26/11/2025
Hoy, en el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, quiero hablar desde un lugar que alguna vez me dolió profundamente: mi propia historia.
Durante mucho tiempo pensé que la violencia era solo eso que se veía en las noticias: golpes, gritos, tragedias. Algo lejano. Pero un día entendí que también existe la violencia que se mete silenciosa en la piel: las palabras que te minimizan, las críticas que te confunden, los silencios que te borran.
Y cuando por fin logras salir… cuando al fin te alejas… aparece otro tipo de violencia, más sutil, más cruel, más cobarde: la violencia que el agresor ejerce cuando ya no tiene acceso a ti.
La violencia vicaria, por ejemplo: cuando utiliza a tus hijos para castigarte, manipularte o hacerte sentir miedo. Una violencia que atraviesa el cuerpo y el alma porque no solo te daña a ti, sino a lo que más quieres.
Y está también la violencia digital, esa que se oculta detrás de pantallas y perfiles falsos, esa que busca destruir tu reputación, distorsionar tu historia, robar tu tranquilidad. Mensajes anónimos, chismes, intentos de desprestigio… estrategias diseñadas para que el agresor siga ejerciendo poder incluso en tu ausencia. Porque cuando ya no puede controlar tu vida, intenta controlar tu imagen.
Hoy hablo de esto no para revivir el dolor, sino para sostener la esperanza.
Porque he visto cómo, incluso después de tanta violencia, una mujer puede reconstruirse. Puede volver a confiar, a respirar, a nombrarse. Puede entender que no fue su culpa, que no estuvo loca, que no merecía nada de lo que vivió.
Este día no es solo un recordatorio del daño, sino también de la fuerza.
De la capacidad de sanar.
De la importancia de acompañarnos entre mujeres sin juzgarnos.
De la necesidad de que la sociedad entienda que la violencia tiene muchas formas… y que todas hieren.
Que este 25 de noviembre sea un abrazo para quienes aún viven violencia, un refugio para quienes están rompiendo el silencio, y una luz para quienes están en proceso de reconstruirse.
No estás sola.
Tu historia importa.
Tu vida importa.
Y sí, puedes volver a empezar.