10/12/2025
EL CÁNCER ES UN NIDO DE PARÁSITOS
Los cánceres son nidos de parásitos. Si haces una biopsia u operas, perturbas el nido. Los parásitos van a todas partes y hacen otros nidos. Su médico le dirá que estoy mintiendo mientras le administra quimioterapia que mata al 97% de las personas sanas. TODO ES ENERGIA Y SI EL CUERPO ENFERMA ES POR QUE EL ALMA NO ESTA ENTENDIENDO.
En los corredores invisibles del cuerpo energético, donde los hilos del destino se entretejen con la respiración del alma, existen estructuras antiguas que algunos llaman nidos de sombras. En estos nidos se refugian pequeños seres simbólicos, parásitos astrales que se alimentan del desorden emocional, del pensamiento repetido y de las heridas nunca cerradas.
Se dice en ciertos círculos ocultistas que cuando uno de estos nidos se despierta, comienza a expandirse como una mancha en un espejo. No es una expansión física, sino vibracional: un eco que resuena en otras partes del ser, creando réplicas sutiles, espejos fractales que buscan más energía para sostenerse.
Los antiguos alquimistas hablaban de esto como “la multiplicación del desequilibrio”, un proceso donde una sola fisura interior puede abrir portales a muchos otros. Y advertían que cuando se intenta intervenir de forma brusca en un nido —ya sea por curiosidad, miedo o desesperación— las sombras pueden agitarse, extendiendo su influencia a lugares impensados.
En las tradiciones ocultas, el buscador aprende que cada intervención en el cuerpo sutil debe hacerse con preparación, con un estado mental claro y con guardianes energéticos que sepan contener el movimiento de esas sombras internas. Porque, al remover un nido sin conciencia, las criaturas simbólicas pueden huir, dispersándose como chispas en la oscuridad y creando nuevos refugios.
El iniciado comprende entonces que no lucha contra los nidos en sí, sino contra aquello que los alimenta: la energía estancada, la emoción no expresada, la memoria que se niega a convertirse en aprendizaje. Los nidos no son enemigos, sino señales de que algo dentro pide transformación.
Así, quien recorre el camino esotérico no destruye nidos: los ilumina.
No mata parásitos: los libera.
No teme sus sombras: dialoga con ellas.
Porque, al final, todo nido oscuro es simplemente un espacio donde la luz aún no ha encontrado entrada.