Endocrinólogo Dr. Israel Vazquez Cruz

Endocrinólogo Dr. Israel Vazquez Cruz Médico endocrinólogo especialista en enfermedades hormonales y del metabolismo.

31/12/2025

Una ventana

Creo en la salud.
Creo en la familia.
Creo en el compromiso.

Y también creo —como enseñaba Hipócrates—
que “la medicina es el arte de curar a través de los contrarios”.
Porque nada es absolutamente bueno o malo:
solo saludable o no, según el momento y el equilibrio.

Por eso, a veces, necesito una noche solo conmigo.

No huyo de nadie cuando me desvelo.
No traiciono ningún amor.
No rompo lo que sostengo.

Solo abro una ventana.

Recuerdo un estudio que leí al inicio de mi formación:
jóvenes que nunca habían desvelado su cuerpo,
y cómo una sola noche sin dormir
desajustaba su cortisol durante días.
El cuerpo tardaba en volver…
pero volvía.

Y si la vigilia se repetía,
no se rompía:
aprendía.
El ajuste se hacía más corto.
Más plástico.
Más humano.

Romper el ciclo circadiano una vez cada tanto
no siempre es descuido;
a veces es reinvención.
Un espacio nocturno donde el pensamiento camina sin reloj
y el cuerpo recuerda que no es solo disciplina,
también es adaptación.

Antón Chéjov, médico y escritor, lo dijo con una honestidad luminosa:
“La medicina es mi esposa, y la literatura mi amante;
cuando me canso de una, paso la noche con la otra.”

No es traición.
Es equilibrio.
Es una forma elegante de seguir fiel a ambas.

Hay noches bohemias que no enferman,
ordenan.
No quitan energía: la redistribuyen.

Y al amanecer,
cierro la ventana,
vuelvo a la vida que amo,
un poco más despierto por dentro.

22/12/2025

La endocrinología y la luna

Hay noches en que el cuerpo recuerda lo que la mente ha olvidado.
No en palabras, sino en pulsos.
En ritmos que no se explican, pero se sienten.

Antes de que existiera la endocrinología,
las civilizaciones antiguas ya lo sabían:
el cuerpo es un templo de ciclos.

Los mayas sembraban mirando la luna.
Los egipcios confiaban a Isis la regeneración de la vida.
Los griegos observaban a Selene cruzar el cielo
mientras Hipócrates advertía que la enfermedad nace
cuando olvidamos el ritmo natural.

No era magia.
Era atención.
Era respeto.

Hoy la ciencia nos confirma que las hormonas danzan,
que la luz y la oscuridad ordenan el sueño,
que el estrés rompe lo que la paciencia repara.
La endocrinología lo mide.
La luna lo recuerda.

Y entonces aparece una verdad incómoda y luminosa a la vez:
estar sano es simple.
Respirar. Dormir. Comer. Moverse.
Escuchar.

Pero ser simple es lo verdaderamente difícil.

Porque ser simple exige valentía.
Exige renunciar al ruido,
a la prisa,
a la ilusión de controlarlo todo.

Ser simple es un acto rebelde.
Un reto para valientes.

Es empezar, poco a poco,
a enamorarse de la luna sin pedirle explicaciones,
de las estrellas sin querer poseerlas,
del universo sin intentar dominarlo.

Es aceptar que no siempre toca brillar,
que también hay fases de sombra fértil,
y que en ellas el cuerpo no falla:
se prepara.

Sanar, entonces, no es complicar la vida,
es despojarla.
Quitar lo que sobra.
Volver al pulso esencial.

Tal vez por eso mirar el cielo nos calma.
Porque frente a la luna y las estrellas,
el cuerpo recuerda algo que siempre supo:

Que estar vivo no es una lucha constante,
sino una danza humilde
con algo infinitamente más grande.

Y que quien se atreve a vivir así —
simple, atento, enamorado del ritmo del universo—
no solo sana el cuerpo…
se reconcilia con la vida.

22/12/2025

La endocrinología y la luna

A veces pienso que el cuerpo se parece mucho a la luna.
No siempre se muestra completo.
No siempre brilla igual.
Pero nunca deja de estar ahí.

La endocrinología me enseñó a medir,
pero la vida me enseñó a escuchar.
Y cuando escucho de verdad,
descubro que el cuerpo no vive de cifras,
vive de cuidados.

Las hormonas son cartas de amor diminutas.
Mensajes que el cuerpo se envía para decirse:
despierta,
descansa,
resiste un poco más,
ya es momento de soltar.

La luna entiende ese lenguaje.

No manda, no exige, no acelera.
Solo acompaña.
Como quien se sienta a tu lado en silencio
cuando no sabes explicar lo que te duele.

Hay noches en que el sueño es frágil,
en que las emociones están más cerca de la piel,
en que el corazón late con recuerdos.
Y entonces la luna aparece,
no para curarnos,
sino para recordarnos que sentir también es parte de estar vivos.

