22/01/2026
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Es absolutamente lógico que una mujer se mantenga sana y fuerte y que procure alimentar su cuerpo lo que mejor que pueda. Pero no tengo más remedio que reconocer que en el interior de muchas mujeres hay una «hambrienta». Sin embargo, más que hambrientas de poseer un cierto tamaño, una cierta forma o estatura o de encajar con un determinado estereotipo, las mujeres están hambrientas de recibir una consideración básica por parte de la cultura que la rodea. La «hambrienta» del interior está deseando ser tratada con respeto, ser aceptada y, por lo menos, ser acogida sin necesidad de que encaje en un estereotipo. Si existe realmente una mujer que está «pidiendo a gritos» salir, lo que pide a gritos es que terminen las irrespetuosas proyecciones de otras personas sobre su cuerpo, su rostro o su edad...
Una mujer no puede conseguir que la cultura adquiera más conciencia diciéndole: «Cambia». Pero puede cambiar su propia actitud hacia sí misma y hacer que las proyecciones despectivas le resbalen. Eso se consigue recuperando el propio cuerpo, conservando la alegría del cuerpo natural, rechazando la conocida quimera según la cual la felicidad sólo se otorga a quienes poseen una cierta configuración o edad, actuando con decisión y de inmediato recuperando la verdadera vida y viviéndola a tope. Esta dinámica autoaceptación y autoestima son los medios con los cuales se pueden empezar a cambiar las actitudes de la cultura.
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Clarissa Pinkola Estés 🙏🧡
Mujeres que corren con los lobos
Arte: Elena Itaii Caballero