28/12/2025
“Estamos confundiendo leer con consumir libros.
El fenómeno del binge reading (leer mucho, rápido y exhibirlo) no es una victoria cultural.
Es la aplicación directa de la economía de la atención a la literatura.
La neurocientífica Maryanne Wolf lleva años advirtiéndolo: entrenar al cerebro en lectura rápida debilita los circuitos de lectura profunda, los mismos que sostienen empatía, inferencia y razonamiento complejo.
No se destruyen, pero se atrofian por desuso.
A esto se suma la presión del número:
“Si no lees X libros al año, no eres buen lector”.
Ese marco desplaza la motivación intrínseca y activa dopamina social (estatus, validación, pertenencia). La lectura deja de ser exploración cognitiva y se convierte en performance.
Exactamente lo mismo que ocurre en redes.
Los datos acompañan el diagnóstico:
En EE. UU., el porcentaje de adultos que lee al menos un libro al año cayó de ~57% en 2012 a ~48% en 2022–2023.
El tiempo de lectura diaria lleva dos décadas descendiendo, sustituido por pantallas.
Las evaluaciones de comprensión muestran más dificultad con textos largos y argumentativos.
Leemos menos. Y cuando leemos, entendemos peor.
Herbert Simon lo anticipó hace décadas: cuando la información abunda, lo escaso es la atención.
Hoy podemos añadir algo más incómodo: lo escaso es la capacidad de sostenerla sin interrupciones.
Por eso el problema no es leer poco.
El problema es no detenerse.
Paradójicamente, en un mundo saturado de información, la lectura lenta y profunda se está convirtiendo en un lujo cognitivo.
Tal vez el verdadero gesto contracultural en 2025 no sea leer 50 libros al año.
Tal vez sea leer uno solo… y que realmente te cambie algo.”
Tere Bermea.