13/02/2026
Esta es la historia de un gatito llamado Ollin, que nunca respondió a su nombre y se convirtió en Micho 😺
Llegó en un momento muy nublado de mi vida. En una sesión de terapia, chocó con mi pierna. Y mi psicóloga me pidió que lo adoptara. Lo habían encontrado maltrecho, ciego y con Síndrome de Down. Nadie lo quería adoptar.
Llegó como bendición, al mismo tiempo que llegaron los cuencos a mi vida. Mi guardián.
Un felino que amaba los conciertos de Brandenburgo, lo mismo que las frecuencias solfeggio, que lo derretían como mantequilla. Uno que me acompañó madrugadas interminables de teclas para terminar proyectos, y que aún así se despertaba a las 4 de la mañana a meditar conmigo, impasible y estoico.
Aquel que caminó junto a mí día y noche durante 9 años y que se mudó conmigo 9 veces. Tuvo dos casas favoritas: la que tenía jardín, donde corría como galgo, con la confianza del siguiente paso aún sin ver, y aquella otra en la que salía al patio en tardes de lluvia a jugar y regresar empapado y contento.
El que me esperó paciente después de cada viaje y se chutó todas mis preparaciones para danzas de luna. Ese que le encantaba ser cuenquero y salir a cuadro y saludar a distancia en los videos de pandemia. El que amaba la vibración del gong, equiparable a su ronroneo.
El minino que me vio llorar, reír, dudar, patalear y emocionarme por nuevos horizontes. Y me amó de manera incondicional, como bien sabe su especie. Quien incluso me defendió de gatos pendencieros y maestros de yoga con poca ética.
Aquel que era tan zen, que casi tuvo su podcast llamado "El gato zen".
Mi gatito, mi Ollin, compañero. Mi Micho que me esperó una novena mudanza, se aseguró que llegaba yo a buen puerto, se despidió de mí con una pluma de ave que misteriosamente apareció (igualita a su patita) y continúo su historia volviendo al alma eterna de los gatos un 10 de febrero de 2026, por una falla congénita del corazón, que nunca imaginé porque tenía el corazón felino más grande que he conocido.
Lo siento, perdón, gracias, te amo, mi michito hermoso. Que corras pleno en jardines inimaginablemente bellos, como tú...