24/08/2025
Se imita, se aprende del ejemplo.
La ternura y la firmeza crean vínculos sanos!!!
Ayer sentí tristeza e impotencia. Había llovido y, mientras mi mamá y yo estábamos sentados afuera de la casa, vimos a un niño que, sin pensarlo mucho, comenzó a lanzar bolas de lodo contra nuestra pared recién pintada de blanco.
—“Pequeño, no hagas eso, por favor” —le pedimos con calma.
Él volteó a mirarnos, pero siguió como si nada, riéndose.
Me quedé con una sensación amarga. Hoy en día parece difícil corregir a los niños sin que se malinterprete, y preferimos evitar un conflicto.
Unas horas después, el niño volvió, esta vez de la mano de su madre. Mi mamá decidió hablar con ella:
—“Disculpe, señora, su hijo estuvo lanzando lodo a la pared. Como es blanca, puede quedar manchada y quizá él no midió las consecuencias.”
La señora bajó la cabeza, visiblemente apenada.
—“Tiene toda la razón, lo siento mucho. No volverá a pasar.”
Se fue con el niño, y pensamos que todo había quedado ahí. Pero lo inesperado ocurrió más tarde.
Al revisar la cámara de la casa, vimos que la mujer había regresado con su hijo, esta vez cargando una cubeta de agua con jabón. Le dio un cepillo al pequeño y le dijo con firmeza, pero con ternura:
—“Hijo, cuando hacemos algo mal, debemos aprender a repararlo.”
El niño frotaba la pared con esfuerzo, hasta que sus bracitos se cansaron. Entonces, la madre se arrodilló a su lado, tomó el cepillo y le dijo:
—“No estás solo, yo te enseño y te ayudo, pero recuerda: cada acción tiene una consecuencia.”
Esa escena me conmovió profundamente. Salimos mi mamá y yo con un par de refrescos y les dijimos:
—“Gracias por esto. Usted es una madre ejemplar. Ojalá hubiera más mamás como usted.”
La señora, cansada pero sonriendo, respondió:
—“Los hijos aprenden más de lo que hacemos que de lo que decimos.”