01/12/2025
Recién tuve la oportunidad de compartir unos talleres con los sabedores de hierbas en una comunidad en el Pacífico de Colombia, un lugar hermoso ubicado donde se juntan el mar, un río, y una de las selvas mejor conservadas en este planeta. Llamada Coquí, esta comunidad fue fundada hace 200 años por esclavos fugitivos, gente que decidió tomar en sus manos su destino, romper con los límites—literal cadenas—que le imponía el mundo que le rodeaba, y fugar a crear otra vida. Hacer lo prohibido fue el único camino hacia la libertad.
La selva y los ríos ayudaron a esas personas a moverse y les ofrecieron un manto de protección. Crecieron sus familias, llegaron más personas; luego se fundaron otras poblaciones en lo que hoy se llama el Golfo de Tribugá, un corredor importantísimo para mucha vida silvestre y marina. Hoy en día, esta geografía mantienen estas poblaciones en cierto nivel de aislamiento, lo que facilita mantener su conocimiento y sus tradiciones, pero está presente el peligro de desaparición de saberes que este mundo globalizado e interconectado trae consigo a todo rincón.
La distancia física y cultural es inmensa entre ese mundo y yo. De pronto hasta el idioma nos fallaba y teníamos que encontrar otras formas de decir las cosas. Pero cuando nos sentamos alrededor de la mesa del taller, descubrimos un punto de encuentro muy natural: las plantas medicinales. Todxs sabíamos que la sábila sana las heridas; la hoja de coca quita dolores; el sauco es fregón para la gripa; el Orozul (aquí la “Hierba Dulce”) también; el totumo (Guaje cirián) beneficia al pecho; la Santa María de Anís (nuestra “Hoja santa”) ayuda a producir leche materna; y que las mujeres están sufriendo en sus úteros por haber olvidado los cuidados ancestrales de baños y vapores y masajes.
Ellxs son lxs conocedores de las muchísimas plantas en su territorio, yo no. Lo que les compartí fueron algunos procesos de extracción para preparados que faciliten el uso de las plantas. También llegué a decirles, “Donde vivo yo, también habemos personas tratando de conservar esto. Sí se puede…espero.”