09/01/2026
Poner límites no te vuelve frío, egoísta ni complicado.
Te vuelve claro.
Un límite no es un castigo para el otro.
Es una forma de cuidado propio.
Es decir hasta aquí antes de decir ya no puedo más.
En la sexualidad, en el amor y en la vida, los límites son lo que hacen posible el deseo sano.
Sin límites hay miedo, presión, culpa…
y el placer no crece donde no hay seguridad.
Aprender a poner límites es aprender a escucharte.
A respetar lo que sí quieres… y lo que no.
A entender que un “no” dicho a tiempo puede salvar vínculos, cuerpos y autoestima.
No todo se negocia.
No todo se aguanta.
No todo se hace por amor.
A veces, el acto más amoroso que puedes hacer
es detenerte
y decir con firmeza:
hasta aquí.