04/11/2025
La extracción de la piedra de la locura
Dra. Alexis Schreck
Mayo 2025
“Nunca debemos de olvidar que la ciencia no es solo un método: también es un delirio metafísico, la ilusión de pensar que nuestro mundo se conforma a un orden que podemos descubrir y entender” (Labatut, 2023, p. 11).
La Extracción de la piedra de la locura es un cuadro del pintor holandés Hieronymus Bosch (siglo XV-XVI), expuesto en el Museo del Prado, junto a su obra más conocida, El Jardín de las Delicias. La escena central representa a una figura humana sentada y casi atada a una silla, siendo sometida a un aparente procedimiento quirúrgico realizado por un “cirujano” con un embudo invertido sobre la cabeza —símbolo de locura o ignorancia según la imaginería medieval. El paciente no grita, pero su rostro denota desconcierto, aturdimiento, resignación.
Se le está extrayendo lo que popularmente se conocía como "la piedra de la locura," una representación medieval de la enfermedad mental como si fuera una concreción física que pudiera sacarse del cráneo. Sin embargo, curiosamente, de la cabeza del paciente no sale una piedra, sino una flor, un tulipán, lo que añade un sentido paradójico y absurdo a la imagen: no se extrae un objeto inerte sino algo vivo, orgánico, potencialmente bello, que en realidad no pertenece a una enfermedad, sino a una condición humana.
A la derecha del cuadro, hay otra figura: un fraile o monje, posiblemente ebrio, y también hay una monja que sostiene un libro cerrado sobre la cabeza, como si la sabiduría estuviera presente pero inaccesible, clausurada y sellada, marginal a la acción que se desarrolla.
La composición es inquietante. No hay sangre, pero sí una sensación de violencia implícita, de ridículo. Foucault, en el primer capítulo de su obra "Historia de la locura en la época clásica" (1961) también menciona el cuadro del Bosco para situarlo en un fenomeno cultural propio del Renacimiento y la Edad Media tardía, cuando se entendía que la locura era algo que debía extraerse, un “cuerpo extraño”.
“El gesto del charlatán que extrae la piedra no es sino la parodia de un acto quirúrgico, símbolo de la voluntad de la razón de expulsar de sí aquello que la amenaza” (Foucault, 1961 p. 14).
En el medioevo, y probablemente hasta el día de hoy, no se trataba de comprender la locura, sino de eliminar su alteridad como incomodidad social. La “locura” no era interpelada, sino expulsada, pues implica el esfuerzo de la razón por sustraerse de su propia fragilidad, patologizando aquello que no puede ser integrado, ese resto psíquico sustraido de toda posibilidad de simbolización. Por ello, lo que la razón cree extirpar es sólo su propio límite, su propia sombra.
"En el corazón mismo de la locura, el saber sólo encuentra su propio reflejo; la operación que cree practicar no alcanza jamás más que su propia imagen" dice Foucault (Foucault, 1961, p. 15).
El joven escritor chileno Benjamín Labatut también construye un ensayo a partir del cuadro del Bosco con el mismo título: “La piedra de la locura” (Labatut, 2023) con una descripción desgarradora. Tampoco dibuja una línea entre la razón y la sinrazón; más bien la borra con trazo firme, interrogando nuestra comprensión de la realidad y la naturaleza del conocimiento. Citando a figuras como H.P. Lovecraft, Phillip K. Dick e incluso a Kurt Goedel. Con un analisis de las nuevas transformaciones culturales y científicas, equiparándolas a una ola gigantesca que arrasa con una velocidad y una violencia a reflexiona sobre cómo la búsqueda del conocimiento absoluto puede conducir a la locura, y cómo el enfrentamiento con lo desconocido y lo incomprensible puede desestabilizar la mente humana. Labatut sugiere que, a medida que profundizamos en los misterios del universo, nos acercamos a un caos que desafía nuestra capacidad de entendimiento, lo que puede llevarnos a preguntarnos sobre nuestra propia cordura como un intento fútil de encontrar un saber estabilizador. La realidad deja de ser certeza y se vuelve pregunta, eco, vértigo. ¿Acaso la locura no es también una forma extrema de lucidez?
