06/12/2025
A.- Origen sociocultural de las actitudes, creencias y comportamientos sexuales contemporáneos
La manera en que pensamos, hablamos y nos comportamos sexualmente son producto del aprendizaje psicosocial que se sustenta sobre la matrix biológica (entendida como el origen), que va moldeando a través de los años, nuestras expresiones sexuales básicas a partir de ciertas ideas y creencias sociales. Muchos de estos aprendizajes son tan tempranos que no los identificamos como producto del aprendizaje y los repetimos sin cuestionarlos a lo largo de la vida. En muchos casos, ciertas actitudes y expresiones se aprenden junto a su carga emocional y así las seguimos repitiendo.
Al ser socialmente compartidos, esos hábitos, expresiones y estereotipos tienden a permanecer inalterables en las personas y son muy difíciles de modificar a pesar de la educación formal y la experiencia adulta. De esta misma manera, nos apropiamos del canon particular de belleza femenina y de un estereotipo de virilidad masculina entre otros. Es de tomar en cuenta que cada estrato social (a alguno de los cuales pertenecemos), filtra en función de sus propias concepciones, las creencias y valores dominantes y le ofrece a sus integrantes, opciones que les permiten matizar la tendencia social dominante.
Parece que toda la construcción social intersubjetiva sobre el comportamiento sexual humano la podemos resumir en un contínuum que va de lujuria a templanza (según los antiguos griegos) y de lujuria a castidad (según la cristiandad). Ahí se contienen todas las posibilidades socio culturales que han dado origen a los múltiples discursos sobre el tema. Es desde la defensa de la templanza y la castidad (sin llegar al extremo del fanatismo asexual), que podemos entender mejor nuestra propia configuración mental sexual que deriva de varias fuentes: la moral social puritana inglesa que principalmente nos llega vía USA en los S. XVIII/XIX y que contiene la gran mayoría de ideas anti sexuales que aún predominan en nuestro medio. Esta ideología no sólo incluye la preponderancia del afecto sobre lo carnal, la pasividad sexual femenina y el control del deseo sexual, sino también la medicalización del s**o para "curar" la "espermatorrea"/"polución" (masturbación), la histeria, la ninfomanía (deseo sexual excesivo) y la inversión sexual (la homosexualidad), etc., cuyos tratamientos incluían incluso la clitoridectomía y las jaulas metálicas con púas para penes inquietos.
Otra influencia no menos despreciable y anterior a la influencia puritana, es la moral religiosa tradicional que fue predominante e influyó profundamente nuestra forma de entender la sexualidad durante toda la Colonia y hasta la fecha con su énfasis en la descalificación de cualquier actividad sexual que no tenga como único fin, la reproducción. Desde la perspectiva religiosa no se trata de "curar" el cuerpo, sino de modelar y controlar la personalidad generando sentimientos de culpa y vergüenza asociados a actos sexuales específicos. Por otro lado, la idiosincracia popular, contaminada con todas esas ideas y fomentada por conveniencia por esas mismas creencias, derivó en el cultivo de actitudes anti sexuales que se expresan de una manera folklórica en muestras públicas de burla, descalificación, enojo y diversión ante la prostitución, el adulterio, la ilegitimidad de la descendencia, la desnudez, los órganos sexuales, etc. y que pese a su mal gusto, nos siguen acompañando en plena modernidad.
Cabe decir que esta serie de tabúes, creencias, prohibiciones, "enfermedades sexuales", etc., no son el resultado de un único pasado ignoto que sigue generando el mismo tipo de interpretaciones antisexuales todo el tiempo, sino que esas interpretaciones, -en función de situaciones sociales particulares tales como disminución o aumento de la población, importación de modelos y estereotipos de comportamiento sexual del extranjero, contagio masivo de enfermedades de transmisión sexual incluyendo VIH/SIDA y el comercio sexual indiscriminado entre otras-, eventualmente se modifican y se vuelven más o menos permisivas sobre uno u otro tema.
Algunas de estas interpretaciones que tienden a cambiar el modo de pensar y expresar la sexualidad, se imponen rápidamente en el pensamiento colectivo, sin mediar ninguna justificación razonable de tal forma que las adoptamos sin discusión y hay otras que nunca terminan por ser aceptadas. En este sentido, es bastante evidente que la transformación del mundo moderno en el terreno económico y geopolítico está correlacionada con las profundas modificaciones que en pocas décadas hemos experimentado en nuestras formas tradicionales de entender a los s**os y su interacción.