El cortisol sube y baja.
La melatonina nos cubre como una manta suave.
El cuerpo femenino crea y despide ciclos con una dignidad antigua.
Nada de eso es debilidad.
Todo eso es sabiduría.

La endocrinología nombra lo que pasa.
La luna lo sostiene.

Y quizá sanar sea eso:
no forzar al cuerpo a obedecer,
sino permitirle ir a su ritmo.
Con paciencia.
Con respeto.
Con ternura.

Porque incluso cuando estamos en nuestra noche más oscura,
el cuerpo —como la luna—
sabe que volverá a crecer la luz.

22/12/2025

La verdadera sabiduría no embelesa,
aquieta.

No seduce,
acompaña.

Y cuando es auténtica,
no pide quedarse:
deja herramientas para caminar solo.

A petición de David Rodríguez les vuelvo a compartir el video del sol, en que........ no era el alcohol, era la tiroides...
03/12/2025

A petición de David Rodríguez les vuelvo a compartir el video del sol, en que........ no era el alcohol, era la tiroides!

03/12/2025

Entrega 3. Cierre del capítulo 1.
La lección inesperada
Un día, una paciente de 27 años —rápida, ansiosa, siempre persiguiendo el reloj—
me dijo una frase que aún me acompaña:
“Doctor, no sabe cómo me gustaría ser tan lenta como usted…
y estar tan tranquila como usted.”

No esperó mi respuesta; tenía prisa.
Pero hoy, desde aquí, le digo a ella y a todos quienes sienten que nunca alcanzan:
sí se puede estar en paz., y lo digo yo que en medio de una profunda depresión viví un intento de suicidio a los 14 años por ansiedad.
No es un don: es una práctica.
Y como todo en la vida, se fortalece con constancia y honestidad.

Regresar a casa

A veces recuerdo esa frase anónima:
“Ya entendí el sentido de la vida… y era para el otro lado.”
Y me río, porque tras 40 años de vida tuve que aprender a girar, y entendí que....... era para el otro lado.

Durante años pensé que avanzar era acelerar, producir, sostenerlo todo.
Pero la vida —y mi propio cuerpo— me enseñaron que también se crece
al detenerse,
al escuchar,
al sentir.

Decir “me canso”, “me duele”, “no sé”, “yo también enfermo”
no me quita autoridad.
Me devuelve humanidad.
Y desde ahí, justamente ahí, nace la verdadera fuerza.

Sanar ya no significa luchar contra mi biología,
sino escucharla con ternura.
Es honrar cada ritmo,
cada pausa,
cada pequeño avance que antes parecía insignificante.

Porque si algo me ha enseñado el hipotiroidismo,
es que incluso en la quietud más pesada
el corazón sigue latiendo.
Y ese latido —aunque lento, aunque dudoso—
es la prueba de que aún hay camino.

La luz que nadie te puede quitar

Stephen Hawking dijo alguna vez:
"Sin embargo, por difícil que parezca la vida, siempre hay algo que puedes hacer y en lo que puedes tener éxito".

Esa frase, dicha por un hombre cuyo cuerpo fue apagándose mientras su mente seguía explorando el universo, me recordó algo esencial:
siempre queda una posibilidad.
A veces es mínima, a veces es invisible,
pero está ahí.

Un milímetro de avance cuenta.
Un respiro consciente cuenta.
Un día en el que decides escucharte, también cuenta.

Hoy camino no como quien busca curarse a toda costa,
sino como quien aprende a habitarse con respeto.
Mi propósito ya no es solo equilibrar hormonas,
sino contribuir a un mundo donde nadie tenga que disculparse
por su lentitud,
su cansancio,
por la forma única en que avanza.

Porque el verdadero regreso a casa no es hacia un lugar,
sino hacia uno mismo.
A ese espacio interior donde por fin podemos decirnos la verdad
y descubrir que, aun con todo,
seguimos capaces de amar, crear y seguir adelante.

Mientras haya vida, hay esperanza.
Y ese simple hecho
ya es un comienzo.

02/12/2025

Les traigo la parte 2 de una de las historias más locas y bonitas que me llevó, sin querer, a encontrar al amor verdadero.
Prepárense porque esto se pone aún mejor.

02/12/2025

El ajedrez es un juego de estrategia con una complejidad impresionante, donde cada movimiento abre múltiples posibilidades.

El número de Shannon, estimado por el matemático Claude Shannon, calcula que hay alrededor de 10^120 partidas posibles, considerando un promedio de 30 jugadas por posición y juegos de hasta 40 pares de movimientos.

El universo observable contiene una cantidad finita de átomos, estimada entre 10^78 y 10^82. Esta magnitud representa toda la materia visible, desde estrellas hasta planetas, basada en observaciones astronómicas y cálculos físicos.

Aunque el ajedrez tiene reglas que limitan los juegos, como la regla de 50 movimientos sin capturas, la variedad de secuencias supera ampliamente la escala cósmica. Esto fascina a matemáticos y jugadores, mostrando cómo un tablero de 64 casillas genera combinaciones casi infinitas.

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