Centro de Duelo y Paz

Centro de Duelo y Paz El duelo es un proceso universal, todos de una forma u otra viviremos pérdidas y duelos.

05/05/2026

Entrega 8.

El sacerdote le dijo que hablarían después, en la sacristía. Y así lo hicieron. María repitió casi cada una de las palabras de Inés y el sacerdote escuchó atentamente y al terminar María, solo dijo: "debo hablar con Inés".

El párroco sabía vida y obra de casi toda su comunidad. Contaba con los dedos de sus manos, a las personas "importantes" que no se habían confesado (todavía) con él. Prácticamente, tenía derecho de picaporte en todas las casas, negocios, oficinas de los residentes de esa comunidad. Era querido y reconocido por los habitantes.

Si se presentaba alguna necesidad en la parroquia que la economía de la misma no podía solventar, solicitaba a la gente de mayores (muy mayores) recursos y jamás se lo negaban. Estaba muy involucrado con sus fieles. No solo fumaba tabaco con los mayores, jugaba (o intentaba) fútbol con los jóvenes. Sabía ponerse la sotana correspondiente para cada ocasión. Era reverenciado en toda la comunidad sin importar estatus socioeconómico o preparación académica.

Manejaba un auto viejo pero funcional y con el se desplazaba por todo el pueblo. Se decía que cuando iba a proporcionar la extremaunción a un enfermo, solo ponía la "sirena" para que nadie lo detuviera para saludarlo. Todos estaban seguros de que cuando les tocara a ellos, manejar con esa prisa les permitiría irse de este mundo con su bendición.

Por su parte, María regresó a su casa y no hizo comentarios. Aunque se veía que había salido, nadie preguntó. Solo Inés pensaba a dónde había ido y no se equivocó.

Preparó el almuerzo y apuro a la familia para la misa de una. Todos a tiempo y con ropas adecuadas para la misa salieron de casa. Antes de entrar al templo, María le dijo a su marido que Inés y ella pasarían a la sacristía a platicar con el padre, que se regresaran sin ellas. Fiel a su forma de ser, el marido no preguntó, solo asintió con la cabeza.

Y ahí estaban María e Inés en la sacristía. Inés tenía la mirada clavada en el piso. Estaba rígida y pálida. Parecía que en cualquier momento se desmayaría. El padre dijo: "Inés, tú mamá ya me contó, pero quiero que seas absolutamente sincera conmigo y me cuentes despacio y muy detalladamente, ¿qué te sucedió?". Y otra vez, Inés contó con todos los detalles que recordaba.

Inés contó con voz hueca, sin emoción, como quien enumera la lista del mercado o del súper. La madre y el párroco no le quitaban la vista de encima.

Al terminar, hubo silencio y si hubiera caído un alfiler, nos contó Inés, se habría escuchado como un gran sonido.

El padre anunció: vas a volver al trabajo y cuando ya sea imposible ocultar el embarazo, yo voy a ir por ti al almacén, yo hablaré con tu patrón para decirle que necesito que te dé 4 meses de permiso sin sueldo; le diré que te necesito en la parroquia de San Isidro pero que no puedes perder tu empleo. Y te vas a ir con una familia de San Isidro que te cuidara sin hacer preguntas. Allá vas a tener a tu bebé. María asentía con la cabeza de manera muy solemne.

Y el padre continuó: mientras tanto María, tú vas a anunciar que estás embarazada y cuando Inés empiece con los dolores, te llevaré a San Isidro y regresaremos con ese bebé. Lo vas a registrar como hijo tuyo y de tu marido y el buen nombre de tu familia no quedará en entredicho.

María no esperaba esa solución. Conforme escuchaba al párroco, creía que 'eso' se quedaría con esa familia de San Isidro. Trato de escucharse normal pero, no es que "desobedeciera" las indicaciones, pero ya no estaba en edad de tener otro hijo. El sacerdote le dijo "¿pones en duda la Voluntad de nuestro Señor, ya no recuerdas a Sara, a qué edad Dios le concedió la dicha de tener un hijo?".

