09/12/2022
Al mismo tiempo que aprendemos a "ser hombres de verdad" no enseñan a darle significado a nuestros cuerpos, dejándonos muy clarito qué si podemos hacer con ellos y que no podemos con ellos.
Dichos aprendizajes parten de premisas muy concretas las cuales dictan que los hombres no se deben de tocar entre sí, salvo en ciertos escenarios (no es casualidad que para muchos hombres ser abrazados o abrazar les resulte incomodo o molesto).
Esos escenarios son, por mencionar algunos, reuniones donde se esté alcoholizado (el alcohol justifica muchas cosas para nosotros, ya hablaremos del tema en otro momento), momentos de suma alegría como cuando se consigue un triunfo que alimenta el "éxito" de algún amigo o familiar, al reencontrarse después de un largo tiempo sin verse o al dar las condolencias cuando se ha perdido a un ser querido. Más allá de esto cualquier contacto físico está PROHIBIDO.
Sin embargo, la más gran EXCEPCIÓN corresponde a los deportes que, por cierto, representan uno de los más importantes lugares donde se refuerza la masculinidad hegemónica y tradicional en su forma de mandato social de COMPETENCIA. En los deportes es posible tocarse, besarse y acariciarse de tal forma que si esas muestras de contacto corporal fueran extraídas del contexto deportivo serían señaladas de homosexuales y homoeróticas. Pero el hecho de que se sitúen en una cancha de fútbol permite justificarlo sin que caiga en esas categorías. 🫂👥🗣
Con base en esto, es fácil inferir que no es que a los hombres no nos guste el contacto físico con otros hombres, sino que hemos construido espacios muy particulares donde nos lo permitimos para no atentar contra lo que sabemos "debemos" hacer para seguir siendo hombres de verdad, tales como los bares deportivos y los estadios donde nos abrazamos hasta con desconocidos, pero después de la euforia que provoca el gol la prohibición vuelve a aparecer. 🍺⚽️🏟🏆
¿Cuéntanos cómo has vivido esto, cómo te ha afectado y qué piensas? 🤓✍️🤔🗣👂