SER: Energía en movimiento

SER: Energía en movimiento Psicología, Filosofía, Networking. Terapias, Talleres, Cursos. Claudia A. Hernández, psicóloga.

03/04/2026
03/04/2026
01/04/2026

Comportamiento en redes sociales y su impacto en la pareja y relaciones

Psicología aplicada y reflexión profunda para construir vínculos sanos en la era digital

Sumérgete en un curso psicológico riguroso y humano donde se aborda uno de los conflictos más actuales en la vida relacional: la forma en que el uso de redes sociales impacta la confianza, la percepción, la estabilidad emocional y la manera de vincularse.

Este no es un curso para “dejar de usar redes” ni para controlar al otro, sino un espacio de comprensión profunda, responsabilidad emocional y regulación conductual, donde integrarás psicología relacional y análisis del comportamiento para transformar la manera en que te relacionas en entornos digitales.

Aprenderás a comprender por qué las redes sociales activan celos, ansiedad, comparación o necesidad de validación, cómo se construyen estas reacciones y qué procesos psicológicos permiten relacionarte desde la claridad y no desde la inseguridad o el impulso.

Aquí no se patologiza el uso de redes, se comprende como un contexto que amplifica procesos psicológicos que pueden ser observados, regulados y transformados.

Aprenderás a trabajar los vínculos
• Comprendiendo el impacto del comportamiento digital en la relación
• Identificando detonantes emocionales asociados a redes sociales
• Diferenciando percepción, interpretación y realidad
• Reconociendo conductas de vigilancia, control y validación externa
• Comprendiendo el refuerzo intermitente en interacciones digitales
• Regulando la ansiedad por respuesta y la necesidad de disponibilidad
• Construyendo límites digitales claros y funcionales
• Desarrollando confianza y responsabilidad afectiva en el entorno digital

Temario
• Comportamiento digital y vínculo afectivo
• Análisis funcional del uso de redes sociales
• Celos digitales, comparación y percepción distorsionada
• Validación externa y necesidad de reconocimiento
• Conductas de control y vigilancia
• Refuerzo intermitente y enganche digital
• Límites digitales y diferenciación personal
• Ansiedad digital y regulación emocional
• Conflictos recurrentes por redes sociales
• Toma de decisiones en la relación en contextos digitales
• Herramientas psicológicas para regular la conducta digital
• Integración del vínculo desde la responsabilidad afectiva

Incluye
• 4 sesiones en línea de 2 horas
• Clases en vivo con acceso a grabaciones
• Ejercicios de reflexión y trabajo personal
• Material de acompañamiento entre sesiones
• Espacio de preguntas y acompañamiento profesional
• Acceso a comunidad
• Constancia digital de participación

Requisitos
• Disposición para observar tu comportamiento con honestidad
• Apertura para asumir responsabilidad en tu forma de vincularte
• Cuaderno de trabajo personal
• Dispositivo con conexión estable
• Correo electrónico
• WhatsApp activo
No necesitas conocimientos previos.

Información general
📅 Inicio: 22 de mayo 2026
💻 Modalidad: En línea
⏱️ Duración total: 8 horas
4 sesiones

Este curso es para personas adultas que
• Experimentan celos, inseguridad o ansiedad por redes sociales
• Han tenido conflictos de pareja relacionados con interacción digital
• Revisan, suponen o reaccionan ante lo que ven en redes
• Quieren dejar de vivir la relación desde la vigilancia o la duda
• Buscan construir confianza y acuerdos claros en el entorno digital

Impartido por
Claudia Hernández
Psicóloga y escritora

¡CUPO LIMITADO!
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01/04/2026

Las redes sociales forman parte del entorno cotidiano de muchas parejas. No son un espacio neutral. Funcionan como escenarios donde se activan comparaciones, expectativas, validación externa y acceso permanente a terceros. Algunos comportamientos dentro de ese entorno tienden a impactar de forma negativa cuando se vuelven frecuentes o se realizan sin acuerdos claros.

Uno de los más relevantes es la búsqueda constante de validación externa. Publicar contenido con la intención principal de recibir aprobación y atención puede convertirse en una fuente paralela de refuerzo social. Cuando la autoestima depende en gran medida de la respuesta digital, la pareja puede percibir desplazamiento o competencia. Esto activa pensamientos de comparación y amenaza que influyen en la confianza.

Otro comportamiento problemático es la interacción ambigua con otras personas. Comentarios sugestivos, mensajes privados frecuentes o coqueteo encubierto generan interpretaciones que pueden escalar en conflicto. La ambigüedad digital facilita la lectura de mente y la sobregeneralización. Si no existen acuerdos explícitos sobre límites, cada conducta puede adquirir un significado distinto para cada miembro.

La vigilancia constante también tiene impacto. Revisar historias, conexiones y actividad en línea con la finalidad de confirmar sospechas puede reducir ansiedad momentánea, pero fortalece la rumiación y la desconfianza. Esta conducta se mantiene porque alivia temporalmente la incertidumbre, aunque a largo plazo incrementa la tensión relacional.