B.- Compendio de actitudes actitudes, creencias y comportamientos sexuales contemporáneos
Derivado del análisis anterior, podemos identificar una serie de ideas, actitudes, estereotipos y comportamientos sexuales que son comunes en nuestra población. Algunos de esos rasgos están tan acentuados que pasan desapercibidos pero otros pueden ser identificados fácilmente por la persona misma. Otros forman parte del comportamiento habitual y otros más aparecen en circunstancias específicas. Este conjunto de rasgos nos hablan de que en nuestra población predomina un modelo de sexualidad moralizante (cargado hacia el extremo de la castidad del continuum), lleno de tabúes e insatisfacciones y cuya sexualidad se vive con ansiedad, temor e inseguridad. El contínuum lujuria-castidad del que me valgo aquí para explicar el origen de nuestra diversidad de pensamientos sobre la sexualidad, permite construir modelos sexuales distintos según los rasgos seleccionados; en este caso, solo destacaré aquí, el modelo que integra a quienes han recibido una educación sexual científica, han superado sus dudas e inseguridades y disfrutan su sexualidad de manera satisfactoria con su pareja bajo un régimen de respeto, atención y complicidad íntima mutua que les permite explorar libremente su universo erótico (este modelo se ubicaría en un punto intermedio del contínuum lujuria-castidad).
Y también mencionaré a quienes, por circunstancias varias, caen dentro del lado lujurioso de la sexualidad y llevan al límite sus capacidades sexuales, carecen de selectividad, buscan su propia satisfacción en cualquier circunstancia, no se responsabilizan del cuidado de su salud y no respetan los límites de las otras personas. Generalmente estos hombres y mujeres no son libertinos gozosos (que sería otro modelo), sino que utilizan la sexualidad como un escape/desahogo físico y emocional y su comportamiento no responde a una auténtica búsqueda de satisfacción.
A continuación mencionaré algunos de los rasgos sexuales más comunes entre nuestra población.
a) Vivimos en la ambivalencia de "quiero pero no debo" en temas tales como masturbación, p***o e infidelidad. El resultado es la insatisfacción y los sentimientos de culpa.
b) Reconocemos y valoramos la actividad sexual como una práctica legítima cuando busca la concepción; con ese objetivo, cualquier hombre y mujer, puede exigir su cumplimiento dentro de la pareja.
c) Solemos ser personas pudorosas al considerar que no es adecuado g***r abiertamente del placer sexual y el orgasmo, pensamos que es de mal gusto; es mejor bajarle dos rayitas.
d) Consideramos que no es correcto mostrar ni admirar el cuerpo desnudo en público aún sin ninguna motivación sexual (no tenemos la cultura del campo nudista ni la del desnudo artístico).
e) No solemos hablar de nuestra propia sexualidad, ni nos sentimos cómodos cuando se habla de s**o en público.
f) Creemos que el erotismo es una doctrina extraña.
g) Pensamos comúnmente que la educación sexual está reñida con nuestros valores y creencias religiosas.
h) Sentimos culpa de padecer una enfermedad de transmisión sexual; es frecuente no atenderla correctamente y tampoco hablar de ella con nadie.
i) Es usual referirnos de forma burlona a la actividad sexual, el tamaño de los órganos sexuales masculinos y la supuesta inconsistencia de los tejidos sexuales femeninos.
j) Utilizamos palabras muy variadas y generalmente descalificativas para referirnos a los órganos sexuales masculinos y femeninos.
k) Reducimos la interacción erótico sexual solo al momento de la penetración y nos concentramos en la satisfacción masculina más que en la femenina.
l) Somos temerosamente sensibles al fallo y la burla femenina sobre el tamaño de nuestro pene y la calidad de nuestro desempeño sexual.
m) Solemos sobrevalorar la experiencia sexual masculina (lo sé todo) al mismo tiempo que desestimamos la femenina.
n) Celamos de forma obsesiva a la pareja, con consecuencias imprevisibles.
o) Tenemos la tendencia a someter a la pareja a la condición simbólica de "hija" o¨"hijo".
p) Creemos que todos los hombres o mujeres quieren s**o todo el tiempo.
q) Es común utilizar la temática sexual para desprestigiar a una mujer (fácil/puta) o a un hombre (acosador/abusivo).
r) Dudamos de la propia virilidad y de la posibilidad de satisfacer a la mujer.
s) Dudamos de ser suficientemente atractivas para nuestra pareja.
NOTA: agrega aquellos rasgos que no aparecen en el listado y que consideras que son típicos de nuestra forma sexual de ser. Si me los envías por este medio, te lo agradeceré.