Labatut se cuestiona cómo el saber va desgarrando el tejido de lo real como una revelación insoportable que nos acerca cada vez más a la psicosis, apartado de los velos de lo simbólico.
“Nuestras vidas se han vuelto tan extrañas e inciertas como el reino cuántico. Lo falso y lo simulado parecen haber asfixiado la verdad, mientras que los aspectos ficticios de la existencia asedian el tabernáculo de la razón” (Labatut, 2023, p. 10).
Narra haber recibido la carta de una escritora que afirmaba que muchos escritores renombrados, como Kazuo Ishiguro, la habían plagiado gracias a programas de inteligencia artificial que extraían textos de la red. Fascinado por su delirio paranoide, el autor empieza a seguirla por redes, sin saber si está ante una forma de locura o de intuición visionaria. Pensó contactarla pero temió que su locura pudiera invadir su propio mundo.
Dice Labatut:
“No pude sino pensar que acaso nuestras vidas ultraconectadas nos están conduciendo a un nuevo tipo de trastorno, una forma de locura contagiosa que se está colando poco a poco en el mundo, erosionando la delgada barrera que separa la realidad de la fantasía, la ficción de la no ficción” (Labatut, 2023, p. 39).
Eventualmente decide dejar atrás su obsesión con dicha mujer, olvidarla y concentrarse en sus propios escritos. Ella misma en su blog tenía también dudas sobre su propia cordura: “Tal vez estoy loca…Apuesto a que si la persona que yo fui hace veinte años viera mis videos, concluiría que he perdido la cabeza” (Labatut, 2023, p. 40).
Labatut intenta purgarla de sus propios pensamientos, pero un día por pura casualidad, se t**a con una noticia publicada en el New York Times que decía:
“¿Por qué diablos están robando manuscritos de libros inéditos? Una estafa de phishing, sin motivo ni ganancia aparente, dirigida contra autores, agentes y editores grandes y pequeños desconcierta a la industria editorial” (Flood, 2021, citado en Labatut, 2023, p. 40) y el artículo continúa explicando cómo autores tan relevantes como Margaret Attwood e Ian McEwan, y otros también desconocidos, fueron víctimas de este tipo de ciberataque.
Labatut, con sus certezas tambaleadas, pensó de nuevo en contactar a la escritora, pero desistió, y escribe por último en su libro:
“Sé que es mejor dejarla tranquila, porque en todo este asunto no logro distinguir quién es el médico, quién el monje, quién el paciente y quién la monja y cuál de todos nosotros carga la piedra de la locura” (Labatut, 2023, p. 41).
Ante esta interrogación final y fundamental yo me pregunto ¿qué alternativa queda? Quizás, como Freud nos dice, habremos de preguntarle a los poetas.
La poetisa argentina Alejandra Pizarnik igualmente escribió un texto breve en prosa poética bajo el titulo de “La Extracción de la piedra de la locura.” En este escrito autobiográfico ella articula el sufrimiento mental con el lenguaje, y la imposibilidad para simbolizar- y por ello decir- sobre el desgarramiento inescapable del dolor y de la locura.
“¿Qué significa traducirse en palabras?” (Pizarnik, 1968, p. 253).
“Hay alguien en mi garganta, alguien que se estuvo gestando en soledad” (Pizarnik, 1968, p. 255).
“La muerte es una palabra.
La palabra es una cosa, la muerte es una cosa, es un cuerpo poético que alienta en el lugar de mi nacimiento” (Pizarnik, 1968, p. 255).
“Escribo contra el miedo, contra el viento con garras que se aloja en mi respiración” (Pizarnik, 1968, p. 267).
Para Pizarnik las palabras no bastan, no alcanzan, son siempre insuficientes. La piedra de la locura no se puede extraer, es identitariamente constitutiva, por ello es imperativo escribir con ella, desde ella.
“Lo que se ve, lo que se va, es indecible.
Las palabras cierran todas las puertas” (Pizarnik, 1968, p. 358).
Habiendo estado en psicoanálisis durante más de una década, su ambivalencia ante la terapia y la psiquiatría cruzan el texto todo el tiempo. Se cuestiona:
“¿Qué cosa curar?