La exposición pública de conflictos es otro factor sensible. Publicar indirectas, frases pasivo agresivas o detalles íntimos de discusiones traslada el problema a un escenario social más amplio. Esto puede generar humillación y resentimiento. El conflicto deja de ser un asunto privado que puede resolverse en diálogo y se convierte en un acto performativo frente a terceros.

También influye la comparación constante con otras parejas. El consumo reiterado de imágenes idealizadas puede activar pensamientos automáticos de insuficiencia. Si estos pensamientos no se regulan, pueden traducirse en exigencias poco realistas hacia la relación. La pareja real termina compitiendo con una narrativa editada y cuidadosamente filtrada.

El uso del teléfono como forma de desconexión durante el tiempo compartido impacta la calidad del vínculo. La atención fragmentada reduce la sensación de presencia y de prioridad. A nivel conductual, la falta de contacto visual y escucha activa debilita señales de cercanía que fortalecen el apego.

El elemento central no es la plataforma, sino el patrón que se repite. Cuando las redes se convierten en espacio de validación paralela, ambigüedad relacional, vigilancia o exposición de conflictos, aumentan las probabilidades de malestar. En cambio, cuando se utilizan con acuerdos claros, respeto por límites y regulación emocional, el impacto tiende a ser menor.

La clave está en cómo cada conducta digital se integra al sistema relacional. Las redes amplifican dinámicas previas. Si hay confianza y comunicación abierta, el entorno digital se gestiona con mayor claridad. Si existen inseguridades no trabajadas, ese mismo entorno puede intensificarlas. La diferencia la marca la regulación y la coherencia entre valores relacionales y comportamiento en línea.

Psic. Claudia Hernández

01/04/2026

Hablar de Dios, de la fe, de la espiritualidad y de la religión implica entrar en un terreno donde se cruzan preguntas sobre el sentido, el origen y el lugar del ser humano en el mundo. No todos parten del mismo punto ni llegan a las mismas conclusiones, pero sí comparten una inquietud que atraviesa la historia del pensamiento.

La idea de Dios ha sido pensada de muchas maneras. Para algunos es una realidad trascendente que fundamenta la existencia. Para otros es un concepto que expresa límites del conocimiento o necesidades humanas. Tomás de Aquino desarrolló argumentos para pensar a Dios como causa primera y fundamento del ser. Siglos después, Baruch Spinoza propuso una comprensión distinta donde Dios no está separado del mundo, sino que coincide con la totalidad de la realidad. Estas diferencias muestran que no hay una única forma de pensar lo divino, sino múltiples intentos por darle sentido.

La fe no es simplemente aceptar algo sin cuestionarlo. Tiene más que ver con una forma de confianza que orienta la manera de vivir. Puede sostener decisiones, dar coherencia a la experiencia y ofrecer un marco de sentido. Søren Kierkegaard describía la fe como un salto que no elimina la duda, sino que convive con ella. No se trata de certeza absoluta, sino de una relación personal con aquello que se considera significativo.

La espiritualidad suele referirse a la experiencia individual de búsqueda, a la forma en que cada persona se relaciona con lo que percibe como trascendente o valioso. Puede existir dentro o fuera de una religión. La religión, en cambio, organiza esa experiencia en prácticas, tradiciones y comunidades. Establece formas compartidas de comprender el mundo, de celebrar, de recordar y de orientar la conducta.

El problema aparece cuando estas dimensiones se rigidizan y se convierten en sistemas cerrados que no admiten revisión. Friedrich Nietzsche advertía que ciertas formas de religiosidad pueden volverse dogmáticas y limitar la capacidad de cuestionar. El fanatismo religioso surge cuando una creencia se absolutiza y se impone como única válida, dejando de lado el diálogo y la posibilidad de pensar distinto. En ese punto, la fe deja de ser una relación personal y se transforma en una herramienta de exclusión o confrontación.

Para quien cree, la filosofía puede ofrecer herramientas para profundizar su comprensión, evitando reducir la fe a repetición o a consigna. Para quien no cree, permite analizar estas ideas sin necesidad de adoptarlas, reconociendo su peso cultural, histórico y existencial. En ambos casos, el pensamiento filosófico abre un espacio donde estas cuestiones pueden abordarse con mayor cuidado, sin simplificarlas ni cerrarlas de forma apresurada.

Pensar estos temas no resuelve todas las preguntas, pero sí cambia la manera de habitarlas. Permite distinguir entre creer, comprender y justificar, entre vivir una convicción y convertirla en imposición. En esa distinción se juega la posibilidad de una convivencia donde las diferencias no se vivan como amenaza, sino como parte de la complejidad de lo humano.

Psic. Claudia Hernández

Dirección

Mexico City

Teléfono

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