Y así se hizo...

Continuará...

El duelo duele.

¡¡No vivas tu duelo sola, No vivas tu duelo solo!!










28/04/2026

Entrega 7.

En el siguiente descanso, en cuanto Inés llegó a su casa, le dijo a su madre que tenía que hablar con ella a solas y sin interrupciones. Se encerraron en la cocina y María dio órdenes estrictas de que nadie las interrumpiera. Inés comenzó...

Inés contó de manera ambigua lo que había vivido. Tenía la mirada abajo, sin atreverse a levantar la cara. De hecho, quien estaba contando era "la otra Inés, la que había vivido 'eso'; era la otra". Contrario al terror que tenía, María no la interrumpió y cuando Inés terminó, su madre le dijo que le contara otra vez, pero ahora, detalladamente y que tratará de poner horarios a cada detalle que recordaba.

María escuchaba atentamente, su cuerpo estaba rígido; escuchaba casi sin parpadear comprendiendo cada palabra de su hija. Ya pensaba en 'soluciones'. ¡Una hija de ella, su primogénita embarazada y sin hombre a su lado! No lo permitiría. Cuidar a los hijos también significa proteger su Vida, su reputación, el buen nombre de la familia.

Inés terminó y María no la abrazo, no le dijo palabras de consuelo, palabras que validaran su sentir. A María le urgía como manejar 'eso', pero ya tenía la solución: el buen nombre de su familia no andaría de boca en boca por culpa de... Dios sabe quién.

María llevó a Inés a uno de los cuartos, cerró con seguro y le pidió que se acostará en la cama. Levantó la blusa y palpó su abdomen e hizo cuentas: eran más de 5 meses de embarazo. Urgía la solución.

Le ordenó a Inés no regresar a Toluca, el lunes se reportaría enferma y se quedaría en casa. "Yo te diré que haremos". Salieron del cuarto y María actuaba normal, no parecía que Inés había dejado caer una bomba. Inés no sabía qué pensar, qué sentir, qué más decir. ¿Qué haría su madre?

Al día siguiente, domingo, María salió a misa de 7 de la mañana. Iba con su mantilla en la cabeza, señal de profunda reverencia y conciencia de estar en la Casa de Dios, en Su Presencia.

María y su familia de origen eran muy allegadas a la parroquia del pueblo. Participaban en todas las actividades incluidas las fiestas patronales. La madre de María y en general toda la familia era muy reconocida por la ayuda a la parroquia. Y María continuó con esa tradición inculcando a todos sus hijos y a su marido, esa devoción y apoyo a la iglesia.

Inició la celebración y se dió cuenta, muy satisfecha, que quien presidía la misa era el padre auxiliar, entonces, era el párroco quién estaba en el confesionario. María sonrió satisfecha. Dios le daba una señal de estar haciendo lo correcto. Se formó para la confesión.

Llegó su turno y el sacerdote dijo "Ave María Purísima" y María contestó "Sin pecado concebido", acto seguido le dijo "Soy yo Padre, necesito hablar con usted". Habló rápido: "Inés está en cinta pero ella no es culpable; necesito su consejo y dirección para saber que hacemos. Es una buena chica y no es su culpa (repitió)". El sacerdote le dijo que hablarían después de misa "espérame en la sacristía".

Y así lo hizo María. Terminó la misa y se dirigió a la sacristía. El acólito que ayudaba en las celebraciones dominicales le permite el paso, ¡era Doña María! Cuando entró el párroco y le pidió que hablara, María repitió casi todas y cada una de las palabras que su hija le había dicho. El sacerdote escuchó sin interrumpir. Al terminar María, este le dijo "debo hablar con Inés. Después de misa de una, las espero aquí mismo ". María besó la mano del prelado y salió muy satisfecha de su actuar como madre que está cuidando el buen nombre de su hija.

Continuará...

El duelo, duele.

¡¡No vivas tu duelo sola, No vivas tu duelo solo!!







22/04/2026

Entrega 6.

El duelo, duele.

