31/08/2025
🔴 El PIE DE ATLETA (tinea pedis) es una infección superficial de la piel causada principalmente por hongos dermatofitos del género Trichophyton, aunque también pueden estar implicadas otras especies como Epidermophyton y Microsporum. Esta patología es muy frecuente en la población general, especialmente en climas cálidos y húmedos, y afecta sobre todo a los espacios interdigitales del pie, aunque también puede extenderse a la planta, el dorso y las uñas. El ambiente cerrado y húmedo dentro del calzado, la sudoración excesiva, la falta de ventilación y el uso de duchas o piscinas públicas son factores que favorecen su aparición y contagio.
El PIE DE ATLETA se transmite por contacto directo con superficies contaminadas, como pisos de baños públicos, duchas, piscinas y toallas, o bien por el uso de calzado cerrado compartido. El hongo aprovecha la humedad y el calor para multiplicarse y colonizar la piel. Además, la predisposición individual juega un papel importante, ya que las personas con hiperhidrosis, diabetes, inmunosupresión o lesiones cutáneas previas presentan un mayor riesgo de desarrollar la infección.
Los síntomas del PIE DE ATLETA varían según la forma clínica que adopte. La presentación más común es la interdigital, caracterizada por enrojecimiento, descamación, maceración de la piel y fisuras dolorosas, sobre todo entre el cuarto y quinto dedo del pie. Otra forma es la vesiculosa, en la cual aparecen pequeñas ampollas con líquido claro que pueden romperse y causar ardor o picazón intensa. También existe la forma hiperqueratósica, conocida como “pie mocasín”, en la que la piel de la planta se engrosa, se vuelve áspera y se descama de manera difusa. Los síntomas más habituales son prurito, ardor, mal olor, dolor por grietas y, en casos prolongados, engrosamiento o infección secundaria por bacterias.
El diagnóstico del PIE DE ATLETA suele ser clínico mediante la observación de los signos característicos, aunque en casos dudosos se puede realizar un raspado de piel para examen microscópico con hidróxido de potasio o cultivo micológico. Esto permite diferenciarlo de otras patologías dermatológicas que pueden simularlo, como eccema, psoriasis o dermatitis de contacto.
El tratamiento del PIE DE ATLETA se basa en medidas higiénicas y en el uso de antifúngicos. Los antifúngicos tópicos más empleados incluyen clotrimazol, terbinafina, miconazol y ketoconazol en crema, gel, polvo o spray, que deben aplicarse durante varias semanas para asegurar la erradicación del hongo. En casos más resistentes o extensos se utilizan antifúngicos orales como terbinafina, itraconazol o fluconazol. Además, es fundamental mantener los pies limpios y secos, cambiar los calcetines diariamente, usar calzado ventilado, evitar caminar descalzo en lugares públicos húmedos y aplicar polvos antimicóticos para prevenir recurrencias.
El PIE DE ATLETA, aunque no es una enfermedad grave, puede volverse crónico y molesto si no se trata adecuadamente. También puede extenderse a otras áreas como uñas, manos e ingle, complicando el manejo y requiriendo tratamientos más prolongados. Su prevención se centra en la higiene personal, el uso de calzado transpirable, la protección de los pies en ambientes públicos y el tratamiento oportuno ante los primeros síntomas para evitar la diseminación y las complicaciones.