10/04/2026
En terapia, a veces las personas llegan de una o de otra manera con estas preguntas, sobre todo en crisis. Muchas otras veces las personas llegan ya con concepciones a priori (esquemas) sobre lo cual guian su vida, sin cuestionarlo, a pesar que le produzca problemas en su vida diaria.
Kant es alguien que pensó mucho. En esa parte de la Crítica de la razón pura que no se suele leer, pero que yo recomendaría que fuera la primera que se leyera, el apéndice final sobre la «Doctrina del método», encontramos a Kant sin academicismos, haciendo lo que él llamaba Weltweisheit, «sabiduría mundana», de la calle, la de todos. Hay en ese contexto un momento en que se pregunta: el ser humano que filosofa, ¿qué busca al filosofar? Y responde que son tres las grandes preguntas que nos acucian: «¿qué puedo saber?, ¿qué debo hacer?, ¿qué me es lícito esperar?».
Al ¿qué puedo saber? intenta responder con la Crítica de la razón pura. Que algo sé es indudable; al menos que yo existo, diría Descartes. A partir de ahí el mismo Descartes empezaría a reconstruir el edificio de un saber «dogmático». Pero el problema es para Kant si puedo saber tanto como eso... Vendrá Hume a despertarlo de ese sueño. Quizá no puedo saber lo que soñaba saber: ése es su mensaje. Que existo, sí, que hay por aquí ciertas cosas en mi conciencia a mi alrededor también... ¿Que el sol saldrá mañana? Bueno, eso ya, saber lo que se dice saber..., no lo sé. (Así Hume.) ¿Qué puedo saber? El «puedo» es esencial en el temperamento crítico de Kant. No es que no quiera un saber sistemático, querría hacerlo algún día; pero por lo pronto hay que asegurarse de hacerlo bien, porque, si no, se cae en el ridículo que estamos viendo, de muchos sistemas que se contradicen unos a otros. «¿Qué puedo saber?» es la pregunta crítica teórica. Muchos dirán: «Pues ya está...». No. A Kant le importaban también, y quizá más, las otras preguntas:
¿Qué debo hacer? El «debo» kantiano se nos hace a veces un poco antipático, menos contemporáneo... ¿Qué quiso decir Kant con su «debo»? En todo caso, hay algo mucho más claro donde le habremos de dar razón. Antes de pensar o hacer teorías, tenemos que actuar. Al salir de aquí algo tendremos todos que hacer. Actuamos a diario. Y hay momentos en que surge una duda. Puedo hacer varias cosas. No sé cuál. La pregunta práctica no es menos importante que la teórica. Y nos hace falta para iluminar la actuación. Nada tan práctico como una buena teoría, si ilumina, si no se aleja de la práctica. Porque, en definitiva, nos podemos dispensar de pensar, hasta cierto punto, pero no nos podemos dispensar de actuar. Sólo en el sepulcro...
Pero ¡atención! que aún hay más. Al actuar tenemos una meta, esperamos algo. ¿Qué me es lícito esperar? Es la tercera pregunta kantiana, inseparable de la anterior. Cuando actúo es que espero algo. Siempre esperamos algo inmediatamente y algo a largo plazo... Si algo falla y no se cumple la expectativa, nos sorprende. Pero si dilatamos más la pregunta, veremos que el horizonte de la expectativa (dejemos en reserva la palabra esperanza) es enorme. Si actuamos y nos proponemos algo y nos preguntamos qué debo hacer es porque tenemos expectativas y esperamos alcanzar algo. Y finalmente, ¿qué espero?, ¿algo para mí?, ¿para los míos?, ¿para todos?... Ante los conflictos en la Humanidad, de cara al siglo XIX, ¿qué esperamos?
Tomado de "Diez lecciones sobre Kant", de José Gómez Caffarena.