Psicóloga Martha Sánchez Contreras

Psicóloga Martha Sánchez Contreras especialista en terapia corporal y energetica, acompaño a Mujeres y niñ@s en restablecimiento de su autoestima,a descubrir y sanar los procesos internos

Psicoterapia infantil
23/04/2026

Psicoterapia infantil

23/04/2026

Hay un niño en el aula que no encaja. No es violento necesariamente, ni especialmente difícil en el sentido técnico. Simplemente parece estar en otro sitio. Como si respondiera a un campo que los demás no pueden ver.

Lo que ocurre en ese niño tiene nombre fisiológico antes de tener nombre clínico. Lewis, Amini y Lannon, en A General Theory of Love, describen la resonancia límbica: la capacidad del cerebro de sincronizar estados afectivos profundos con otros sistemas nerviosos, de manera automática, prelingüística, por debajo del umbral de la conciencia. Los sistemas límbicos —sede de las emociones— resuenan entre sí como cuerdas del mismo instrumento. Un niño no elige con quién resuena. Su sistema nervioso lo hace antes de que haya palabras para nombrarlo.

Bert Hellinger observó el mismo fenómeno desde una perspectiva diferente y llegó a una conclusión que cambió completamente el marco de la intervención pedagógica y clínica: a veces ese niño está mirando a alguien. No a alguien presente. A alguien excluido del sistema familiar —quizás generaciones atrás— cuya ausencia no reconocida perturbó el campo de una manera que todavía resuena en el cuerpo y el comportamiento del niño que ahora está en el aula.

"Si un niño se comporta de forma distinta a la deseada, es porque mira a una persona que fue excluida de su sistema."

Y añade algo que desplaza completamente el diagnóstico: "Un niño tal lo hace por amor."

No por déficit. No por trastorno. Por amor. Su sistema límbico está resonando, de manera fiel e involuntaria, con alguien que el sistema familiar nunca pudo nombrar: un abuelo cuya muerte ocurrió en circunstancias que la familia no puede hablar, un hermano que no llegó a nacer y nunca fue llorado, alguien que cometió algo que el sistema prefirió olvidar. El niño no sabe nada de eso con la mente. Pero su sistema nervioso está en el campo, y el campo porta esa memoria.

La resonancia límbica explica por qué esto no requiere información consciente para transmitirse. Los sistemas nerviosos de padres, abuelos e hijos están en sintonía constante, intercambiando señales no verbales que organizan estados emocionales, respuestas automáticas, incluso patrones de identidad. Lo que el adulto no puede llorar, el niño lo porta en el cuerpo. Lo que el sistema no puede nombrar, el niño lo representa en conducta. No porque alguien se lo haya pedido. Porque la resonancia límbica intergeneracional no necesita palabras para operar.

Hellinger propone un cambio de mirada que la pedagogía sistémica ha desarrollado en las décadas siguientes: en lugar de preguntar ¿qué le pasa a este niño?, preguntar ¿hacia dónde está mirando? En lugar de tratar la conducta como síntoma del individuo, leerla como señal del sistema. Y en lugar de trabajar solo con el niño —o solo con los padres— mirar juntos, con honestidad y con amor, hacia la figura excluida que el niño está representando sin saberlo.

"Si junto con los padres miramos y honramos a esta persona, la incluimos en la familia. Entonces, el niño puede cambiar y la familia con él."

El mecanismo no es místico. Es la resonancia límbica operando en sentido inverso: cuando el sistema familiar puede finalmente mirar a quien había excluido —nombrarlo, darle un lugar, reconocer lo que le ocurrió— la tensión que ese no-reconocimiento producía en el campo se libera. El miembro del sistema que había estado portando esa tensión puede moverse hacia el presente en lugar de quedar anclado a un pasado que no le pertenece pero que nadie más podía ver.

El maestro agotado tampoco está solo en esto. Hellinger lo señala con precisión: "Algunos maestros se vuelven depresivos si solo miran a los alumnos porque sienten que no van a llegar a nada." El agotamiento no viene solo del esfuerzo. Viene de cargar con algo que no puede ser cargado por una sola persona. El maestro que comprende las interrelaciones sistémicas —que sabe que ese niño difícil está resonando con algo que está más allá de él— puede redistribuir el peso y encontrar su propio lugar en el campo con más serenidad.

