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Cowap México El Comité de Mujeres y Psicoanálisis –COWAP- busca divulgar todo lo relacionado con el psicoan?

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19/04/2026

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🟥 | La violencia que se organiza: capitalismo, patriarcado y la “academia” del abuso

La reciente investigación de CNN no revela algo completamente nuevo, pero sí lo expone con una crudeza difícil de ignorar, hay hombres organizándose en comunidades digitales para compartir técnicas sobre cómo drogar, violar y violentar a mujeres. No se trata de un caso aislado. No son “monstruos individuales”. Es algo más incómodo, es un fenómeno social de crimen organizado.

Al nombrarlo como una especie de “academia” no es una exageración sensacionalista; es una descripción precisa de cómo opera la violencia cuando deja de ser un acto individual para convertirse en práctica colectiva, compartida y perfeccionada.

Y esto no ocurre solo en los rincones oscuros de internet. Casos como el de Gisèle Pelicot en Francia lo evidencian con brutal claridad: durante años, su propia pareja organizó encuentros en los que decenas de hombres participaron en su violación mientras ella se encontraba inconsciente. No fue un acto individual, sino una violencia sistemática, repetida y compartida entre múltiples agresores, muchos de ellos hombres “comunes”, integrados en la vida cotidiana.

Pero aquí vale la pena detenerse y pensar en ¿qué tipo de sociedad produce esto?

Silvia Federici ha insistido en que la violencia contra las mujeres no es un residuo del pasado, sino una condición estructural del capitalismo, necesaria para sostener relaciones de dominación, control del cuerpo y reproducción social. No es casual que muchas de estas agresiones ocurran dentro de relaciones afectivas o domésticas: ahí donde el sistema espera que las mujeres cuiden, sostengan y reproduzcan la vida, también se instala la violencia.

Por su parte, Rita Segato plantea algo aún más inquietante: la violación no es un acto de deseo sexual, sino un acto de poder, de pedagogía de la crueldad. Es decir, no solo daña a una persona, sino que envía un mensaje colectivo: quién puede ejercer poder y quién debe temerlo.

Cuando estos hombres intercambian consejos en foros, cuando documentan y comparten agresiones, están haciendo exactamente eso; construyendo una pedagogía, una forma de enseñanza donde la violencia se normaliza, se legitima y se perfecciona.

Ahora bien, si miramos esto desde una perspectiva de clase, el problema se amplía. El capitalismo digital ha creado espacios donde todo puede convertirse en mercancía: el tiempo, la atención… y también los cuerpos. La lógica de acumulación no se detiene frente a la ética. Plataformas que lucran con el tráfico, algoritmos que priorizan el engagement, estructuras que miran hacia otro lado mientras haya interacción.

Aquí resuena la crítica de Shoshana Zuboff sobre el “capitalismo de la vigilancia”: un sistema que no solo recolecta datos, sino que también permite (y en ocasiones incentiva) dinámicas profundamente deshumanizantes si estas generan circulación y consumo.

Pero sería un error reducirlo todo a las plataformas. Estas redes existen porque hay una base material y cultural que las sostiene. Como diría Karl Marx, las condiciones materiales de existencia moldean la conciencia. Y en una sociedad donde la desigualdad, la cosificación y la violencia son parte del tejido cotidiano, estas “comunidades” no surgen de la nada; son una expresión coherente del orden social.

Eso no las justifica. Pero sí nos ayuda a explicarlas y comprenderlas.

Por lo que, explicarlo implica asumir que la violencia sexual no es una desviación marginal del sistema. Es una de sus formas de funcionamiento y mantenimiento.

Frente a esto, el feminismo no solo denuncia, también incomoda porque politiza lo que se quiere mantener como privado. Nos obliga a mirar más allá del individuo y preguntarnos por las estructuras. ¿Qué tipo de masculinidad se está produciendo? ¿Qué relaciones de poder se están reproduciendo? ¿Qué intereses económicos permiten que esto exista?

La indignación es necesaria, pero insuficiente si no se traduce en una crítica más profunda. Porque mientras sigamos pensando que el problema son “unos cuantos enfermos”, evitamos ver lo esencial:

no es un fallo del sistema, es una consecuencia de él.

Y ahí, precisamente ahí, es donde empieza la verdadera discusión.