Y ¿por dónde empezar a curar?
Es verdad que la psicoterapia en su forma exclusivamente verbal es casi tan bella como el suicidio.
Se habla.
Se amuebla el escenario vacío de silencio.
O, si hay silencio, éste se vuelve mensaje.
- ¿Por qué está callada? ¿En qué piensa?
No pienso, al menos no ejecuto lo que llaman pensar. Asisto al inagotable fluir del murmullo” (Pizarnik, desde su internamiento en el Hospital Pirovano, 1970).
Pizarnik fue internada varias veces por padecer un trastorno bipolar y ansiedad y logró suicidarse al tercer intento en 1972 a los 36 años con una sobredosis de 50 pastillas de Seconal.
Escribió:
“Lloras funestamente, y evocas tu locura y hasta quisieras extraerla de ti como si fuese una piedra, a ella, tu solo privilegio” (Pizarnik, 1968, p. 248)
Tu solo privilegio
Pareciera que Labatut le contesta a Pizarnik al pensar con ella que lo que le trataban de arrancar de la cabeza no era una enfermedad, sino el último rastro de su humanidad. Y ambos, Labatut y Pizarnik coinciden con el pintor al mostrar que la locura, nuestra locura, es el punto donde la verdad y el saber colapsan, y nos encontramos cara a cara con el abismo de lo incomprensible.
En psicoanálisis, el concepto de "cura" no se limita a la disminución sintomática, como en la medicina, sino se singulariza como un proceso de transformación, en el que el paciente puede resignificar su historia, sus síntomas y su posición frente a su propio deseo. Que el sujeto descubra la estructura inconsciente que lo determina y de esta forma pueda atravesar las repeticiones que configuran su sufrimiento. Con el advenimiento del psicoanálisis la transferencia se convierte en el espacio donde esta repetición puede ser trabajada y resignificada. Es ahí donde el paciente podrá reconocer la verdad de su propia constitución subjetiva.
La cura no será pues, la erradicación del síntoma, ni la adaptación al entorno, sino la transformación que conlleva la historización subjetivante, a través de la palabra, con el síntoma como mensaje cifrado, y con la compulsión de repetición -o el goce- pervasivamente escapando al desciframiento. El indice de lo incurable quedará siempre como un resto de malestar, como a Freud le quedaba cada vez más claro en sus últimos años (recordemos que en 1930 escribió “El malestar de la cultura”). Para Freud, el ser humano “cuerdo” no un sujeto sin conflicto, sino uno que sabe qué hacer con su malestar, reconociéndose ahí.
Los dejo con una frase de Benjamin Labatut:
“¿Por qué nos acecha la sensación creciente de que nada tiene sentido? Por qué sentimos que el mundo se va a acabar? Hasta hace poco, la mayor parte de nosotros podía ignorar fácilmente la locura; los hombres y las mujeres enajenados, con sus visiones torcidas de la realidad, tenían poco que decirnos. Pero las cosas han cambiado. Una cierta demencia se ha infiltrado en el mundo, gota a gota, y está tomando cada vez más fuerza. Ya no podemos simplemente desdeñar la paranoia, ni tampoco podemos confiar, con absoluta certeza, en que la ciencia –o incluso nuestros propios sentidos– será capaz de mostrarnos el mundo tal como es. Debemos aprender a ver las cosas bajo una luz nueva, porque la llama de la razón ya no alcanza a iluminar el complejo laberinto que va tomando forma lentamente (aunque algunos dirían que está siendo construido) a nuestro alrededor” (Labatut, 2023, p. 11).
Referencias
Foucault, M. (2010). Historia de la locura en la época clásica (J. Muñoz Millanes, Trad.). Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1961)
Freud, S. (2012). El malestar en la cultura (L. López-Ballesteros, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1930)
Labatut, B. (2023). La piedra de la locura. Editorial Anagrama.
Pizarnik, A. (1968). La extracción de la piedra de la locura. Ed: Sudamericana.
Flood, A. (2021, January 5). Why on earth are unpublished manuscripts being stolen? The New York Times https://www.nytimes.com/2021/01/05/books/manuscript-thefts-publishing.html