10/02/2026
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Hoy una chica parecía que intentaba cruzar una avenida, no era así, los videos nos dieron la realidad.
Una mente rota pidiendo ayuda en un país que no sabe o no quiere escuchar.
Vivimos en una sociedad donde la salud mental sigue siendo invisible hasta que ocurre una tragedia. Donde no existen instituciones reales para ingresar a una persona en crisis. Donde en hospitales públicos una cita puede tardar cuatro o cinco meses, como si el dolor psicológico supiera esperar. Donde todavía se repite el discurso cruel de “échale ganas”, “no pasa nada”, “eso se quita solo”, como si un trastorno desapareciera por arte de magia.
Tener un trastorno mental no es una elección.
Es vivir con ruido constante en la cabeza.
Es levantarte cada día cargando algo que los demás no ven.
Es pedir ayuda y encontrarte con puertas cerradas, con listas de espera, con indiferencia.
Y hoy, ese abandono se cruzó en una avenida.
¿Y la conductora?
¿Qué habrá sentido al ver su vida partirse en segundos?
El miedo. La culpa. La imagen que no se va.
Porque en estos casos no hay villanos, solo víctimas de un sistema que llega tarde.
Hoy la vida de dos personas cambió para siempre, y ninguna de ellas tenía la culpa.
Y entonces la pregunta incómoda es para todos nosotros:
Si hubieras sido tú, ¿habrías volteado a ver la salud mental?
¿Habrías entendido que esto no es exageración, ni moda, ni debilidad?
¿Que atender la mente también salva vidas?
Ojalá no tengamos que seguir esperando accidentes para recordar que la salud mental importa.
Importa antes. Importa siempre.
Porque ignorarla no la hace desaparecer… solo la empuja, tarde o temprano, a cruzar una avenida.
Créditos Karla Pedraza
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