El excluido no necesita ser traído físicamente al aula. Necesita ser reconocido. Nombrado. Dado un lugar en la memoria del sistema. Y ese reconocimiento —cuando ocurre con genuinidad, sin sentimentalismo— libera al niño de una lealtad que nunca eligió y que nadie le pidió conscientemente, pero que el amor silencioso de los sistemas familiares produjo de todas maneras a través de la resonancia límbica que los une.

El niño que estaba en otro sitio puede volver. No porque se haya curado de algo. Porque ya no necesita ir a buscar a quien el sistema había olvidado.

Fuentes: Bert Hellinger, Mirar al alma de los niños. Thomas Lewis, Fari Amini y Richard Lanno.

Consteladora Sistémica 951 343 5657
❤️Centro Bert Hellinger - Trauma - Resonancia TriFocal - Constelaciones ❤️

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TU HIJO NO NACIDO ES EL PESO QUE HOY NO TE DEJA AVANZARHay pérdidas que no se cuentan. No porque no duelan, sino porque ...
31/03/2026

TU HIJO NO NACIDO ES EL PESO QUE HOY NO TE DEJA AVANZAR

Hay pérdidas que no se cuentan. No porque no duelan, sino porque no tienen "permiso" social. Se nos pide seguir adelante, racionalizar y olvidar. Pero el sistema familiar no entiende de razones, ni de juicios morales, ni de contextos económicos: el sistema solo entiende de pertenencia.

Lo que no se reconoce, se transforma en carga
Para las Constelaciones Familiares, todo aquel que fue concebido pertenece al sistema. No importa si la pérdida fue espontánea, provocada o por razones médicas; el vínculo existe. Cuando no se le da un lugar a ese hijo no nacido, la culpa aparece como un intento inconsciente de permanecer unido a lo que quedó fuera.

Esa culpa suele manifestarse como:

Una tristeza difusa que no tiene una historia clara.

Dificultad persistente para disfrutar de la vida o del éxito.

Miedo irracional a volver a abrirse emocionalmente.

Pesadez en el cuerpo o síntomas que los hijos nacidos cargan sin saberlo.

Sanar es mirar de frente
Sanar no es justificar ni condenar lo que pasó. Es reconocer que hubo una vida interrumpida y que esa presencia tiene un lugar en tu corazón. Cuando incluyes lo excluido, la culpa deja de ser necesaria porque el amor, por fin, tiene un lugar ordenado donde descansar.

FRASE SANADORA: "Te veo. Reconozco que fuiste parte de mi historia. Te doy un lugar en mi corazón, sin cargar contigo. Honro tu destino y tomo el mío".

Siempre cuesta decir no
31/03/2026

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Hay días en que el caos, la tristeza y la desesperanza lo cubren todo.Hay días en que nada parece tener sentido, porque ...
19/03/2026

Hay días en que el caos, la tristeza y la desesperanza lo cubren todo.
Hay días en que nada parece tener sentido, porque cuando el mundo interior se tambalea, hasta la vida pesa.

Fundamento ético-filosófico de mi  método terapéutico:Este método parte de una convicción ética fundamental:la persona n...
07/02/2026

Fundamento ético-filosófico de mi método terapéutico:

Este método parte de una convicción ética fundamental:la persona no es un síntoma, es una historia encarnada.por ello, la sanación no puede reducirse a la corrección de conductas ni a la supresión del malestar, sino que implica un proceso de reconocimiento, integración y dignificación de la experiencia vivida.
Desde una perspectiva filosófica, el método se sitúa en una ontología relacional: el ser humano no existe de manera aislada, sino en relación consigo mismo, con los otros y con el territorio que habita.
En este aspecto el cuerpo es entendido como lugar de memoria, donde se inscriben las experiencias personales, familiares y comunitarias. Sanar entonces; no es negar ese proceso, sino escuchar lo que el cuerpo recuerda.