Inés tropezó sin saber con qué, pero siguió caminando. Su mirada buscaba en la oscuridad una salida. No supo cuántas vueltas dio por el mismo lugar donde recobró el sentido.

Al fin encontró una salida y se detuvo, estaba oscuro y fue consciente de que en sus piernas había "algo" pegajoso, no supo y no quiso pensar que era; lo urgente era salir. En su muñeca no estaba su reloj barato y no tenía idea de la hora, algo le dijo que esperara un poco más. Se quedó quieta y en cuanto vio que las calles empezaban a iluminarse un poco con la luz del amanecer, salió caminando tratando de orientarse donde estaba. Sentía un ataque al estado general pero no podía quedarse ahí. Debía encontrar cómo regresar.

Después de lo que le parecieron calles interminables, reconoció la cortina cerrada de un comercio por donde pasaban y se ubicó. Pudo llegar a su cuarto. Entró y se tumbo en la cama, quería llorar pero el llanto no aparecía y en su lugar, llegó la terrible certeza: había sido abusada.

Se levantó como resorte: preparó agua, se bañó y espero la hora para salir hacia el almacén. Mientras esperaba decidió no pensar, no analizar; lo que sí decidió es que nadie debía enterarse ¡qué vergüenza! También decidió que terminaría su relación romántica, ya no podía tener novio: qué pensaría de ella si se enteraba.

Los días siguientes, Inés los vivía con disociada: eran 2 Inés. Una la que había sido víctima de un delito y otra, ella, la que seguía con su vida. Además, había perdido el sentido, no se había dado cuenta de nada, quizá estaba exagerando.

Algunos compañeros le preguntaron si estaban bien, le dijeron que se sentía y se veía rara; Inés esbozaba una media sonrisa y decía que había tenido pesadillas y no había dormido bien. Se prometió a sí misma no volver a salir sola.

Al siguiente descanso se fue a su casa. Apenas llego y abrazo a su madre, a su padre y a cada uno de sus hermanos un poco más de la cuenta. Se sentía a salvo. Estaba con su familia. No dijo nada, sintió paz y decidió que "eso" estaba olvidado.

Llegó el siguiente mes. Inés seguía con esa sensación de estar viviendo de dos maneras: una la Inés que salió a caminar y fue víctima de un delito y otra, Inés la que regreso y decidió olvidar "eso" y seguir su Vida aunque fuera en piloto automático.

6 semanas después de "eso", Inés fue consciente de que no había tenido período y de nuevo ahogo un grito. Era tanto el terror y el dolor que lo dejó pasar y siguió trabajando. Cuando el dolor y el miedo la llevaban a pensar en "eso", ahogaba el dolor, el grito, el análisis, la verdad: no había periodo y había síntomas.

"No", se decía a si misma "no tengo periodo por la impresión".

Estimados lectores, Inés estaba viviendo una etapa del duelo llamada NEGACIÓN: la pérdida es tan dolorosa que antes de atravesar el dolor, negamos lo que sucedió para no sufrir.

Volvamos. Con miedo y dolor Inés observó como levente su abdomen estaba creciendo y la realidad la golpeó tajante y abruptamente: estaba embarazada.

Ya hacían 6 meses de "eso", no se lo había contado a nadie, pero tenía que hacerlo. Y no podía contárselo a nadie más que a su madre; debería decírselo pero era la última persona a quien hubiera querido decirlo.

En el siguiente descanso llego a su casa y le pidió a su madre hablar con ella a solas y sin interrupciones. Se encerraron en la cocina con estrictas órdenes de María de no ser interrumpidas. Inés comenzó...

Continuará...

El duelo, duele.

¡¡No vivas tu duelo sola, No vivas tu duelo solo!!









19/04/2026

El duelo, duele.

Queremos agradecer infinitamente a las mamás que se conectaron al Fogón Tanatológico por la pérdida de su hijo.

Se llevaron herramientas para poner en práctica cuando el dolor las desborda, cuando la ansiedad y la culpa sienten que las domina.

Gracias por su confianza.







18/04/2026

El duelo, duele.

