08/03/2026
Muchas de las comunidades que hoy existen están sostenidas por mujeres que enseñan, coordinan, administran espacios y construyen proyectos que con el tiempo se vuelven lugares de encuentro.
Ese trabajo ocurre dentro de una industria con desigualdades claras. Hay menos acceso a financiamiento, menos oportunidades de crecimiento y con frecuencia ambientes laborales retadores donde dirigir un proyecto o sostener una comunidad implica navegar múltiples obstáculos.
A esto se suma algo que atraviesa muchos otros ámbitos. Después de enseñar, coordinar un espacio o sostener un proyecto, muchas vuelven a casa a cuidar, acompañar, maternar o asumir otras responsabilidades. Al segundo turno.
También hay otra realidad importante. Muchos de estos espacios o proyectos están lejos de ser grandes negocios y se sostienen gracias a la voluntad de compartir el yoga y de mantener vivo un lugar donde la práctica pueda existir.
El yoga en México se construye todos los días, gran parte de esa construcción ha estado en manos de mujeres que han decidido abrir espacios, crear comunidad y sostener proyectos a largo plazo.
Shalas, proyectos y espacios donde hoy se practica yoga existen gracias a mujeres que todos los días hacen posible que sigan abiertos. Y por eso la importancia de seguir buscando la forma de erradicar dentro del yoga, prácticas replican el sistema de opresión.