Fuente: https://edition.cnn.com/interactive/2026/03/world/expose-rape-assault-online-vis-intl/index.html

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12/04/2026

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La antropóloga Rita Segato advierte que existe un patriarcado de baja intensidad y otro de alta letalidad impuesto por la colonización y el capitalismo. La diferencia marca el destino de las mujeres.

Por Redacción Nota Antropológica

A Rita Segato le preguntaron una vez en una cárcel de Brasil. Un hombre condenado por violación, sentado frente a ella, confesó algo que ningún informe policial recoge: “Yo tenía esposa, novias, iba al bu**el con mis amigos. Si no necesitaba una mujer, ¿por qué violé?” Esa pregunta, incómoda y sincera, se convirtió en el punto de partida de una investigación que duraría décadas. La antropóloga argentina no encontró respuestas en los manuales de psicología ni en las estadísticas oficiales. Las encontró, en cambio, observando el funcionamiento del poder en una de sus formas más antiguas.

Segato distingue dos formas de patriarcado. La primera es de baja intensidad. Esta ocurre en sociedades organizadas bajo una lógica comunitaria, donde la jerarquía entre hombres y mujeres existe, pero el espacio doméstico conserva su peso político. La otra, la que ella llama de alto impacto, es producto de la colonización y se profundiza con el capitalismo actual. Esta segunda forma no solo subordina sino que también destruye. La primera somete; la segunda literalmente aniquila. La primera hasta cierto punto todavía convive con la reciprocidad, perola segunda instala la crueldad como método de enseñanza.

Para entender esta diferencia, hay que irnos un poco más atrás. Su análisis parte de su propio trabajo de campo durante los años setenta en comunidades de religión afrobrasilera en Recife, y luego de una década de colaboración con la Fundación Nacional del Indio en Brasil, donde realizó talleres con mujeres indígenas de todas las regiones del país. Lo que observó allí fue una estructura dual del género: los espacios masculino y femenino eran jerárquicos (los hombres tenían más prestigio público), pero ambos mantenían su propia politicidad.

El espacio doméstico no era privado ni íntimo como hoy lo entendemos, sino un territorio atravesado por la mirada colectiva de la comunidad, donde las mujeres deliberaban y sus opiniones incidían en las decisiones generales. Además, Segato documentó lo que llamó "transitividad de género", es decir, la posibilidad de circular entre posiciones femeninas y masculinas, algo que la colonial-modernidad clausuró al imponer un binarismo rígido. En esas sociedades existía un patriarcado, sí, pero de baja intensidad: jerárquico pero no letal, con mecanismos comunitarios de protección que se perdieron con la conquista y la instauración del Estado republicano criollo.

Esa mutación se llama patriarcado de alta intensidad y sus efectos se ven hoy en las cifras de feminicidios en América Latina, en la trata de personas, en la violencia paraestatal que controla barrios enteros. Segato lo explica con una imagen que repite en sus conferencias: el cuerpo de la mujer dejó de ser un territorio que se anexa en la guerra, como ocurría en los conflictos convencionales. Ahora es el campo de batalla. La violación no es un acto sexual. Es un mensaje. Se dirige a los pares del agresor, a la hermandad masculina, para demostrar lealtad y potencia. La víctima es un medio, no un fin.

Este fenómeno ocurre hoy en México, en Guatemala, en Honduras, en Brasil, en Argentina. Ocurre en las periferias de las grandes ciudades y en las rutas de la migración. Ocurre cada vez que un cuerpo femenino aparece en un basurero, con marcas de tortura. No son crímenes pasionales, desde luego, a veces son crímenes del poder y la impunidad que los rodea no es un descuido del Estado. Es su otra cara. Segato habla de una “segunda realidad”, una esfera paraestatal que opera en paralelo a la ley, con sus propias economías ilegales y sus propias fuerzas de seguridad. Esa esfera necesita de la crueldad para sostenerse. La crueldad se convierte así en una pedagogía que enseña a la sociedad a mirar sin sentir.