El Fogón Tanatológico dirigido a mamás y papás que están viviendo está fragmentación emocional por la pérdida de una hija, de un hijo, se llevará a cabo el domingo 19 de abril.

El Fogón no se grabará. Vamos a vivenciar ese dolor y a adquirir herramientas para poder seguir viviendo con esta pérdida.

El cupo es limitado y está agotado.

Gracias por su confianza en el Centro de Duelo y Paz.

A las mamás y papás que ya están inscritos, nos encontramos mañana.











16/04/2026

El duelo, duele.

Entrega 5:

María, la madre de Inés presumía en su círculo social que, prácticamente su hija llevaba a cuestas el nuevo almacén de víveres de Toluca. Le gustaba ver y sentir la admiración de quienes la escuchaban y le decían "qué gran hija tienes". En ese comentario María sentía la admiración y la grandeza que debía ser reconocida. Esos instantes, nos narra Inés, eran sus momentos de gloria, de vivir a través de su hija.

Rápido pasaron 3 años y ya se cocinaba la apertura de otro almacén. Inés tenía 21 años y era feliz. Espaciaba las visitas a la casa materna lo más que podía. No era que se quedara encerrada en el cuarto, claro que no; sucedían 2 cosas: ahorraba dinero porque no gastaba en pasajes y se divertía con sus compañeros de almacén que coincidían en los descansos.

Visitaban lugares cercanos, conocían la gastronomía, siempre con lo mínimo que pudieran gastar. Hacían largos trayectos caminando mientras conversaban y conocían.

A esa edad tuvo su primer novio. Un muchacho residente y originario de Toluca que llegó a comprar al almacén y se volvió cliente frecuente del mismo. Inés recuerda en su proceso tanatoterapèutico con emoción, como fue su primera relación de corte romántico. No sabía cómo actuar, era su primera vez con un chico; tenía a sus compañeras que vivían esa emoción de Inés como propia y le aconsejaban lo que consideraban que era correcto.

Siendo una chica sencilla, responsable, sin adicciones, la Vida de Inés giraba alrededor del almacén y las visitas eran cada día menos frecuentes al D.F.

El almacén se había posicionado muy rápido por la buena atención de los chicos. Los clientes lo manifestaban y el dueño (los dueños) estaban muy satisfechos e iniciaron con la entrega de bonos para los trabajadores.

Un día la mayoría de los compañeros se fueron en su descanso a sus casas e Inés se quedó en su cuarto. Hacia la tarde decidió salir a comprar un raspado; salió, lo compró y siguió caminando. No fue consciente de que se había alejado mucho de las calles conocidas donde siempre caminaban, ya estaba lejos de su cuarto. Se sintió preocupada y emprendió el camino de regreso. Sin embargo, Inés se desorientó, no estaba segura donde estaba, nos dijo: "confundí calles y camine por calles que no tenían iluminación".

Trataba de no sentir miedo para no bloquearse y seguir alerta. Sus rumbos eran seguros pero se escuchaban historias de terror por otros lugares. En una de esas calles oscuras y muy cerca de una obra de construcción, Inés sintió que algo o alguien la jalo con fuerza y todo se puso oscuro y lo último que recordó, fue su propio grito ahogado.

Cuando recobró el conocimiento, era de madrugada. Su cabello y su ropa estaban en desorden. Se asustó, gritó con miedo, pero el grito no salió de su boca, ella solo lo sintió pero ni ella lo escuchó. Como pudo se puso de pie y sus ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad. Tropezó sin saber con que, pero siguió caminando. Su mirada a oscuras buscaba una salida. No supo cuántas vueltas dio y volvió a pasar por el mismo lugar, tocando lo que había a su paso para no caer.

Continuará...









13/04/2026

¡¡Ya tenemos fecha!!

FOGÓN TANATOLÓGICO:
alrededor de un FUEGO VIRTUAL, participa y vivencia la pérdida de tu hija, de tu hijo.

Sin importar el tiempo, el momento relacional, la edad, las circunstancias de la pérdida, intégrate a este Fogón Tanatológico y conoce tu grupo de pertenencia y herramientas que te ayuden a vivir tu día a día.

