17/08/2019
No suelo opinar en Facebook porque...bueno, porque es Facebook. Hay veces que no hay que quedarse callado así que ahí va:
1) Para los que no lo saben, soy psicoanalista formado en la Sociedad Psicoanalítica de México y tengo más o menos siete años de experiencia clínica. En ese tiempo he trabajado con muchas mujeres víctimas de violencia de género. Son mujeres de distintas edades, orígenes, nivel socioeconómico, etc.
2) La violencia que han sufrido o sufren, además de ser un trauma brutalmente destructivo, es atemporal y universal. O sea, puede pasar en la infancia o en la adolescencia, en la edad adulta o en vejez; pasa en el hogar familiar, la escuela, el trabajo o en la calle a manos de conocidos y extraños. ¿Hasta aquí vamos bien (o mal)?
3) Es atemporal y universal también porque un acoso, una violación, va a impactar a lo largo y ancho de la vida de una víctima: desde el salir a la calle a salir con alguien. Si les preocupan los daños a la propiedad les puedo asegurar que todo va a estar bien porque ni el Metrobús ni el Angel de la Independencia van a necesitar años de terapia para poder reconstruirse. ¿Llegaste tarde al trabajo? Bueno, al menos tu pareja puede tocarte sin que tengas un ataque de pánico.
4) Mucha gente dice que no es la manera adecuada de protestar. De entrada, protestar nunca es adecuado. Además, si se trata de decidir si algo es adecuado o no pues, lo adecuado en este caso sería que el Estado protegiera a las víctimas en lugar de ser el victimario. Lo adecuado sería que el abuso sexual infantil no se volviera un "secreto familiar" o que yo no tuviera que decirle a una amiga que me avise cuando llegue.
5) Esto lleva al siguiente punto. ¿Por qué carajos importa más una estación de policía o unas paredes que la vida física y mental de una mujer? Porque es preferible preocuparse y enojarse por unas pintas que por lo que de veras está ahí. Por que lo que de veras está ahí es que nadie sabe si su mamá, hija, pareja o amiga va a volver a casa. Entonces uno desplaza a lo insignificante ("¡Rompieron una puerta!") o culpa a la víctima ("Iba borracha, ¿qué hacía a esas horas en la calle?") porque las mujeres de mi vida se portan "bien" y por eso no va a pasarles nada. Claro, mientras más me enojo, más lejos mantengo la angustia de esta espantosa posibilidad. En términos clínicos esto se llama "hacerse pendejo."
6) Leí a alguien que ponía que las protestas no "desviolaron" (así lo ponía) a nadie ni trajeron a nadie de vuelta de entre las muertas. No, pero quizás le dieron voz a las víctimas que no han podido hablar o al menos les dieron la posibilidad de hacerlo. O a lo mejor son pasos para evitar que pase de nuevo. Eso vale más que cualquier ventana.
7) El trauma, tanto de las víctimas como de sus familiares, se puede sanar y, en el mejor de los casos, evitar. El primer paso es dejar de hacernos pendejos. Al menos así no estorbamos.