¿Qué implica esto para la vida cotidiana? Que la violencia contra las mujeres no es un problema de pareja, ni un desborde emocional, ni un hecho aislado. Es el síntoma de una estructura que sostiene todas las demás dominaciones: la racial, la colonial, la económica. Por eso, cuando un gobierno avanza en derechos para las mujeres pero al mismo tiempo genera extractivismo o militarización, algo falla. No se puede desmontar el patriarcado de alto impacto solo con leyes. Se necesita, dice Segato, desmontar el mandato de masculinidad. Esa exigencia que pesa sobre los hombres desde la infancia: la obligación de probar su hombría mediante la fuerza, la distancia emocional y la capacidad de causar daño.

La antropóloga propone luchar dentro del Estado, pero también fuera. Reconstruir tejidos comunitarios donde la mirada colectiva vuelva a proteger. Recuperar la politicidad del espacio doméstico. Aprender de las mujeres que en los pueblos originarios aún conservan formas de organización que el capitalismo no ha logrado disolver. No se trata de idealizar el pasado. Se trata de entender que existen otros proyectos históricos, otras formas de buscar la felicidad que no pasan por la acumulación de cosas, sino por la solidez de los vínculos.

Rita Segato, condensa esta forma de entender la realidad en libros como “La guerra contra las mujeres” y “Contra-pedagogías de la crueldad” y Advierte que la fe en el Estado puede ser una trampa. Muestra que los avances legales no siempre se traducen en vidas salvadas y señala una que mientras más leyes se escriben para proteger a las mujeres, más cuerpos aparecen en fosas. Eso no significa que haya que abandonar la lucha institucional más bien hay que ampliarla.

El hombre en la cárcel de Brasilia no encontró una respuesta para su propia pregunta. Segato, en cambio, sí la encontró, pero no la guardó en un cajón de su cubículo, la llevó a tribunales internacionales, a peritajes sobre genocidio en Guatemala, a talleres con mujeres indígenas en el Amazonas. La convirtió en una herramienta para nombrar lo que antes no tenía nombre.

¿Y tu, alguna vez sentiste que la violencia que ves en las noticias no es un hecho aislado, sino el reflejo de algo más grande que todavía no sabemos cómo nombrar?

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07/04/2026

Trabajo libre Autora: María Teresa Calabrese Comentan: Virginia Ungar - José Sahovaler Conduce: Susana Lentino Actividad online Exclusiva pobl...

No lo olviden: este próximo viernes 20 de marzo les esperamos para dialogar acerca del divorcio
18/03/2026

No lo olviden: este próximo viernes 20 de marzo les esperamos para dialogar acerca del divorcio

El grupo de estudios de COWAP México y APM te invitan, con motivo del día internacional de la mujer, al Conversatorio, donde analizaremos la película “Historia de un matrimonio”, una mirada desde lo legal en medio de las vicisitudes del divorcio. Regístrate: https://bit.ly/CONVERSA20 , el 20 de marzo a las 19 hrs. Evento sin cargo vía Zoom para todo público. Por favor, ver antes la película.

10/03/2026

El grupo de estudios de COWAP México y APM te invitan, con motivo del día internacional de la mujer, al Conversatorio, donde analizaremos la película “Historia de un matrimonio”, una mirada desde lo legal en medio de las vicisitudes del divorcio. Regístrate: https://bit.ly/CONVERSA20 , el 20 de marzo a las 19 hrs. Evento sin cargo vía Zoom para todo público. Por favor, ver antes la película.

08/03/2026
Mujeres Psicoanalistas presentan: pensando la condición del género femenino. Próximo martes 10 de marzo, 17:15 horas CdM...
08/03/2026

Mujeres Psicoanalistas presentan: pensando la condición del género femenino. Próximo martes 10 de marzo, 17:15 horas CdMx vía Zoom. Les esperamos.

