10/03/2026
Esporotricosis en caninos y felinos.
La esporotricosis es una infección de curso subagudo o crónico, causada por especies del complejo Sporothrix schenckii, las cuales se encuentran vinculadas al suelo, restos vegetales, madera y diferentes detritus orgánicos. La enfermedad es cosmopolita y se desarrolla comúnmente en los climas cálidos de todos los continentes. Los patógenos que conforman el complejo S.schenckii afectan la piel y linfonódulos; en raras ocasiones afectan los huesos, articulaciones y otros órganos, como los pulmones. Por lo general afectan las extremidades y la cara.
El complejo S. schenckii de la esporotricosis, es un complejo de, al menos, siete especies: Sporothrix albicans, S. brasiliensis, S. mexicana, S. globosa, S. luriei, S. schenckii sensu stricto y S. chilensis.
Las especies del complejo S. schenckii son dimórficas, lo que significa que desarrollan una fase micelial saprofítica a 28 ºC y una fase levaduriforme parasítica a 37 ºC en el hospedero.
La infección se produce por la introducción del agente en la piel previamente dañada y en contacto con la tierra, debido a heridas producidas por espinas, ramas de árboles y de arbustos o por garras y dientes de animales con esporotricosis. Después de su introducción en la piel, el hongo permanece durante 1-12 semanas (según el estado inmunológico del paciente) en el punto de inoculación (esporotricoma o chancro esporotricótico). Puede ocurrir la cura espontánea, dejando una “cicatriz inmunológica”, que se confirma mediante las pruebas intradérmicas con esporotriquina, principalmente en el hombre. El desarrollo de la enfermedad estaría relacionado con factores predisponentes, como por ejemplo la exposición al agente infeccioso, la que debe ser repetida o en grandes concentraciones, la profundidad de la herida y la respuesta inmunitaria del hospedero. Por el contrario, el contacto con escasas cantidades de conidios confiere inmunidad.
Es una enfermedad más frecuente en gatos que en perros (Barros 2011). En los perros, la enfermedad es menos agresiva que en los gatos (Gómez y Guida 2010). Los signos clínicos en ambas especies son inespecíficos y consisten en letargia, inapetencia, fiebre, lesiones cutáneas exudativas y linfadenopatía.
🟣Aspectos clínicos en perros y gatos
La enfermedad presenta un período de incubación variable que va de pocos días hasta 3 meses. Las manifestaciones clínicas están relacionadas con el sitio de inoculación, la carga del inóculo, la respuesta inmunitaria del hospedero y la profundidad del traumatismo. La vía de penetración del microorganismo por inoculación traumática es la más frecuente, seguida por la vía inhalatoria. Generalmente involucra piel y vasos linfáticos adyacentes al sitio de inoculación y la diseminación a otros tejidos está directamente relacionada con la condición inmunológica del animal. Generalmente los perros y los gatos son infectados por conidios que ingresan a través de lesiones en la piel a causa de traumas. A partir de la lesión cutánea, la diseminación linfática es común en gatos y menos común en perros.
🟣Formas clínicas
Clasificación
-Cutánea
-Cutaneolinfática
-Diseminada
En perros y gatos, la forma cutaneolifática es la más frecuente y suele presentarse entre los 7 y 30 días de producido el trauma e inoculación con alguno de los patógenos del complejo. Se observa una pápula indurada de 2-4 cm de diámetro, llamado “chancro de inoculación”. Esta lesión puede progresar y formar nódulos con o sin ulceración, a lo largo de la cadena ganglionar relacionada con el sitio de inoculación. En los perros, la diseminación de la enfermedad es muy rara; suele darse en casos de animales sometidos a tratamientos con corticoesteroides. En los gatos, la enfermedad diseminada se observa en el 50 % de los casos aproximadamente, mientras que el porcentaje restante manifiesta la forma localizada. Las lesiones cutáneas en los felinos contienen una gran cantidad de levaduras, constituyendo un gran problema de salud pública (Ettinger 2004). La forma cutaneolinfática, al ser más frecuente en gatos que en perros, convierte a los gatos en la principal fuente de contagio al ser humano.
🟣Manifestaciones clínicas en felinos
La esporotricosis en felinos es mucho más frecuente que en los perros. Los gatos con mayores probabilidades de contraer la enfermedad son aquellos que están en contacto con el exterior, machos mestizos que, por lo general, no han sido castrados. La principal forma de contagio es a través de peleas, seguido del contacto directo con animales enfermos. Eventualmente puede darse una transmisión iatrogénica. Con frecuencia, las lesiones se presentan en la nuca, cuello y distal de las extremidades. Las lesiones en las extremidades se asocian comúnmente con linfadenitis. Pueden observarse exudado purulento, úlceras y costras en la piel suprayacente. En los gatos se describen áreas extensas de necrosis en las orejas y otitis externa.
En gatos que padecen infecciones por el virus de la inmunodeficiencia felina (VIF), por el virus de la leucemia felina (ViLeF), por bacterias (ehrlichiosis), por protozoos (leishmaniasis) o en los sometidos a tratamientos con inmunosupresores (esteroides o ciclosporina), puede ocurrir una diseminación sistémica. En algunos pacientes se ha registrado la persistencia de infecciones subclínicas durante 65 semanas, hasta el momento no se ha demostrado una correlación directa entre las infecciones VIF , ViLeF y la esporotricosis.
