25/10/2025
El botón que no combinaba
Había una vez un botón rojo brillante llamado Rolo que vivía en una caja de costura. Todos los días, los botones se reunían para presumir de sus colores y formas. Estaban los botones azules del uniforme del colegio, los dorados del abrigo elegante y los pequeños blancos de las camisas ordenadas. Rolo, sin embargo, no combinaba con ninguno. Era más grande, más rojo y más alegre.
—No puedes estar con nosotros —le decían los botones dorados—. No pegas con nada.
Rolo se quedaba callado, sintiendo que nunca encontraría una prenda que lo quisiera. Pero un día llegó Sofi, una niña que adoraba coser con su abuela. Abrió la caja y vio a Rolo brillando bajo la luz del sol.
—¡Este es perfecto! —exclamó—. Lo usaré para mi abrigo favorito.
Los demás botones se quedaron sorprendidos. Sofi cosió a Rolo justo en el centro del abrigo, entre botones de distintos colores que había elegido con cariño. Había botones verdes, amarillos, azules, rosados... ninguno combinaba, pero todos juntos formaban una alegría de colores.
Cuando Sofi salió a pasear con su abrigo, todos en el parque la miraban con una sonrisa. El abrigo parecía un arcoíris en movimiento. Y Rolo, el botón que no combinaba, brillaba en el centro como un corazón rojo latiendo de felicidad.
Desde ese día, los botones de la caja entendieron que no se trataba de combinar, sino de completar. Cada uno tenía algo especial que aportar.
Rolo, orgulloso, pensó: “No necesito parecerme a los demás para pertenecer”.
Y así, el pequeño botón rojo siguió brillando, recordando a todos que ser diferente también es una forma de combinar.
👉La moraleja: Al final, Rolo aprende que ser diferente no es malo; por el contrario, su singularidad lo hace perfecto para su propósito. La historia enseña a los niños la importancia de la diversidad y de valorarse a uno mismo tal como es.