amor, hay codependencia. Lo que alimenta esas relaciones es el miedo, no el amor.
Es verdad que, el verdadero amor conlleva de manera intrínseca dolor. ¿No es dolor lo que sentimos al ver sufrir a las personas que amamos? ¿Podemos permanecer indiferentes ante su dolor? ¿Si está en nuestras manos evitarles el dolor, se los evitamos? ¡Claro que lo hacemos! ¿Por qué? ¡Porque amamos y nos duele! Porque el verdadero amor, duele.
¿No fue dolor lo que vivió Jesús crucificado? ¿Por qué? ¡Porque él era amor!. Pasión significa Amor + dolor. Sólo lo que realmente nos importa nos requerirá esfuerzo, dedicación, sudor, lágrimas, perseverancia, valentía, entrega…
También me hace verdadero sentido la frase de Jesús “Amad a vuestros enemigos, rezad por los que os persiguen”. Antes pensaba: ~ ¿Cuáles enemigos?, no tengo enemigos ~. ¡Claro que los tengo! ¡Los tenemos todos y los hemos tenido desde casi siempre! ¡Nuestros pensamientos son nuestros enemigos! Justo la materia prima de mi profesión, la psicología.
“No es lo que sucede lo que nos afecta, sino, cómo interpretamos lo que nos sucede” es la premisa de la psicología cognitivo conductual que practico.
Pues aquí estoy, este día 3, del recién nacidito 2026, reflexionando y compartiendo mis reflexiones. El dolor no ha cedido del todo, persiste. Estoy siguiendo el tratamiento que mi médico recomendó, incluyendo -“se paciente”-, porque esto tardará en sanar del todo. Lo bueno es, que no me impide trabajar ni continuar con mi vida normal.
No cabe duda, cuando la soberbia se asoma con un pensamiento del tipo “creo que ya lo sé todo”, la vida manda un nuevo desafío para taparte la boca y decirte: -calla, ve, escucha, siente- brindando amorosamente la oportunidad de seguir avanzando.
Así veo mi padecimiento ahora: como una oportunidad para subir de nivel en el juego de la vida.
Esto me sirve para:
- Escuchar y prestar atención al cuerpo.
- Empatizar más con el que sufre.
- Amar la vida tal cual es, con salud y con enfermedad, con abundancia y con carencia, con alegrías y con tristezas.
Amarla aunque a veces duela. Que tampoco se trata de ser masoquistas, sino de afrontar y no negar.
“Amar hasta que duela” o “Amar aunque duela“. Sólo así es verdadero AMOR.
Amar sólo lo bonito, cualquiera puede hacerlo… amar también lo feo, no.
¡Bienvenido 2026! Hagamos camino juntos ❤️
Maribel Leyva psicóloga