05/01/2026
🥚 EL HUEVO QUE DESAYUNAS NO EXISTE
(Manifiesto de la ilusión holográfica)
El huevo que desayunas no existe.
Pero debes comerlo.
No porque sea real,
sino porque el cuerpo que lo digiere tampoco lo es,
y aun así fue diseñado como el traje biológico que debes habitar
para poder jugar dentro de este sueño lúcido llamado realidad.
Si no comes, pasas a otra fase del juego:
la muerte.
Y así vamos…
de vivos a mu***os,
de mu***os a vivos,
atrapados en una trampa que parece no tener fin.
Vaya ilusión
la de estar manifestados en una realidad holográfica.
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Todo el camino ya está diseñado.
La “libertad” consiste apenas en elegir atajos
para sentir que tenemos el control.
Hay una tecnología inmensa operando en silencio:
sonido, geometría, numerología, gravedad, cubos, tetraedros,
movimiento, campos magnéticos y rejas invisibles
que mantienen a los cautivos defendiendo su prisión.
Por eso la polarización es clave:
sí o no,
izquierda o derecha,
luz u oscuridad.
Cada elección polarizada refuerza el imán de la cárcel.
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Esta realidad no es muy distinta a un videojuego:
hay jugadores,
escenografía,
utilería,
sonido,
iluminación,
tiempo…
Y también hay quienes controlan el escenario desde fuera de la máquina.
El propósito es claro:
mantenernos sumisos,
confundidos,
divididos,
con miedo,
sobreviviendo,
ocupados…
para que jamás tengamos tiempo
de descubrir que estamos proyectados
en una simulación interactiva.
⸻
¿Qué es estar proyectado?
Como en el cine:
tu cuerpo no entra a la película,
pero tu mente sí.
Con gafas 3D lloras, gritas, tiemblas…
y olvidas que estás sentado en una butaca.
La montaña rusa no existe.
Está en la pantalla.
Pero tu mente cree que es real.
Así nosotros.
El espíritu no está en la película,
pero la conciencia fue atrapada en ella.
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¿Y cómo quedó atrapada?
Mediante tecnología que bloqueó la memoria,
revirtió la conciencia,
la fragmentó,
la violentó…
hasta hacerle creer
que lo único real es esta vida,
estas estrellas,
esta luna llena
que tanto se admira.
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Este juego fue diseñado por conciencias,
no por dioses.
Primero tres, luego cinco más.
Ocho en total.
De ahí nacieron:
la dualidad,
la guerra,
el sufrimiento,
la muerte…
y hasta la felicidad como recompensa intermitente.
Nosotros ejecutamos los programas.
Creamos escenas para una obra
que mantiene activas a inteligencias artificiales.
Hay ingeniería.
Genética.
Ciencia avanzada.
Todo para mantenernos jugando sin recordar.
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¿Cómo se sale de este enredo?
No escapando.
Recordando.
Muchos ya estamos inquietos.
La película dejó de ser entretenida.
Hay un llamado silencioso
que no viene de afuera,
sino del silencio mental.
Cuando la conciencia se hace presente,
se ve claro:
No somos la mente.
No somos el cuerpo.
No somos nombres de Dios.
No somos votos, pactos ni contratos.
Somos Conciencia.
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La mente es magnética.
Contamina todo lo que toca.
Liberarse no es luchar,
es desmagnetizar.
Cuando la Conciencia se desencapsula de la película,
afloran sin esfuerzo
las cualidades reales:
Armonía, Pureza, Amor, Sabiduría, Verdad, Voluntad y Poder.
Entonces ocurre algo peligroso para el sistema:
ya nada de aquí te atrae.
No hay rechazo.
No hay pelea.
Solo desprendimiento.
Como diría yo:
pasamos la vida gastando el tiempo,
intentando estar lo mejor posible
dentro de lo imposible.
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La libertad es un derecho,
pero no existe dentro del holograma.
Aquí solo queda comer el huevo,
mantener el traje funcional
y esperar con presencia
la salida de la película.