14/04/2026
Hay algo que pocos se atreven a decir en voz alta:
Por Álvaro Medina Chacón
Que amas a tu madre. Y, al mismo tiempo, hay algo dentro de ti que duele cuando piensas en ella. O que se cierra. O que simplemente no entiende por qué, si te quiso tanto, algo en ti nunca terminó de sentirse suficiente.
No es una contradicción. Es la tensión más humana que existe.
Porque todos, absolutamente todos, cargamos con dos madres.
La primera es la madre que tuviste. La real. La de carne y hueso, la de historia. La que tuvo sus propios dolores, sus propias heridas no resueltas, sus propias limitaciones. La que te dio lo que pudo con lo que tenía. La que a veces pudo estar presente del modo en que necesitabas y otras veces no.
La segunda es la madre que necesitabas. La que el niño o la niña que fuiste pedía en silencio. La que escucha sin juzgar. La que sostiene sin condicionar. La que dice “te veo” cuando estás roto, no solo cuando estás bien. La que puede estar con tu dolor sin escapar de él.
La distancia entre esas dos madres —entre la que llegó y la que necesitabas— es lo que en psicología llamamos herida de apego. Y esa distancia, aunque no la veamos, organiza gran parte de nuestra vida adulta.
Organiza cómo amamos. ¿Cómo nos relacionamos con el dinero? ¿Cómo respondemos al cuerpo cuando está enfermo? Cómo elegimos pareja. ¿Cómo nos hablamos a nosotros mismos cuando nos equivocamos?
Quiero dejarte algo claro desde el inicio, porque lo vamos a explorar juntos en este ciclo de publicaciones:
Esto no es culpar a tu madre.
Ella también fue hija. También recibió lo que pudo, no necesariamente lo que necesitaba. El sistema familiar transmite sus heridas de generación en generación, no por maldad, sino por la repetición inconsciente de lo único que se conoció.
Tampoco se trata de borrar lo que fue ni de fabricar un perdón que no sentís.
Se trata de algo más honesto y más difícil: mirar con claridad qué recibiste, qué te faltó, cómo eso sigue viviendo en vos hoy —en tu cuerpo, en tus vínculos, en tus decisiones— y, desde ahí, empezar a sanar.
A lo largo de este ciclo vamos a explorar temas que casi nadie nombra: la herida materna en los hombres, el vínculo que comienza antes de nacer, la conexión entre tu madre y tu prosperidad, el duelo por una madre que sigue viva, el cuerpo que guarda lo que la mente no pudo procesar.
Porque la relación con tu madre no es solo historia. Está presente. Es la voz que escuchas cuando fallas. Es la tensión en el pecho cuando no te sientes lo suficiente. Es el modo en que recibes —o no recibes— el amor que llega.
Y todo eso se puede transformar.
Álvaro Medina Chacón
TALLER PRESENCIAL
Tomar a la Madre
“Si tu vida no fluye… Todavía hay algo con mamá que no has tomado.”
No es que no hayas trabajado en ti.
Pero si algo se repite, en el amor, en el dinero, en cómo te tratas.
Mira hacia ahí.
Tomar a la madre no es entenderla.
Es integrar lo que sí fue… Y lo que no.
Y eso cambia todo.
📅 Domingo 30 de mayo
⏰ 10:00 a 20:00 h
📍 Vito Alessio Robles 68, Col. La Florida, CDMX
(A 1.5 calles de Metrobús Altavista / 4 de Metro Viveros)
Incluye 2 coffee break + espacio para comida
No necesitas más teoría.
Necesitas ir a donde aún duele.
Informes e Inscripciones: 55 3680 2003