01/07/2022
1. Convulsiones por Fiebre.
Las convulsiones por fiebre no dependen de qué tan alta sea la temperatura. Es decir, no tienen más riesgo los peques con 39.5 o 40 grados de temperatura.
Las convulsiones febriles pueden presentarse incluso 24 horas antes o después de la fiebre o con temperaturas tan bajas como 37.6 grados centígrados.
Entonces, ¿de qué depende que mi niño convulsione?
De dos factores:
1. Predisposición genética.
Por lo general, los bebés que convulsionan por fiebre cuentan con algún familiar en primer grado que de pequeño convulsionó por fiebre (madre, padre, primo hermano, etc).
2. De la inmadurez del sistema nervioso central (SNC).
Por eso, se quitan después de los 5 años de edad. Porque el SNC ya maduró. Si un peque tuvo historia de convulsiones febriles y vuelve a convulsionar después de los 5 años de edad, debe estudiarse la causa de las convulsiones (tumor cerebral, meningitis, entre otros).
Los bebés que convulsionan por primera vez por fiebre, deben estudiarse en el hospital para corroborar que no hay una causa distinta a la fiebre que ocasionara las convulsiones. Le deberán tomar estudios de sangre y si se considera necesario, estudios de o***a, líquido del cerebro y estudios de imagen cerebral. Esto lo determinará tanto el pediatra como el neurólogo pediatra.
Menos del 5% de los niños que convulsionan por fiebre necesitan medicamento anticonvulsivante.
Una vez que se determina que el peque presenta convulsiones por fiebre y no hay otra causa, los padres deberán saber qué hacer ante una convulsión (¡todos deberíamos saber!) y controlar la temperatura. Pero aunque se controle la temperatura, puede presentarse la convulsión. No hay que correr al hospital otra vez, sólo informar al pediatra y observarlo.
El tener convulsiones por fiebre no incrementa el riesgo de epilepsia ni daña su cerebro. Son, la gran mayoría de la veces, benignas y sin más motivo de preocupación.
Comprendo el miedo pero en verdad que hay cosas que no podemos evitar; pero siempre podemos acompañar en presencia y cultivar la calma. Estar atentos y saber qué hacer si suceden.
La información empodera. Solo es cuestión de tenerla a la mano.