08/03/2026

Por varios años, he escrito algún poema sobre el 8 de marzo. Este año, sin embargo, no entré en estado poético. No me sale la poesía en este tiempo en que estamos, pero escribí sobre eso, sobre este díficil 8 de marzo. Aquí se los comparto:
Difícil despertar como mujer al 8 de marzo de 2026.
Las guerras son especialmente crueles con las mujeres.
Las guerras desatan la agresividad, normalizan la violencia que mata, las armas que destruyen y asesinan a control remoto.
No es necesario pensar en armas de destrucción masiva porque con las que existen y están en poder de quienes las justifican, la destrucción es masiva.
Nos despertamos en un mundo donde en los últimos años hemos visto convertir Gaza en tierra arrasada; hemos visto los gritos de quienes sacan a sus hijos, esposos, esposas, de las casas derruidas por las bombas; hemos visto los cuerpos enclenques y desnutridos de los niños, los hemos visto perder piernas, brazos, manos. Hemos visto soldados afinar la puntería y disparar a quienes se acercan a pedir la poca comida que el ejército deja entrar a sus campamentos de eternos refugiados.
En Ucrania, hay guerra en los frentes, pero Rusia lleva la guerra a las ciudades con drones y misiles que, en cualquier momento, pueden caer donde menos se espera. Los civiles, las escuelas, los hospitales se han convertido en blancos; la población de ciudades, lejanas al escenario de guerra, sufre la tecnología que permite matar apretando botones, sin correr riesgos.
En los Estados Unidos, tras toda una vida de migraciones aprovechadas para el enriquecimiento de muchos, tras el discurso de grandeza por acoger las masas al sueño americano, una casta de poderosos los extrae de su suelo como mala hierba, los arranca de sus familias, los maltrata y hasta mata con su impulso de “limpiar” el país de indeseables. Hombres y mujeres recién llegados al poder, en nombre del cristianismo, de luchar contra ideas y decisiones que estorban su visión de una blanca supremacía y una utópica familia, se alinean detrás de un presidente sin compasión, un negociante sin freno, que desafía las leyes y la Constitución de su país. Ese presidente decide a quien quita y pone en la política mundial. Usa el poder de fuego más consolidado y mortal del planeta y lo lanza sin importar a quien afecte, llevando la guerra donde se le antoja. La guerra en Irán, ¿dónde se detendrá?
Despertamos a un mundo frenético y sin compasión.
Despertamos a una mentalidad cada vez más decidida a que se recupere el estatus quo donde nosotras volvemos a ser ciudadanas de segunda clase; donde otros deciden sobre nuestra libertad, sobre nuestros cuerpos. La propaganda, el odio, han convertido nuestras demandas de respeto, de que nos dejen de matar, de que se nos permita participar en la sociedad, en argumentos para denunciar y denigrar la lucha del feminismo. Se trata de presentar el feminismo como una amenaza y las mujeres valientes y fuertes como peligrosas y deleznables, las culpables de que haya vuelto a encenderse dentro del hombre el miedo a ser desplazado; de que jóvenes encuentren en los autoritarismos crecientes un refugio para sus masculinidades amenazadas.
Despertamos a un mundo hostil e incierto.
Lo que nos sucede, los abusos que sufrimos, el retroceso que sentimos nos alerta sobre la responsabilidad que tenemos de mantenernos fuertes, de amparar y ampararnos, de no permitir que el tiempo vuelva a ser el de antes. No podemos admitir el regreso a la docilidad, a la oscuridad, a la invisibilidad. No neguemos nuestra esencia recurriendo a la agresividad, a masculinizarnos en nombre del feminismo. Hacer del otro signo un enemigo es aceptar también otra guerra, una en la que ni ellos, ni nosotras, ganaremos.
Creo que portamos un potencial de empatía y de vida que, ahora más que antes, es esencial para marcar otro derrotero; uno que nos proteja del odio, de la maldad, de todos esos horrores que van debilitando la capacidad del ser humano para la compasión, la belleza, y la solidaridad.
Aún en este sombrío ocho de marzo no nos olvidemos de celebrarnos y reiterar la necesidad de defender el humanismo, la palabra, el respeto. Saludemos la promesa de que es posible engendrar del caos, la invencible esperanza.

04/03/2026

🗓⏰📍Este viernes 6 de marzo a las 12:00 hrs., en el auditorio Antonio Peña, tendrá lugar nuestro seminario institucional sobre “¿Tiene género la neurociencia? Androcentrismo y sus consecuencias en la investigación neurocientífica”, será impartido por la Dra. lu Ciccia, del CIEG UNAM.

¡No te lo pierdas!

03/03/2026

💜✨ En el marco del Día Internacional de la Mujer disfruta de lunes a viernes a las 14:00 h, de:

👩✊ Mujeres al frente

Una serie documental que narra la historia de mujeres de diversos perfiles, que abordan temas como la igualdad de género y derechos humanos.
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