27/11/2025
Muchos adolescentes que tienen dificultades con la atención, la organización, la memoria, el manejo del tiempo o el control de impulsos, suelen ser malinterpretados. Con frecuencia son catalogados como desinteresados, flojos, irresponsables o descuidados.
Sin embargo, en la mayoría de los casos, no se trata de falta de voluntad, sino de un cerebro que todavía está en desarrollo.
Las funciones ejecutivas son un conjunto de habilidades que nos permiten planificar, priorizar, organizar pasos, sostener el esfuerzo, regular emociones y tomar decisiones. Estas habilidades dependen en gran medida de la corteza prefrontal, una zona del cerebro que continúa madurando hasta aproximadamente los 25 años.
Por eso es común observar que, durante la adolescencia:
• Les cueste empezar tareas o cerrarlas, aunque realmente quieran hacerlo.
• Olviden acuerdos o indicaciones y necesiten recordatorios frecuentes.
• Pierdan cosas con facilidad o se distraigan cuando hay estímulos alrededor.
• Reaccionen de forma impulsiva o intensa ante la frustración.
• Se sientan saturados o confundidos sin saber cómo ordenar lo que deben hacer.
• Terminen cansándose rápido cuando sienten que no logran cumplir con lo esperado.
Desde afuera parece falta de interés o pretexto, pero por dentro muchas veces se siente como bloqueo, tensión, miedo a equivocarse o simplemente no saber por dónde empezar.
El desafío para los adultos no es permitir que se evadan de su responsabilidad, sino entender que necesitan una guía distinta. Cuando observamos la conducta como un proceso evolutivo, y no como un ataque o un rasgo fijo de personalidad, cambia la forma en la que acompañamos.
En vez de asumir:
“No le importa nada”
Es más útil pensar:
“Probablemente sí quiere, pero le cuesta organizarse solo para lograrlo.”
En vez de decir:
“Nunca te acuerdas de lo que te digo”
Podemos probar:
“Lo recordamos juntos y buscamos maneras que te faciliten retenerlo.”
En vez de reprochar:
“Reaccionas demasiado por todo”
Podemos intentar:
“Veo que esto te frustró. Respiremos y lo resolvemos paso a paso.”
Comprender no significa aprobarlo todo, pero sí permite:
• Enseñar habilidades en lugar de etiquetar.
• Guiar sin pelear.
• Poner límites sin que se vivan como rechazo.
• Corregir sin dañar el vínculo.
Los adolescentes avanzan más cuando perciben que el adulto está para ellos, no contra ellos; que hay claridad, estructura y apoyo, incluso cuando se les pide hacerse cargo.
Lo que más facilita el cambio en la adolescencia es sentirse comprendido, visto y acompañado mientras aprende a hacer las cosas por sí mismo.