08/02/2026
Durante mucho tiempo se ha repetido la idea de que el amor es solo una reacción química que aparece y desaparece en el cerebro.
La evidencia científica muestra algo más complejo.
Los cambios neurobiológicos participan en la experiencia del enamoramiento, pero no explican por sí solos por qué algunos vínculos se sostienen, se transforman o se rompen.
Desde el análisis funcional de la conducta, el amor también puede entenderse como un patrón de interacciones aprendidas, influido por el contexto, la historia relacional y las consecuencias que mantienen ciertas conductas dentro del vínculo.
Esto nos permite pensar el amor no como algo que “se acaba”, sino como un proceso dinámico que cambia conforme cambian las personas y las condiciones que las rodean.
Comprender estos procesos abre espacio para intervenir, reflexionar y construir relaciones más conscientes y sostenibles.
- Acevedo, B. P., Aron, A., Fisher, H. E., & Brown, L. L. (2012). Neural correlates of long-term intense romantic love. Social Cognitive and Affective Neuroscience, 7(2), 145–159.
- Fisher, H. E., Aron, A., & Brown, L. L. (2005). Romantic love: An fMRI study of a neural mechanism for mate choice. Journal of Comparative Neurology, 493(1), 58–62.
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