02/02/2021
Algo moralmente indefendible en la pandemia: la razón.
Todos tienen la razón según su opinión de una forma o de otra. Es un punto de vista personal que lo hace único, que merece respeto, ser escuchado pero ¿qué tanto es válido?
A través de nuestros sentidos creamos una idea, un juicio, un concepto y lo defendemos porque es propio sin embargo el debate se acalora cuando se t**a con una idea diferente o que refuta lo que se está diciendo.
Razones y argumentos sobran ahora con el acceso a la información y las redes sociales; todos tienen derecho a opinar sobre otras ideas y todo lleva a tratar de posicionarse por encima de la opinión externa.
Impotencia, frustración, enojo e incluso odio ante lo contrario o diverso y esto aunado con la ansiedad del "supuesto encierro". La sociedad está dividida en creyentes y no.
Desesperación por una necesidad inexistente. Llamamos necesidad a algo que queremos pero no es tan real si lo percibimos desde una sala de urgencias, por el área económica o laboral sin embargo posicionamos nuestra "necesidad" por encima de la de los demás. Porque es nuestra y ya.
No escuchamos, sólo oímos y explicamos. Exponemos con el objetivo de que nos respeten incluso que lo que decimos es la única verdad; y esto va desde el hartazgo que manejamos en esta época.
¿Qué va a pasar si todo se soluciona? Si hay vacuna, si ya hay camas y personas que atiendan, si se restablece la economía... lo que queda es una sociedad lastimada, ansiosa, desesperada.
Hay que cuidar nuestra mente, nuestras emociones para que cuando todo esté más ordenado, regresemos a socializar respetándonos.