En algunos casos existe compromiso de las mucosas nasal, oral o ge***al y presentación de signos generales como fiebre, decaimiento y anorexia. Las lesiones cutáneas son ulceradas o costrosas y están relacionadas, por lo general, con los linfonódulos superficiales afectados. Pueden observarse exudado purulento y trayectos fistulosos. La forma cutánea diseminada es frecuente en los gatos y no tan frecuente en los perros. Varios autores consideran que la esporotricosis felina debería considerarse como una zoonosis.
Con mayor frecuencia las lesiones se observan en la piel de la cabeza, incluyendo las orejas y el plano nasal, en las mucosas oral y conjuntival y en los miembros torácicos. En el 57 % de los casos se produce diseminación con signos clínicos evidentes. Estos son principalmente respiratorios (44 %), con descarga nasal en el 37 %. Cerca de un tercio de los gatos manifiestan signos cuando tienen fungemia (demostrada mediante hemocultivo). Las lesiones iniciales son papulosas o nodulares profundas, alopécicas e indoloras. Luego pueden observarse erosiones, úlceras, costras y fístulas que drenan un exudado serosanguinolento o purulento, rico en agentes levaduriformes infectantes.
Con menor frecuencia se observan abscesos y lesiones de aspecto verrucoso. A partir del compromiso de los folículos pilosos (foliculitis y furunculosis) puede producirse una paniculitis esporotricótica, una constante en las formas cutáneas de curso prolongado. Cuando ocurre la diseminación, hematógena o linfática, se desarrollan lesiones en distintos órganos (huesos, músculos, intestino, epidídimo, ojo, hígado, bazo, riñón, etc). En estas ocasiones, los pacientes presentan letargia, anorexia e hipertermia. Se pueden observar, en el transcurso de la enfermedad, alteraciones del perfil hematológico o bioquímico sérico (anemia, leucocitosis con neutrofília, hipoalbuminemia, hiperglobulinemia, aumento de enzimas del perfil hepático e hipercreatininemia), las que guardan relación estrecha y proporcional con la cantidad de lesiones cutáneas.
El diagnóstico se basa en una observación directa de extendidos de exudados, previa tinción. Los exudados contienen una gran cantidad de levaduras, lo cual facilita el diagnóstico mediante métodos directos. Esto no sucede en el perro, en el que las lesiones exudativas no presentan una gran cantidad de levaduras.
🟡Manifestaciones clínicas en caninos
La enfermedad es más frecuente en perros en contacto con la naturaleza, en medios rurales o que tienen contacto fortuito con gatos vagabundos y se considera que es de mejor pronóstico que la enfermedad en gatos.
Se manifiesta, la mayoría de las veces, en sus formas cutánea localizada o cutaneolinfática, con la aparición de nódulos firmes y múltiples, a veces con necrosis central. Con frecuencia pueden desarrollarse lesiones verrucosas, fistulizadas y exudativas.
Generalmente las lesiones no son pruriginosas. Cuando se compromete el sistema inmune, lo cual a veces es inducido por fármacos inmunosupresores (iatrogenia), se desarrollan lesiones papulares o nodulares, localizadas principalmente en los miembros.
El agente compromete los vasos linfáticos en forma gradual, originando nódulos secundarios que dan un aspecto de “rosario”. Las lesiones se pueden observar en la cara (periorales o perinasales) cuando se originan en peleas con gatos infectados. Generalmente no hay manifestaciones sistémicas.
En la forma cutánea localizada los nódulos se originan en la puerta de entrada del agente, donde se produce el chancro esporotricósico o esporotricoma. Es más frecuente en los miembros, desde donde asciende y llega a los linfonódulos satélites originando gradualmente lesiones con aspecto de rosario.
Asimismo, se observa linfoadenomegalia. Los exámenes sanguíneos pueden mostrar leucocitosis, neutrofilia, hiperglobulinemia e hipoalbuminemia.
En el perfil bioquímico pueden aparecer alteraciones en la alanino aminotransferasa, la aspartato aminotransferasa, la creatinina y el nitrógeno ureico. Los métodos de diagnóstico empleados son la observación directa del patógeno mediante la toma de muestras de una lesión exudativa.
Esta técnica comúnmente no da buenos resultados por la baja carga de levaduras presente en los exudados. La histopatología, la inmunofluorescencia indirecta y el cultivo son las técnicas más aconsejadas para el diagnóstico de la enfermedad en caninos.
🟡Diagnóstico diferencial
En el diagnóstico diferencial se deben considerar otras enfermedades con signos clínicos similares: tularemia, tuberculosis o micobacteriosis cutáneas, tuberculosis articular y ósea, micetomas, eumicetomas, cromomicosis, leishmaniasis, coccidioidomicosis, blastomicosis y nocardiosis.
🟡Tratamiento
En general, se administran antifúngicos. Los pacientes con esporotricosis cutánea o linfocutánea responden bien al tratamiento con el itraconazol durante 6 meses. Por otra parte, los pacientes que reciben tratamiento con la terbinafina alcanzan un 92% de curación si se lo asocia con itraconazol. En la actualidad, los tratamientos con triazoles se consideran muy efectivos. Sin embargo, ya se han evidenciado múltiples cepas de S. schenckii resistentes a los triazoles.
Autor: Martínez Cepeda GE.
Imagen vía: http://eloncologoveterinario.blogspot.com