09/01/2021
📍 Tipos de apego en la infancia
Decía Isabel Allende en uno de sus libros que todos venimos al mundo siendo felices. Nacemos con una predisposición natural al bienestar, la alegría y el optimismo. Sin embargo, en algún momento de nuestra primera infancia puede suceder algo que nuestros genes no esperan: aparece el miedo, la inseguridad, la sensación de desamparo y entonces, la vida se “ensucia”. Nuestra inocencia queda empañada e incluso mancillada.
Más adelante tendremos la obligación de limpiar todo aquello que una crianza deficiente emborronó pero, hasta entonces, ese niño experimentará los efectos directos del tipo de vínculo que establece con sus progenitores. No podemos olvidar tampoco que es durante los dos primeros años de vida de un bebé, cuando mayor implicación tienen los patrones de apego entre él y sus cuidadores.
Si al menos uno de los progenitores es capaz de responder a las necesidades del pequeño, este tendrá mayores probabilidades de tener un desarrollo social y emocional óptimo. Por el contrario, si ambos padres descuidan sus responsabilidades, si no hay proximidad, contacto y ese tipo de nutriente afectivo que alivia angustias, miedos e inseguridades, ese niño sufrirá los efectos de este marco de crianza tan deficitario. Veamos por tanto qué tipos de apego podemos desarrollar en la infancia.
🔹 Hay cuatro tipos de apego en la infancia que se descubrieron por la observación del comportamiento de los bebés durante experimentos como el de Ainsworth.
▪️Apego seguro
El tipo de apego seguro es el más común en la infancia, se refiere a la existencia de una vinculación en la cual la presencia de la persona importante genera una sensación de tranquilidad. Este apego se usa como un mecanismo de defensa al cual volver en situaciones de malestar o miedo. Dicha búsqueda se hará activa de manera necesaria.
Por esta razón, cuando la figura de apego no está se produce un malestar y angustia en el pequeño, disminuyendo su actividad y manifestando preocupación. Generalmente, su vuelta casi siempre es bien recibida. Esta búsqueda se deriva del conocimiento de que la figura de apego responderá a las propias necesidades en caso de necesidad.
▪️Apego ambivalente
El apego ambivalente o resistente es uno de los tipos de apego inseguro. Esta clase de apego parte de la existencia de dudas con respecto a si la figura de apego responde realmente a sus necesidades. Esto cuando no están seguros de poder contar con su presencia. Ello puede ser por un contacto inconsistente en que las necesidades del niño a veces son atendidas correctamente y en otras no son atendidas o entendidas.
Los pequeños con esta clase de apego suelen estar cerca de la madre o figura de apego en todo momento, ya que sienten inseguridad y si se va pueden sufrir mucho. Aún así, la vuelta de esta no implica un acercamiento rápido y feliz, sino un rechazo y rencor ante lo que puede considerarse un abandono, aunque tienden a acercarse y buscar el contacto.
Tipos de apego evitativo
Este también es un apego inseguro en el que se puede observar como el niño tiende a no buscar seguridad y protección en la figura de apego. Cuando se va no suelen mostrar grandes niveles de sufrimiento o miedo y cuando vuelve no se siente tan feliz. De hecho, hay cierta indiferencia o evitación del contacto con ella.
Esto es así porque la figura de apego puede haberse considerado poco sensible a las necesidades del menor. Especialmente en lo que se refiere a afecto y protección. Pueden sentirse no apoyados o que sus necesidades son rechazadas. Esto provoca la evitación como defensa a sus sensación de abandono.
Apego desorganizado
El apego desorganizado es una mezcla de los dos anteriores tipos de apego inseguro. Generalmente, se observa en entornos en que las figuras de apego son positivas y negativas, son fuente se satisfacción y de daño. Es más común en contextos de maltrato y violencia intrafamiliar.
Las conductas mostradas no son consistentes, por un lado, la ausencia de la figura de apego resulta intranquilizadora. De igual manera, puede relajarse debido a ello, ya que su regreso puede recibirse con miedo o alegría sin buscar la cercanía. También, evitan de manera activa el contacto y manifiestan patrones cambiantes según la situación.