26/03/2026
Hoy no quiero hablar solo de lo que pasó en Michoacán…
quiero hablar de lo que hay detrás.
Un adolescente le quitó la vida a dos maestras.
Y aunque duele, también nos obliga a mirar más profundo.
Porque estos casos no empiezan el día del ataque.
Empiezan mucho antes…
en el silencio emocional,
en el rechazo no procesado,
en la vergüenza que nadie vio,
en el enojo que nunca se nombró.
Empiezan en adolescentes que no saben qué hacer con lo que sienten.
Que no saben cómo poner en palabras su dolor…
y terminan actuándolo.
Hoy se habla de su relación con comunidades “incel”.
Pero es importante entender algo:
No es solo una etiqueta.
Es una narrativa que puede reforzar el resentimiento,la victimización y, en casos extremos, la violencia.
Y cuando un adolescente ya está herido emocionalmente,
este tipo de discursos no ayudan…
lo validan en su enojo.
Como sociedad, solemos preguntar:
“¿Por qué lo hizo?”
Pero tal vez la pregunta también es:
¿qué no vimos?
¿qué no se atendió?
¿en qué momento dejó de sentirse visto?
Esto no justifica.
Pero sí nos invita a comprender.
Porque cuando no aprendemos a sentir,
a nombrar,
a regular…
el dolor no desaparece.
Se transforma.
Y a veces, lamentablemente,
en algo que lastima a otros.
La salud mental en adolescentes no es opcional.
Es prevención.
Y también es responsabilidad compartida.
Hablemos más de emociones.
Escuchemos más a tiempo.
Acompañemos antes de que sea tarde.
🧠Psic.Fernanda Prado