14/01/2026
Vale la pena leerlo y ser uno más..! 💕
Hizo una sola pregunta que dejó en silencio a toda una sala de hombres poderosos… y cambió para siempre la forma en que pensamos la protección de las mujeres.
Era a principios de los años 90. El Dr. Jackson Katz estaba de pie ante una sala llena de administradores universitarios, entrenadores y líderes estudiantiles. Esperaban el típico discurso sobre “respetar a las mujeres”.
Lo que recibieron lo cambió todo.
“Anoche, una mujer fue golpeada por su marido”, empezó Katz. “Ahora díganme: ¿qué llevaba puesto? ¿Había estado bebiendo? ¿Por qué no se fue?”
Los hombres asintieron. Eran las preguntas que todo el mundo hacía.
Entonces Katz hizo una pausa.
“Ahora déjenme preguntarles esto: ¿por qué John golpeó a Mary? ¿Qué le pasa a John? ¿Dónde aprendió John que la violencia era aceptable?”
La sala quedó en silencio.
Desde hace más de tres décadas, Jackson Katz viene enseñando a los hombres a dejar de hacerse las preguntas equivocadas.
Porque cuando preguntamos “¿por qué no se fue?”, ponemos el foco en su conducta.
Cuando preguntamos “¿por qué él la hirió?”, ponemos el foco en la de él.
Y ese cambio lo transforma todo.
En 1993, Katz cofundó el programa Mentors in Violence Prevention (MVP), una de las primeras iniciativas a gran escala pensadas para implicar a los hombres como parte de la solución. Empezó en vestuarios y cuarteles militares, lugares donde “los chicos son así” servía de excusa para todo.
Su enfoque fue revolucionario: en vez de tratar a los hombres como amenazas potenciales o espectadores silenciosos, los impulsó a convertirse en líderes capaces de transformar su propia cultura desde dentro.
Les enseñó a reconocer dónde empieza de verdad la violencia: no en la agresión en sí, sino en el chiste que humilla a las mujeres. En el comentario que las cosifica. En la cultura que normaliza la falta de respeto.
“Si hace falta un pueblo para criar a un niño”, dice Katz, “hace falta un pueblo para criar a alguien que haga daño a otras personas”.
Esto es lo que Katz descubrió y otros no vieron: la mayoría de los hombres, en realidad, se sienten incómodos cuando sus pares se comportan mal con las mujeres.
En sus talleres, cuando les pregunta en privado si han presenciado a otros hombres diciendo o haciendo cosas que les incomodaron, casi todas las manos se levantan.
Luego pregunta: “¿Cuántos de ustedes dijeron algo?”
Casi nadie.
¿Por qué? Miedo a perder estatus. Miedo a las burlas. Miedo a no ser “uno del grupo”.
Así que Katz replanteó lo que significa hablar.
No lo llamó ser sensible ni “políticamente correcto”. Lo llamó liderazgo. Fortaleza. Ser un verdadero amigo. Ser un buen hombre, no esa versión que necesita rebajar a otros para sentirse poderoso.
“La persona que habla cuando un amigo cruza la línea no es débil”, les dice Katz a los jóvenes. “Es lo bastante fuerte como para arriesgar su lugar en el grupo por lo que está bien. Eso es valentía de verdad”.
El programa se extendió a cientos de escuelas, universidades e instalaciones militares. Deportistas, miembros de fraternidades y personal de servicio pasaron por la formación. Algunas evaluaciones mostraron avances: quienes participaron se volvieron más propensos a intervenir cuando presenciaban conductas irrespetuosas.
Pero la cultura no cambia en línea recta.
Katz ha visto cómo ciertos rincones de internet se convirtieron en espacios donde algunos hombres comparten agravios y refuerzan ideas dañinas sobre las mujeres. Donde chicos que buscan su identidad pueden ser atraídos por voces que celebran la dominación en lugar del respeto.
Aun así, no ha perdido la esperanza.
“Necesitamos más hombres que se levanten y digan: ‘No en mi nombre’”, afirma.
Porque esto es lo que Katz sabe: el futuro todavía no está escrito.
Cada padre que enseña a su hijo que las mujeres son seres humanos completos está marcando la diferencia.
Cada entrenador que se niega a tolerar comentarios irrespetuosos está marcando la diferencia.
Cada joven que le dice a su amigo “eso no está bien” está marcando la diferencia.
Su mensaje sigue siendo simple: los hombres deben crear una cultura entre pares donde la conducta dañina sea inaceptable, no porque sea ilegal, sino porque está mal.
Donde quien habla sea respetado, no ridiculizado.
Donde los chicos aprendan que la verdadera fuerza es levantar a otros, no destruirlos.
Donde todos entiendan que crear seguridad para las mujeres es una responsabilidad compartida.
Hace más de treinta años, Jackson Katz entró en una sala llena de hombres y les preguntó por qué estaban haciendo las preguntas equivocadas.
Hoy, sigue preguntando. Sigue enseñando. Sigue creyendo que los hombres pueden ser parte de la solución.
Porque el silencio nunca ha protegido a nadie.
“Es nuestra responsabilidad moral, ética y humana”, dice Katz, “ser parte de esto juntos”.
No como héroes. Solo como seres humanos que entienden que construir un mundo más seguro requiere de todos nosotros.
Y ya es hora de que más de nosotros empecemos a actuar como tal.
Fuente: The Guardian ("This moment is medieval: Jackson Katz on misogyny, the manosphere and why men must oppose Trumpism", 28 de febrero de 2025)