07/12/2025
El Amor en la Encrucijada:
Del Apego Infantil a la Presencia Adulta
El amor, lejos de ser solo un sentimiento, es una construcción neurobiológica y psíquica cuyos cimientos se forjan en nuestros primeros vínculos.
Este artículo explora la profunda diferencia entre un amor infantil, nacido de la carencia y la expectativa de que el otro repare nuestras heridas tempranas, y un amor adulto, que emerge de la aceptación y la capacidad de ver al otro en su alteridad.
Integrando el psicoanálisis relacional, la teoría del apego, la teoría polivagal y los modelos de trauma de Franz Ruppert y Bessel van der Kolk, descubriremos cómo las experiencias de desamor, desprotección y falta de sintonía en la infancia fragmentan nuestra psique y condicionan nuestras relaciones.
La sanación, un viaje de reconexión con las partes traumatizadas a través de la seguridad relacional y la regulación corporal, nos permite transformar el campo de batalla relacional en un espacio de consciencia y creación mutua.
El amor infantil quiere que el otro cambie.
El amor adulto acepta al otro tal como es.
Y sí… eso suena muy bonito, pero en la práctica duele.
Porque el amor infantil no desaparece con la edad.
Anclado en las redes neuronales de nuestro cerebro límbico y en las memorias implícitas de un apego inseguro, sigue esperando que el otro nos salve, nos repare o nos elija primero.
Desde ese lugar, amamos con carencia:
queremos que el otro haga lo que nuestros padres no hicieron, que nos cuide como no nos cuidaron, que nos vea como no fuimos vistos.
Esta dinámica es la esencia de lo que Franz Ruppert identifica como la "tríada fatal" del trauma temprano:
la experiencia de no ser deseado, no ser amado y no ser protegido.
Cuando un bebé no recibe la sintonía afectiva y la regulación consistentes de sus figuras de apego, su sistema nervioso no puede activar el sistema de conexión social y calma (el sistema vagal ventral, según la Teoría Polivagal de Porges).
En su lugar, se activan estados de defensa: lucha/huída o colapso, liberando cortisol y adrenalina que, de manera crónica, resultan tóxicos para un cerebro en desarrollo.
Para sobrevivir a este dolor insoportable, la psique se fragmenta.
Según el modelo de Ruppert, emergen tres partes:
la Parte Sana (nuestro núcleo esencial),
la Parte Traumatizada (donde se aíslan el miedo, el dolor y la rabia originales)
y las Estrategias de Supervivencia (mecanismos como la disociación, la idealización de los padres o la búsqueda compulsiva de amor que, en la adultez, se manifiestan como ansiedad, adicciones y dificultades relacionales).
Desde este lugar de fragmentación, el amor se convierte en una estrategia de supervivencia.
Buscamos en la pareja un "asilo" que nos redima de nosotros mismos, pero desde una lógica de completud, como señalaba Byung-Chul Han, codificando al otro y anulando su alteridad para que no perturbe nuestro "in****no de lo igual".
Pero el amor adulto nace cuando dejamos de exigir y empezamos a ver.
Nace cuando, desde la teoría del apego, comprendemos que la seguridad no es algo que el otro "deba" darnos, sino una capacidad que podemos co-construir.
Surge cuando, gracias a una relación segura (ya sea terapéutica o de pareja), podemos iniciar lo que la Teoría Polivagal denomina "neurocepción de seguridad", activando el sistema vagal ventral y permitiendo que el cuerpo salga de los estados de defensa.
Cuando comprendemos que el otro no está aquí para completarnos, sino para mostrarnos nuestras propias heridas.
El amor adulto, en línea con el psicoanálisis relacional, se basa en la mentalización:
la capacidad de ver al otro como un sujeto separado, con una mente propia, y de ver nuestras propias proyecciones.
Es un amor que, en palabras de Han, permite un "voluntario vaciamiento de sí mismo" para acoger al otro en su alteridad, un Eros que nos expulsa de nuestro ensimismamiento narcisista.
Este amor no niega el trauma, sino que lo reconoce.
Sabe, como postula Bessel van der Kolk, que "el cuerpo lleva la cuenta" y que la sanación requiere reconectar con las sensaciones físicas y las emociones congeladas en la Parte Traumatizada.
Y entonces, aparece la libertad.
La libertad de responder, en lugar de reaccionar desde las estrategias de supervivencia.
La libertad de coregularnos con otro, de crear lo que Bert Hellinger llamaba un "tercero" en la relación:
el espacio de la creación conjunta, donde la pareja deja de ser un sustituto de los padres para convertirse en un proyecto de vida compartido.
La relación deja de ser un campo de batalla y se convierte en un espacio de consciencia.
Un espacio donde podemos, con paciencia y coraje, hacer "encuentros con uno mismo" (como propone la terapia de Ruppert) para dialogar con nuestras partes fragmentadas, integrar el trauma y, desde una identidad más sólida, amar desde la plenitud y no desde la carencia.
Es el tránsito de un amor que busca ser salvado, a un amor que tiene la fuerza para crear.
¿Tú desde dónde amas?
- Centro Bert Hellinger -