29/01/2026
Brigid no es solo una figura suave del hogar ni únicamente la “diosa del fuego” como suele repetirse hoy. Cuando uno camina con calma por las fuentes irlandesas medievales más antiguas donde aparece su nombre —especialmente el Sanas Cormaic (siglos IX–X)— descubre una presencia mucho más honda: Brigid vinculada a tres fuerzas transformadoras —la poesía, la curación y la herrería—. En el mundo celta estas artes no eran adornos culturales; eran actos de poder que moldeaban la realidad visible e invisible.
Se dice que era hija del Dagda y que existían “tres Brígidas”: la poeta, la sanadora y la herrera. Con los años he aprendido a no leer esto como la división de una deidad en partes, sino como la revelación de una sola corriente que fluye en tres direcciones. Brigid como el conocimiento que inspira la palabra justa, la mano que restaura lo que parecía perdido y el fuego que transforma lo que ya cumplió su ciclo.
Su nombre, desde la mirada de la lingüística celta, se relaciona con la idea de “la elevada” o “la exaltada”. Y cuando uno se sienta en silencio con esa idea, empieza a entender que no se trata de altura por dominio, sino de claridad: la capacidad de ver más amplio, de iluminar lo que antes estaba oculto, de elevar aquello que toca hacia su mejor posibilidad.
En los relatos míticos irlandeses también aparece ligada a uno de los primeros registros literarios de un lamento ritual por los mu***os. Ese detalle, que a muchos les pasa desapercibido, revela algo esencial: Brigid conoce los umbrales. Camina con naturalidad entre nacimiento, sanación, pérdida y renovación. No es solo una luz amable; es el fuego consciente que nos acompaña cuando los cambios inevitables de la vida piden ser atravesados con dignidad.
Con Imbolc acercándose, su energía se percibe mejor como un punto de transición. Aún no es primavera plena, pero la tierra comienza a moverse bajo la superficie. En la tradición celta, este tiempo marcaba el regreso paulatino de la fertilidad, la inspiración y el impulso vital después del silencio invernal. No es el estallido de la flor, sino el susurro de la raíz que despierta.
Sintonizar con Brigid en esta temporada rara vez requiere gestos grandiosos. A veces basta con prestar atención de forma honesta:
— ¿Qué necesita sanación en tu vida en este momento?
— ¿Qué idea quiere nacer pero aún reposa en silencio?
— ¿Qué parte de ti está lista para ser forjada de nuevo?