VIA ZOOM, DOMINGO 19 de abril de 2026, 12pm, hora Ciudad de México.

CUPO LIMITADO.

Inscripciones ÚNICAMENTE POR WHATSAPP: 56 3650 4430

¡Te esperamos!

Comparte a alguna mamá o papá que esté viviendo está dolorosa pérdida.












11/04/2026

El duelo, duele.

Entrega 4.

Corría el año 1964, Inés tenía 18 años y estaba a punto de iniciar su vida en otro lugar donde sucedería su gran pérdida.

El cambio de vida trajo beneficios a Inés: podía dormir toda la noche sin escuchar gritos de hermanos menores u órdenes de su madre que había olvidado tal o cuál cosa, quejas de unos y otros y observar a su padre hacer lo mínimo de manera constante.

La mudanza fue complicada pero liberadora: los dueños transportaron a todo el equipo y se llevaron pocas pertenencias, no era que cambiarán de residencia, solo llevaban lo necesario.

Los cuartos de arriendo tenían lo básico, Inés amo su propio baño: sin esperar, sin estarlo lavando 2 o 3 veces al día porque en casa lo usaban muchas personas. Su baño propio. Desde donde los instalaron al almacén, llegaban caminando, estaba muy cerca; lo que evito gastos de transporte.

Así empezó Inés su nueva Vida. Lejos de casa pero libre; aunque a veces extrañaba las bromas de sus hermanos; se sentía mejor lejos. La vida laboral consumía todo su tiempo y sus pensamientos. Descansaba día y medio a la semana, es decir, cuando le tocaba descanso, terminaba sus labores a la 1pm y tomaba el autobús al D.F.; pasaba esa noche ahí y al día siguiente al medio día, emprendía el regreso. Esa fue su dinámica por casi un año.

Después, con un poco más de seguridad porque aportaba más dinero y sabía que su madre no daría problemas, empezó a dejar de ir en sus descansos.

Su madre la llamaba, le gritaba, la chantajeaba de que la dejaba con todo sola; pero Inés iba adquiriendo mayor seguridad y el miedo hacia su madre se iba desvaneciendo. Además, había encontrado la forma de callar sus protestas: gastaba lo mínimo indispensable en su Vida y podía llegar después de un mes con un detalle para su madre y eso, callaba las protestas. Su madre le exigía que le contara todo e Inés sabía que a su madre le gustaba fantasear y le inventaba historias: mitad verdad, mitad mentira.

Esto le daba material a María para presumir que su hija estaba lejos porque "cargaba el peso del almacén". A María le gustaba soñar que ella vivía la vida que estaba viviendo Inés y como, finalmente, ella le había conseguido el trabajo inicial, se sentía la protagonista de la historia.

Estimado lector ¿observas como los padres proyectan en los hijos sus propias pérdidas?; es decir, algunos padres querían vivir tal o cuál experiencia y no pudieron, si su hija o hijo la viven, los padres sienten que en realidad esa experiencia es de ellos y para ellos.

Y/o también está esa obligación de los hijos de dedicarse al negocio familiar o estudiar el área que los padres quieren o qué es la tradición familiar, aunque a la hija o al hijo, no le guste y no se sienta atraído por esa área. Por ejemplo: en esta casa, todos somos abogados y tú estudiarás Derecho, ¡faltaba más!

Conozco varias familias pero una en particular, donde la familia se dedica al diseño de interiores y la hija menos quiere dedicarse al maquillaje profesional. No hay manera. Ya le dijeron que NO.

El duelo, duele.

¡¡No vivas tu duelo sola, No vivas tu duelo solo!!

Rosario Amaya, Tanatóloga.

08/04/2026

El duelo, duele.

Perder una hija, un hijo, sin importar la edad que tenía al momento de su fallecimiento, la situación relacional con esa hija, ese hijo; si estaba cerca, lejos.
Es una de las pérdidas más fuertes que una mamá, un papá pueda vivir. Ante está pérdida, vives una fragmentación emocional. Es tan dolorosa, que, inclusive puedes estar viviendo la despersonalización; es decir, que lo viva otra u otro, "yo no, yo no aguanto".

