02/02/2025
CONTRASTE EXTERNO. La cohesión de una pareja o grupo requiere que esa unidad se contraste con otras similares. En la medida en que esa comparación externa falta es más probable que afloren diferencias internas. Se sugiere una contrastación sana, positiva; por ejemplo, competir en equipo por ser mejores en los aspectos que se consideren relevantes. No competir por ser menos malos, o poner zancadillas para que otros grupos o parejas no se desarrollen, como acostumbran quienes se sienten frustrados por no ser, ya y sin esfuerzo, lo que quisieran.
La identidad de una persona o un grupo requiere pasar por la comparación. Toda autodescripción implica un contraste con otros. Por ejemplo, si a una persona se le pide que se presente ante otro(s) puede decir, por ejemplo: “Soy un estudiante de preparatoria (conoce a personas que no lo son) al que le gusta mucho el futbol (lo mismo), y es un poco distraído en la escuela” (sugiere que la mayoría de sus compañeros no son tan distraídos). Así una pareja, una familia, un grupo o una organización requiere criterios de identidad que lo hagan diferente a otro(s). Si esos criterios de identidad son “favorables” y se hacen patentes, la autoestima se eleva, la identidad se consolida; sin son “desfavorables” sucede lo contrario. Puede ocurrir que la persona, la pareja, la familia o el grupo tengan relativamente pocas oportunidades para hacer patente su identidad, por ejemplo, a través del aislamiento y la monotonía, entonces vendrá una sensación de vacío, de sinsentido, que disminuirá el sentimiento afectivo y pondrá en riesgo la sobrevivencia de la unidad en la pareja, en la familia o en el grupo. Por eso es importante generar oportunidades para que los elementos de identidad y autoestima favorable(s) se hagan manifiestos, se amplíen y se desarrollen, como técnica para elevar los niveles afectivo(s).
Cuando una persona o un grupo no tienen la oportunidad de consolidar su identidad de manera favorable, sus actitudes se volverán destructivas hacia otro(s), porque los avances de los otro(s) son símbolos que hacen patente su estancamiento o su declive. Esa es una de las explicaciones más importantes de la destructividad y competencia negativa entre vecinos y entre grupos políticos que no luchan por ser mejores, sino por demostrar que los otros son peores. En esto reside la base de todo el chismerío en las oficinas y en los vecindarios; cuando no hay fuentes de satisfacción, se compensa el vacío a través de “comerse” a los demás.
Marco E. Murueta