En el plano ético, el método se rige por el respeto al ritmo, la agencia y la palabra del sujeto. La intervención terapéutica no impone sentidos, ni interpreta desde una posición de superioridad, sino que acompaña procesos de conciencia permitiendo que cada persona construya su propio significado y su propio camino de reconciliación.

La primera etapa, centrada en el aquí y el ahora, sostiene el principio ético de la presencia consciente: no es posible transformar lo que no se reconoce.

La segunda etapa,es corporal todo aquello que queda simpatizado en el cuerpo, se afirma que el dolor no es solo psíquico, sino encarnado, y que el cuerpo tiene un saber que merece ser escuchado sin violencia,ni forzamiento.

La tercera etapa reconoce que la sanación individual está inseparablemente ligada a la historia familiar y comunitaria, reconciliarse no es justificar el daño, sino honrar la historia sin quedar atrapados en ella.

Este método se distancia de una visión individualista de la sanación y se inscribe en una ética del cuidado, de responsabilidad. Sanar esrecomponer vínculos, devolver dignidad a la experiencia y permitir que la vida continúe con mayor conciencia y libertad.
En este sentido, la sanación no se concibe como un punto de llegada, sino como un proceso continuo de relación con uno mismo, con la memoria y con el territorio.
Un proceso donde la palabra, el cuerpo y la historia dialogan para posibilitar una transformación profunda y sostenida.

09/01/2026

Por: Martha Sanchez Contreras
Mujer Ayöök
Psicóloga

La depresión no es flojera.
No es falta de fe.
No es debilidad.
Es una herida profunda que atraviesa el cuerpo, la mente y la historia.
En nuestras comunidades muchas personas no dicen “estoy deprimida”,
dicen: estoy cansada,
me duele el cuerpo,
ya no tengo ganas,
me siento vacía.
La depresión también nace cuando se rompe la comunidad,cuando se pierde la tierra,cuando se vive con miedo,
cuando no alcanza el dinero,
cuando se cargan duelos que nunca pudieron llorarse.
No es un problema individual.
Es un problema de salud pública y de justicia social.
Sanar no es solo tomar medicamentos.
Sanar también es volver a sentirnos vistos,escuchados,acompañados,enraizados.
Porque cuando una persona se apaga,
no es porque esté rota,
es porque el mundo le ha quitado demasiada luz.
Hablemos de la depresión sin vergüenza.
Cuidarnos también es un acto de resistencia.

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01/01/2026

Que este Año Nuevo nos abrace, como enseñaba Bert Hellinger, en el profundo orden del amor que une a nuestros sistemas familiares. Que honremos a quienes vinieron antes, tomando la vida tal como fue entregada, sin juicio y con gratitud, para que la fuerza del linaje fluya libremente en nosotros. Que al ocupar nuestro lugar con humildad y respeto, encontremos paz, claridad y destino, recordando que cuando algo se ordena en el alma, la vida entera comienza a moverse a favor

08/11/2025

Así es una pareja con vínculo traumático.

Una pareja con vínculo traumático es aquella unida no tanto por el amor sano, sino por una mezcla adictiva de dolor, deseo, culpa y necesidad emocional. En este tipo de relación, ambos suelen sentirse atrapados en un ciclo que se repite: se separan, prometen no volver, pero terminan regresando una y otra vez.

A simple vista, parecen apasionados; en realidad, están atados por heridas que se activan mutuamente. El conflicto, los celos, la distancia o el abandono se vuelven la forma de mantenerse conectados, porque el sufrimiento compartido se confunde con intensidad emocional.

Cuando se separan, aparece el vacío, la ansiedad, la nostalgia; y el regreso se vive como un alivio temporal, una “recompensa” que refuerza el ciclo. En el fondo, cada uno intenta sanar, a través del otro, algo que proviene de su propia historia: carencias afectivas, abandono, rechazo, humillación o miedo a estar solo.

Este tipo de vínculo no se sostiene en el amor, sino en la repetición inconsciente del trauma: el intento de revivir lo que dolió, con la esperanza de que esta vez termine distinto… aunque casi nunca lo haga.

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