23/03/2026
La violencia no siempre es ese ente feroz, cara malvada, atroz, grotesco, ni con una voluntad explícita de destrucción. Puede surgir del dominio, de la manipulación, donde el pensamiento se sustituye por la obediencia.
Muchas veces imaginamos que la violencia es obra de personas sanguinarias, monstruos históricos. Pero en muchas ocasiones la violencia se muestra como una maquinaria completa y al mismo tiempo perturbadora. La violencia no solo se sostiene de individuos crueles, es también gracias a un sistema que calla, silencia, no opina, indiferente, obediente que puede cumplir funciones simples (pero claves) dentro de la violencia.
Es ahí donde el pensamiento se suspende y se sustituye por la obediencia.
Cada uno realiza una tarea parcial dentro de un sistema cuyo sentido se disuelve, ya no interroga, facilita. La violencia se fragmenta en pequeñas operaciones administrativas que parecen "neutras". Nadie siente que hace algo malo, nadie siente responsabilidad total del daño, cada quien ocupa un lugar en este engranaje cuya función se vuelve más importante que las consecuencias que esto provoca.
El sujeto deja de analizar-se, la conducta se disuelve dentro de un sistema, casi casi reglamentado, creado, diseñado "que funciona" y que nadie confronta.
El discurso del Otro se vuelve un problema cuando nadie lo cuestiona, cuando nadie lo razona, cuando la palabra del otro se vuelve un eje para pertenecer, para evitar la angustia terrible de elegir diferente, donde no hay espacio para escuchar, para interrogar o contradecir lo que ya está dicho.
La violencia no solo consiste en unicamente imponer normas, administraciones, estatutos, manuales de comportamientos, consiste en ocupar completamente el lugar de pensamiento del otro, en decirle quién es, que sentir, que desear, que aspirar, que debe hacer sin dejar su propia huella en su ser. Obedecer evita el conflicto, pero ¿a que costo?
Hay una gran dificultad para apropiarse de la propia experiencia. Se trata de sostener nuestro propio espacio, nuestro derecho a pensar sobre nuestra propia experiencia, Pensar no garantiza la Justicia, pero si es el camino para un lugar mas fértil.
Psic. Daniela Santos.
Psicoterapia IncluSer
pienso, digo, hago y siento.
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