31/12/2023
Convergencia de los Guardianes Celestiales
En un reino donde el cosmos rozaba los picos escarpados de un mundo antiguo, dos guardianes celestiales se erigían como emblemas de equilibrio y poder. El Guardián Azur, con plumas como el azul de los cielos crepusculares, dominaba el aire y el hielo de los confines septentrionales. Su contraparte, el Guardián Carmesí, una criatura de fuego y ferocidad, tenía dominio sobre las tierras del sur de fuego y calor.
Estos seres míticos, el Fénix de la Llama y el Grifo de la Escarcha, convergían en el fin del mundo cada milenio, con su lugar de encuentro como telón de fondo de la noche estrellada y el resplandor incandescente de las nebulosas. Caballeros con armaduras que reflejaban sus respectivos reinos permanecían en silenciosa vigilia, asombrados por el espectáculo. La convergencia no fue simplemente una demostración de poderío, sino un acontecimiento sagrado que mantuvo el equilibrio del mundo.
Los guardianes, con ojos que sostenían la sabiduría de eones, intercambiaron un diálogo silencioso, una comunión de espíritus que cantaban la canción del universo. Con las alas extendidas, bailaban lento y elegantemente, de elementos arremolinados, fuego entrelazado con hielo, creando v***r que ascendía a los cielos. La danza era a la vez una batalla y una celebración, un testimonio de su deber eterno de mantener la armonía de la existencia.
A medida que la luz del amanecer se deslizaba por el horizonte, los guardianes completaron su ritual celestial. Con un último y respetuoso movimiento de cabeza, se separaron, el Azul se retiró al abrazo de las montañas y el Carmesí se sumergió en el corazón de un volcán. Su partida dejó a los caballeros en una tranquila reflexión, el recuerdo de la convergencia grabado en sus almas, una historia para ser contada a través de los siglos, de la noche en que el cielo y la tierra cantaron como uno solo.
Imagen e historia de Bill Tiepelman
Traducción con Autorización del autor Bernardette Tristan
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