10/07/2025
Pronto, la Mitho Pîsim, la Luna Buena, conocida hoy en día por muchos como la Luna del Ciervo, volverá a salir sobre nuestras tierras natales. Dicen que será el 10 de julio. Pero no hace falta un calendario para saberlo. Se puede sentir en la quietud del aire vespertino. Se puede oír en la forma en que el viento susurra de manera diferente entre los abetos y los abedules.
Es la época en la que los ciervos comienzan a desarrollar sus cuernos, los jóvenes guerreros del bosque se preparan para lucir sus coronas. Y al igual que ellos, nosotros también estamos creciendo. Estirándonos. Convirtiéndonos.
También la llaman Luna del Trueno, por las tormentas que azotan esta tierra en verano. Pero me gusta pensar que esos seres del trueno están tocando el tambor para anunciar la llegada de la luna. Saben que algo sagrado está por llegar.
Y esta noche, en vísperas de su salida, hemos oído ese trueno suave y lejano rugiendo en el extremo más alejado del cielo. Y, como atraídos por su ritmo, hemos visto a una cierva y a su cervatillo salir con cuidado de entre los arbustos.
Tan silenciosos. Tan deliberados. La madre miraba al horizonte mientras las patas de su pequeño temblaban en la hierba. Un momento de paz. Una lección, si sabes escuchar. La vida continúa, tierna y fuerte bajo la luna que se aproxima.
Esta luna llena se situará baja en el cielo, casi tímida, casi susurrando. No se elevará muy por encima de nosotros, no esta vez. Debido a lo que los astrónomos llaman un «gran estancamiento lunar», su trayectoria estará más cerca del horizonte. Pero no lo confundas con debilidad. Cuando se eleva baja, se eleva grande.
Y brillará en rojo y dorado, como la última brasa de un fuego sagrado. Es el amor de la Tierra lo que la hace sonrojar. Es el humo de nuestras plegarias, rodeando su rostro. Es el color de la memoria y de todos los antepasados que alguna vez contemplaron la misma luna.
También dicen que esta luna se acerca al día en que la tocamos, allá por 1969, con el Apolo 11. Un gran salto, sí. Pero mucho antes de que las botas tocaran su suelo, caminamos allí en sueños. En historias. En ceremonias. En canciones transmitidas de kokum a nieto alrededor de una hoguera de corteza de abedul.
Así que cuando la luna salga este jueves, os invito a hacer una pausa. A dejar el teléfono. A caminar descalzos sobre la tierra. A ofrecer una oración silenciosa. A recordar que sois polvo de estrellas y huesos, luz de luna y memoria.
Mirad hacia el este. Dejad que salga en vuestro espíritu, no solo en vuestros ojos.
¿Porque esta Luna de Ciervo?
No es solo un espectáculo para cámaras y telescopios.
Es un recordatorio.
De que somos parte de algo inmenso.
De que el tiempo es un círculo.
De que el trueno aún canta en la distancia.
Y de que incluso en la oscuridad más profunda,
siempre hay una luz que regresa.
mîna kîsikâw pîsim la luna regresa de nuevo.
Kanipawit Maskwa
John Gonzalez
Standing Bear Network
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