Un Fogón Tanatológico es para que, a través de un FUEGO VIRTUAL, todas y todos podamos vivenciar el dolor y encontrar un grupo de pertenencia; es decir, un reclamo generalizado de los padres es: "si pierdo a mis padres, soy huérfano; si me divorcio, soy separada o viuda; murió mi hijo ¿quién soy?".

Las inscripciones serán únicamente por WhatsApp: 56 3650 4430. Por la delicadeza de la pérdida, el cupo es limitado. Aparta tú lugar.

¡¡No vivas tu duelo sola, No vivas tu duelo solo!!

Rosario Amaya, Tanatóloga.












08/04/2026

¿Desde dónde nos lees, qué edad tienes, dónde estabas o qué hacías en 1964, ya habías nacido?

Entrega 3:

Cuando Inés tenía 15 años, le encontraron trabajo en un almacén de víveres. Quedaba muy lejos de su domicilio, pero el salario era alto para el común y eso cubría el gasto de los pasajes. Aunque Inés trabajaba de lunes a sábado en el almacén y jornada completa; salía muy temprano de su casa y regresaba tarde por la lejanía, los domingos ayudaba con todos los quehaceres.

Tenía 3 años trabajando en el almacén, era una buena trabajadora: callada y diligente. Se enteró por sus compañeras que los dueños estaban abriendo la primera sucursal del almacén, la ubicaron en Toluca. Inés tuvo una idea: pediría su cambio. Pero ¿cómo decirle al dueño que no le dijera a sus padres que ella solicitaba su cambio al almacén Toluca?

Estuvo atenta y cuando vio que el dueño estaba solo en la pequeña oficina, entro a platicar con él. "Quisiera ver si hay posibilidad de que me mande al nuevo almacén de Toluca", le dijo. El dueño le contestó que de ninguna manera: estaba muy lejos y no le daría tiempo de ir y venir; a los trabajadores que se irían a ese almacén, les estaban consiguiendo cuartos de arriendo cerca del almacén.

Inés al borde del llanto le dijo al dueño que eso era lo que quería, no regresar a diario a su casa y ocupar el rol de "segunda madre" resolviendo tareas, disputas, terminar de preparar uniformes, etc. El dueño comprendió de inmediato pero no le dijo que si, solo le dijo "déjame pensarlo". Para Inés eso representaba una gran esperanza, una ilusión. Estaba cansada de atender a los hijos que no había tenido, pero le daba miedo protestar.

Seis meses después de esa plática, el dueño la llamó y le dijo que se iría a Toluca con el equipo. Inés le pidió otro favor: sería posible que su madre no se enterará que ella pidió el cambio. El dueño, hombre de 65/70 años había comprendido todo, le contestó: por mí no se enterará.

La siguiente parte era la peor: decirle a su madre. Se armó de valor y como pudo le explicó que era muy bueno que se fuera a Toluca, le dijo que tal vez en un tiempo abrieran más sucursales y como sabía manejar casi todo, quizá fuera encargada y sería más sueldo. Tal y como esperaba Inés, si madre se presentó con el dueño para reclamar sobre el cambio de su hija.

El dueño confirmo lo que la chica había dicho: necesitaba gente de su confianza en el nuevo almacén y ya les habían conseguido cuartos de arriendo y quien sabe, la chica es trabajadora y quizá con el tiempo la podemos dejar de encargada y será un poco más de sueldo.

María salió de la oficina del dueño satisfecha: la posibilidad de un mayor ingreso bien podían omitirse los riesgos. Realmente, reflexiona Inés, lo que le importaba a mi madre era el juicio de los demás, pero seguro que sabría manejarlo prácticamente como un favor al dueño, no como una necesidad económica.

Antes de instalarse de manera definitiva, el equipo y los dueños hicieron un viaje relámpago al nuevo almacén, para conocer la zona, los cuartos rentados para ellos, las ubicaciones, etc. A Inés le pareció una zona segura y bonita.

