16/12/2025
Cortometrajes que visibilizan el trabajo de las académicas
Por Redacción Nota Antropológica
En un entorno donde las ciencias sociales enfrentan cuestionamientos y el trabajo académico se vuelve cada vez más invisible, un grupo de investigadoras argentinas decidió cambiar la forma de comunicar lo que estudian. Rocío Deza, Florencia Luz Valese, Gloria D'Alessio, Paula Man, Miranda Hochman, Sofía Bensadon y Victoria Sanguineti, integrantes de La Cocina de la Investigación, utilizaron el lenguaje audiovisual para contar una realidad que a menudo queda confinada a los artículos científicos: las desigualdades y violencias que viven las mujeres académicas en América Latina.
El proyecto nace de una colaboración con el estudio Mujeres y Academia, que analiza las trayectorias de científicas sociales en Chile, Argentina, Brasil y México. En lugar de limitarse a escribir informes, el equipo optó por producir tres cortometrajes. Estos videos no son simples adaptaciones. Representan un ejercicio de transposición, un proceso creativo que reinventa los materiales escritos para construir nuevas narrativas visuales y sonoras.
Una restricción ética marcó su rumbo creativo ya que no se podían mostrar rostros para proteger la identidad de las participantes. Esta limitación se convirtió en una oportunidad, así que las realizadoras centraron la mirada en las manos de las protagonistas, en los objetos que usan, en los gestos cotidianos. Manos que escriben fichas, que bordan fotografías de archivo, que conectan con hilos los testimonios de violencia. Las manos, anónimas, permiten que cualquier mujer se reconozca en la historia.
El universo visual se construye con tres elementos clave. Se utilizaron archivos fotográficos y sonoros que sitúan históricamente las luchas feministas en la región. Se incorporó el textil —telas, bordados, lanas— como referencia a prácticas artesanales tradicionalmente vinculadas al cuidado y la denuncia silenciosa, como las arpilleras chilenas. Se mostraron objetos analógicos de la investigación como cuadernos escritos a mano, corchos con notas, grabadoras. Estos elementos no son decorativos, sino que generan sentido. El bordado sobre una foto, por ejemplo, sugiere lo que la imagen oculta: las tensiones y nudos detrás de una superficie aparentemente ordenada.
Los cortometrajes presentan escenas cotidianas que hablan de lo estructural. Una investigadora envía un correo a colegas de otros países para invitarles a un proyecto colectivo. Tres académicas de distintas generaciones comparten una merienda mientras conversan sobre cómo los contextos históricos moldearon sus carreras. Una joven científica escucha testimonios de violencia de género en su habitación, intentando encontrar palabras para nombrar el dolor. Estas escenas buscan mostrar antes que contar, apelando a la identificación emocional del espectador.
El proceso de producción fue colaborativo. Guionistas, actrices chilenas, artistas y sonidistas participaron en la recreación de los relatos. Durante el rodaje, hubo espacio para la improvisación. Una niña leyó en voz alta frases escritas en pequeños carteles, un momento espontáneo que terminó integrado en el video final. El montaje y la edición completaron la transformación del guión en una pieza audiovisual sensible.
Las reacciones a los videos confirmaron su potencial porque muchas académicas se sintieron retratadas. Personas ajenas a la universidad conectaron con las historias, a menudo a través de recuerdos familiares vinculados al tejido o la escritura manual. Los cortometrajes funcionaron como dispositivos pedagógicos, herramientas de reflexión y puentes entre la investigación especializada y la experiencia común.
Este trabajo se inscribe en un contexto político donde las ciencias sociales son deslegitimadas y desfinanciadas. Frente a narrativas públicas que ridiculizan la investigación crítica, proyectos como este proponen una comunicación científica que no renuncia al rigor, pero que habla desde la afectividad. Reivindican una ciencia pública que se narra a sí misma, que muestra sus procesos, sus vulnerabilidades, su “cocina”.
Este proyecto recuerda algo fundamental que a veces quienes trabajamos en ciencias sociales olvidamos, ya que los formatos académicos están hechos para circular dentro de la academia. Los artículos especializados, con su lenguaje técnico y su estructura formal, cumplen una función dentro de ese ecosistema, pero rara vez atraviesan sus fronteras. La apuesta de La Cocina de la Investigación es un recordatorio de que para que el conocimiento dialogue con la sociedad, necesita migrar a otros lenguajes, a otros formatos, a otros soportes que resuenen con la gente. Es un ejercicio de traducción creativa, similar al que hacemos aquí en Nota Antropológica, donde buscamos narrar lo social sin jerga, con claridad, para que cualquier persona con curiosidad pueda acercarse, comprender y sentirse interpelada. Demuestra que existe un público genuinamente interesado en estos temas, siempre y cuando se le hable de un modo que pueda sentir propio.
¿Crees que la investigación social debe buscar nuevas formas de llegar a la gente, arriesgándose a salir del formato académico tradicional, o consideras que su valor radica precisamente en mantener un lenguaje especializado que preserve su autoridad científica?
Fuente: La Cocina de la Investigación (2025). Ciencias sociales en escena: “la cocina” de los cortometrajes Mujeres y Academia. Etnografías Contemporáneas, 11(21), 238-267.
📸 La cocina de la investigación