13/04/2021
Gracias a las articulaciones, nuestro esqueleto no es una estructura rígida y nos permite caminar, correr, mover las manos… Esta movilidad es posible por dos elementos: el cartílago, que es la superficie lisa, deslizante y muy resistente que presentan los huesos enfrentados, y el líquido sinovial, encargado de aportar nutrientes al cartílago y lubricarlo permitiendo el juego de la articulación con el mínimo rozamiento.
Sin embargo, el envejecimiento, el sobrepeso y los hábitos de vida poco saludables pueden pasar factura a nuestras articulaciones. El líquido sinovial deja de ser rico en nutrientes y va perdiendo su efecto, por lo que el cartílago puede deteriorarse progresivamente hasta desaparecer y dejar una articulación donde los huesos se rozan bruscamente el uno con el otro, lo que llamamos artrosis.