02/10/2025
Los antiguos sabían...
Cuando nacía un bebé, no solo era el pequeño quien recibía cuidados.
Una mujer de la familia se mudaba temporalmente a la casa de la madre,
para acogerla, ayudarla y apoyarla. Sabían que una madre también nace con el parto y necesita ser cuidada.
Hoy en día, se burlan de la madre que confiesa: "No aguanto más..."
Como si fuera débil.
Como si ser madre significara ser inmune al cansancio, al dolor, a la extenuación.
Como si el amor fuera suficiente para mantener a alguien despierta por noches seguidas, durante meses, y siempre sonriendo.
Olvidaron que detrás de un bebé hay una mujer real.
Con miedo, sueño, hormonas alborotadas y un cuerpo en recuperación.
Una madre no es una entidad mágica.
No es un hada, ni está hecha de hierro.
Es una persona. Una persona que siente, que se cansa, que necesita.
Antes de correr a ver al bebé, ve a ver a la madre.
Antes de llevar otro regalo, lleva apoyo.
No lleves solo café, lleva cuidado.
Di: "Ve a descansar, yo me quedo con el bebé."
Pregunta si hay ropa para lavar, platos para secar o comida para preparar.
Y hazlo. Simple.
Porque las madres no necesitan un pedestal.
Necesitan una red.
De empatía.
De otras mujeres que entiendan y acojan.
Más empatía entre nosotras.
Más humanidad.