26/03/2026
Tema: Eutanasia
La historia de Noelia Castillo, desde su infancia hasta la eutanasia, reconstruida a través de sus palabras:
El inicio de la ruptura
Uno de los episodios determinantes fue la pérdida de la vivienda familiar por problemas económicos. “Se lo embargaron y nos tuvimos que ir a casa de mi padre”, explicó. Ese traslado marcó, según su testimonio, un punto de inflexión.
La separación de sus padres y el régimen de custodia compartida configuran un contexto que describió como inestable. “Íbamos fines de semana alternos y no iban bien las cosas cuando íbamos allí”, recordó. En ese periodo sitúa algunas de las experiencias que contribuyeron a su deterioro emocional, como largas esperas en bares hasta altas horas de la madrugada mientras su padre consumía alcohol. “Teníamos que estar esperando hasta las tres o cuatro de la mañana”, relató.
De la adolescencia al deterioro emocional
A partir de ese momento, Noelia describió una trayectoria caracterizada por lo que define como una sucesión de dificultades. “Luego han sido todo baches, oscuridad, vacío”, afirmó, sintetizando una etapa prolongada en la que su situación personal y emocional se fue agravando.
Desde los 13 años, según explicó, ha estado en tratamiento psiquiátrico. Con el paso del tiempo, ese malestar se consolidó y se vio acompañado por diagnósticos como el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y el trastorno límite de la personalidad (TLP), que, según su testimonio, habían condicionado su forma de relacionarse con la vida.
En ese contexto se sitúan también episodios especialmente traumáticos que la propia Noelia relató en la entrevista. Entre ellos, dos agresiones sexuales que identificó como momentos clave en su historia personal. Una en el ámbito de una relación de pareja y otra de carácter múltiple, que, según explicó, no llegó a denunciar.
El punto de inflexión
La acumulación de estas experiencias desembocó en varios intentos de suicidio. En uno de ellos, en 2022, se precipitó desde un quinto piso, un hecho que no solo supuso un punto de no retorno en su trayectoria vital, sino que la dejó en situación de paraplejia.
Lejos de revertir su situación, ese episodio marcó el inicio de una etapa que describe como aún más difícil. A las secuelas físicas se sumó un dolor persistente y una sensación de falta de horizonte vital. “No tengo metas ni proyectos”, señaló. “Siempre he visto mi mundo muy oscuro”.
Ese recorrido vital, reconstruido en sus propias palabras, dibujó una biografía atravesada por contrastes: desde los recuerdos de una infancia que identifica como feliz hasta una cadena de acontecimientos que, según su testimonio, fueron erosionando progresivamente su bienestar emocional y su vínculo con la vida.