26/11/2025
Ya sea cuando trabajé en colegios o desde mi consulta, lamentablemente siempre aparece el niño o la niña que tuvo una conducta sexual “inapropiada”… y de inmediato queda fichado por los adultos como “abusador”.
Y aquí es donde empiezan los errores que después nadie sabe cómo reparar.
Esto es lo que hay que entender:
En la infancia, la conducta sexual es un lenguaje, no una intención moral ⚠️
Cuando un niño toca a otro, podemos estar frente a muchas posibilidades:
🟢Exploración sexual típica, que ocurre entre pares de edad similar, sin coacción, curiosa y desorganizada, como parte del desarrollo normal.
🟡Conducta sexualizada, cuando un niño repite algo que vio, escuchó o presenció, aun sin haber sido víctima directa.
🟠Conducta sexual problemática, cuando hay insistencia, confusión, intensidad, o el niño parece actuar un libreto que no corresponde a su edad.
🔴Repetición traumática, cuando un niño está reproduciendo una experiencia que vivió o no pudo elaborar.
Y en ninguna de estas categorías —NUNCA— corresponde usar la palabra “abusador”.
Porque un niño no tiene estructura sexual adulta, ni intención perversa, ni conciencia de poder sexual sobre otro. Tiene historia. Tiene síntomas. Tiene un origen que nadie está mirando.
Criminalizar a un niño por lo que hace su cuerpo sólo garantiza que nadie se pregunte qué le pasó, qué vio, qué aprendió sin querer, qué le faltó, qué está intentando nombrar.
El trabajo clínico con estos casos no empieza castigando.
Empieza escuchando, contextualizando, evaluando si hubo exposición a violencia, pornografía, descuido, abuso o simplemente falta de educación sexual temprana. Empieza entendiendo que las conductas sexuales problemáticas casi siempre son un síntoma de algo mayor: trauma, negligencia, confusión, o un desarrollo emocional disparejo.
📢Y sobre todo empieza recordando esto:
cuando un niño actúa lo sexual, está pidiendo que un adulto piense por él lo que él no puede pensar todavía.
Por eso criminalizarlos no sólo es injusto.
Es clínicamente absurdo.