15/12/2025
Diciembre suele traer una exigencia silenciosa:
sentir que algo ya debería estar cerrado.
No solo proyectos o decisiones,
también procesos internos, vínculos, duelos, preguntas.
Como si llegar al final del año sin conclusiones claras
fuera señal de haber hecho algo mal.
Pero no todo lo que sigue abierto es un error.
Hay cosas que no se cierran porque aún están en movimiento,
porque necesitan más tiempo,
o porque no obedecen a la lógica del calendario.
Los rituales pueden acompañar los cierres.
Ordenan, marcan, sostienen.
Solo no carguemos sobre un día
la expectativa de que todo quede definitivamente resuelto.
A veces, cuidar también es permitir
que algunas cosas sigan abiertas.