27/10/2025
ES VERDAD…. YA NO ESTÁ 🙏🏼
(Por Fernando D’Sandi)
Se fue...
Sin pedir permiso.
Sin prometer regreso.
Sin esperar a que entendieras que ese adiós, aunque inesperado, venía marcado en su itinerario
desde el primer respiro.
Porque así es la vida:
se enciende de pronto en medio del asombro
y se apaga como un suspiro que nadie alcanza a atrapar.
No importa si estabas lista. La muerte no espera a los valientes
ni a los rezagados.
Llega... Y punto.
Como la noche, como la lluvia, como la noticia que nunca quisiste escuchar.
Pero escucha esto:
No todo lo que termina, muere y no todo lo que muere, se va.
Él (ella) ese ser que tanto amaste, sigue latiendo en el fondo
de tus huesos cuando tiembla la nostalgia,
sigue habitando tus gestos cuando haces
lo que aprendiste mirándole, sigue respirando en tu risa,
aunque hoy suene más quebrada que alegre.
Sí, lo sé... Tu corazón
no quiere razones,
quiere milagros.
Quiere una segunda oportunidad para no haber soltado esa última palabra, para haber abrazado más fuerte, para haber amado más lento.
Pero ya no hay tiempo para los “hubiera”.
Ahora solo hay espacio para los “todavía”.
Todavía puedes mirar al cielo y hablarle.
Todavía puedes cerrar los ojos y sentir su mano sobre la tuya.
Todavía puedes caminar con el eco de su voz empujándote hacia adelante.
¿Duele? Claro que sí.
Duele como duelen los partos: porque estás naciendo a una nueva forma de amar.
El duelo no es castigo.
Es el altar donde se honra lo que fue verdadero, así que no
te pelees más con la ausencia, hazle un lugar, ponle una silla
en tu mesa, háblale
en silencio, llórale sin vergüenza, ámale sin medida.
Y cuando el dolor te estrangule la voz,
busca esa mirada
que te entiende sin palabras, ese abrazo que no exige explicaciones, esa oración que no pide milagros, sino fuerza para respirar con el pecho roto.
No estás sola, hay
otros corazones, igual de remendados, que laten a tu ritmo, que lloran contigo,
que no tienen respuestas…
pero tienen amor.
Camina... Despacio, pero camina.
Llena tus días de vida
aunque te falte el alma por ratos. Reconstruye tu risa con trozos de memoria, haz de tu tristeza un puente,
no un muro.
Y un día ( no hoy, tal
vez no mañana, pero
un día) vas a entender que la eternidad no se mide en tiempo, sino en la intensidad de los lazos que ni la muerte se atrevió a romper.
Vive...
No por obligación, sino por homenaje.
No por resignación, sino por esperanza.
No por olvido, sino por amor.
Ese amor que te sigue amando, aquí y ahora, desde la eternidad.
Porque quien se fue… no se ha ido, solo se mudó a vivir dentro de
tí y tú… todavía estás a tiempo de hacer de tu vida una oración que lo honre.