22/11/2025
Cuando podemos dejar de sostener una apariencia falsa de bienestar se puede sentir una liberación emocional, esto implica ser honestos con lo que realmente estamos sintiendo, sin tener que ocultar dolor, tristeza o cansancio.
Pueden influir diferentes aspectos como el miedo al juicio, la minimización del malestar, no saber cómo pedir ayuda, una gestión emocional disfuncional, autoexigencia, invalidación, entre otros aspectos.
A veces creemos que ser fuerte significa aguantar y seguir funcionando como si nada, nos acostumbramos a fingir bienestar aunque nos sintamos confundidos, triste, cansados, etc. y aunque dicha fachada nos puede proteger un tiempo, mantenerla requiere energía, atención y esfuerzo que tarde o temprano nos agota.
Pero llega un momento en el que quitarnos esa máscara se siente como un respiro profundo. Un alivio. Ese instante en el que dejamos de pretender y nos permitimos decir: “No estoy bien. Necesito ayuda.”
Ese momento no es un fracaso: es un acto de valentía.
La terapia psicológica existe justamente para eso: para brindarte un espacio donde no tengas que fingir, donde puedas ser completamente tú sin miedo al juicio. Un espacio seguro para hablar de lo que duele, de lo que te preocupa, de lo que te cuesta trabajo poner en palabras. Ahí, tu vulnerabilidad no es una carga; es una puerta de entrada al cambio.
Asistir a terapia no significa que no puedas con tu vida. Significa que eliges cuidarte. Que ya no quieres seguir cargando solo con todo lo que te pasa. Que reconoces que mereces apoyo, comprensión y herramientas para sentirte mejor.
Pedir ayuda no te hace débil; te hace consciente. Y acudir a terapia no es el último recurso, sino un acto de responsabilidad emocional contigo mismo. Es darte permiso de dejar de fingir, de soltar la tensión, y de empezar a construir un bienestar real, no una apariencia.
Si hoy sientes que estás cansado de aparentar, si deseas dejar de sostener algo que ya pesa demasiado, recuerda que no tienes que hacerlo solo. La terapia es un puente entre lo que estás viviendo y la vida que quieres reconstruir.
Y cruzar ese puente puede ser el mayor alivio que te has permitido en mucho tiempo.