05/01/2026
La ghrelina es una hormona peptídica conocida como la “hormona del hambre”, fundamental en la regulación del apetito, el balance energético y la homeostasis metabólica.
La ghrelina se produce principalmente en el estómago, especialmente en las células X/A del fundus gástrico (≈70–80%), en menor proporción en el intestino delgado, páncreas, hipotálamo, hipófisis y otros tejidos periféricos.
La ghrelina cumple múltiples funciones:
1. Estimulación del apetito al actuar sobre el hipotálamo, especialmente en el núcleo arcuato.
2. Regulación del balance energético, favorece la ingesta calórica y promueve el almacenamiento de energía, disminuyendo el gasto energético.
3. Es uno de los principales estímulos periféricos para la liberación de GH a nivel hipofisario.
4. A nivel metabólico: Disminuye la oxidación de grasas, puede reducir la sensibilidad a la insulina en ciertos contextos y modula la glucemia durante periodos de restricción energética.
5. Adicionalmente influye en la motilidad gastrointestinal y tiene efectos sobre la función cardiovascular, la neuroprotección y la respuesta al estrés.
Los niveles de ghrelina aumentan antes de las comidas, generando la señal anticipatoria de hambre y descienden rápidamente tras la ingesta, especialmente después de comidas ricas en proteínas.
Durante el ayuno, la ghrelina aumenta de forma progresiva, alcanzando picos que estimulan la conducta alimentaria, en ayunos prolongados, su papel se integra con otras hormonas como cortisol, glucagón y leptina (esta última disminuye).
En resumen: La ghrelina es una hormona clave en la comunicación entre el tracto gastrointestinal y el cerebro, actuando como un sensor del estado energético del organismo. Su aumento durante el ayuno y su disminución tras la alimentación la convierten en un regulador central del hambre, la ingesta y las adaptaciones metabólicas asociadas a la disponibilidad de nutrientes.