Corría el año 1964, Inés tenía 18 años y estaba a punto de iniciar su vida en un lugar donde sucedería su primera gran pérdida y que cambiaría por completo su Vida; movería no solo su piso, sino la base de su propia Vida y la de toda su familia, teniendo repercusiones muy dolorosas y dejándola sin sentido.

Continuará...

Escríbenos, ¿qué va pareciendo la Historia de Vida de Inés?

¡¡No vivas tu duelo sola, No vivas tu duelo solo!!

Rosario Amaya, Tanatóloga.







07/04/2026

El duelo, duele.

Entrega 2:

¡Claro!, reflexionó en una sesión Inés: "a mí papá le cayó de perlas el carácter de mi mamá, porque eso le evitaba tomar decisiones y hacer más por la familia: se adaptó a la forma de ser de su mujer y se contentó con vivir en una familia donde no se esperaba más de él y no hizo más; no se previó que hiciera grandes cosas y no las hizo. Ni siquiera sé si algún día quiso hacer grandes cosas".

Inés y su familia vivían en una casa de arriendo. Se dedicaban al comercio de lo que fuera de época: si era navidad, vendían arbolitos; si eran lluvias vendían paraguas. Lograron alquilar un local que le llamaron 'de todo un poco'. Conforme iban creciendo todos los hermanos pasaron por atender el negocio familiar. María (la madre) era muy estricta con las cuentas y registraba todo en una libreta.

Inés recuerda su niñez feliz, rígida pero feliz. Al ser tantos hermanos siempre había a quien molestar. El drama empezaba cuando iban a visitar a otras familias o recibían visitas. En el primer caso, visitar a otros, la orden de la madre era clara y tajante: aunque les ofrecieran, no aceptarían y mucho menos pedirían otro plato además del que ya se les había servido. Y cuando alguno de los chicos no acataba esa orden y los ojos vigilantes de la madre lo descubrían o algún hermano, cobrándose alguna afrenta, delataba al infractor, el cinturón era lo que recibía.

De cualquier forma y con las familias de los primos, que iban más o menos de la edad, se divertían.

La madre de Inés confeccionaba casi toda la ropa que su marido y sus hijos usaban y pronto Inés y las demás, desde muy pequeñas aprendían a usar la maquina de coser.

María acostumbraba a ir por telas al centro del D. F. Inés recuerda que los vestidos que salían de la creatividad de la madre, eran muy elaborados, muy pesados y difícil vestirlos, tenían muchos holanes y tela de más; era difícil ponerse un vestido, pero eran hermosos.

Tenían ropa y zapatos de dos clases: la ropa "fina" para cuando iban de visita o recibían visitas y la ropa y zapatos para casa; solo 2 pares. Los que estaban destinados a las visitas, bajo ninguna circunstancia se usaban para otro fin; ni siquiera para la escuela, para eso estaban los de casa. La ropa que a los mayores ya no les quedaba, siempre había un hermano menor que le daba un segundo uso, y si se podía un tercer uso, se le sacaba jugo.

Eso sí, en las pláticas de las mamás, María nunca mencionaba que el 90% de la ropa la confeccionaba ella con su máquina de coser. No. Siempre se jactaba de haberla comprado en alguna tienda que estuviera de moda y tenía bien aleccionados a todos, incluyendo al marido, para nunca jamás mencionar, la máquina de coser.

Inés veía como su madre pasaba la mayor parte del tiempo embarazada y a ella y por ser la mayor, se le amontonaba el lavado de los pañales; no importaba su corta edad y no solo eso, su madre exigia los pañales blancos como la nieve. Inés recuerda que le dolían las manos de tanto lavar pañales y ropa, y también de tener contacto con el agua helada, en los meses de invierno.

Cuando Inés tenía 15 años, le encontraron trabajo en un almacén de víveres.

Continuará...

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¡¡No vivas tu duelo sola, No vivas tu duelo sola!!

Rosario Amaya, Tanatóloga.









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